The Objective
Jorge Vilches

Derrota de los centristas

«Es bueno, legal y legítimo que el PP y Vox, que no es Bildu ni Junts o el PNV, afortunadamente, pacten en las autonomías y luego, si se da el caso, a nivel nacional»

Opinión
Derrota de los centristas

Imagen generada con inteligencia artificial.

Se equivocaron los que decían que la victoria del PP centrista (o moderado) en Andalucía haría entender a Génova que no debe someterse a Vox para ganar elecciones. La apelación al centrismo no ha sido suficiente en ningún sitio: no ocurrió en Extremadura, Aragón ni Castilla y León, y tampoco ha pasado en Andalucía. Lo ha dicho con fineza Moreno Bonilla: «No hemos sacado matrícula de honor, pero sí sobresaliente». La traducción es que se puede vencer en las urnas, como hizo Feijóo en julio de 2023, necesitar a Vox para gobernar y que no pase nada. Y es que la democracia es eso que sucede mientras algunos hacen planes sobre el papel. 

El partido de Abascal —lo crean o no los centristas— ha venido para quedarse. Es una realidad sociológica, y la política se juega ahora, no pasado mañana. Por eso es bueno, legal y legítimo que el PP y Vox —que no es Bildu ni Junts o el PNV, afortunadamente— pacten en las autonomías y luego, si se da el caso, a nivel nacional. Esos centristas doloridos deben reconocer que Vox recoge un voto de derechas que el PP no puede atraer desde el centrismo ni presentando solo una buena gestión. Es un votante que no volverá a los populares, al menos en su inmensa mayoría. Vox se ha hecho un hueco a codazos, pero también ha sido arrinconado.

La pretensión de cierta derecha afín al PP de hacer otro cordón sanitario a Vox está fuera de la realidad. Me explico, aunque lo he apuntado más arriba. Vox es un partido populista y antisistema, pero se mueve dentro de la ley y va a facilitar que el PP gobierne y que la izquierda no lo haga. Habrá quien diga que Vox es el brazo verde de Sánchez. Sin embargo, competir por el voto con el PP no es colaborar con el enemigo. Lo peor es que el aislamiento que el centrista pide para Vox obtendría el efecto contrario, es decir, su crecimiento. Los centristas lo sabrían si recordaran la historia política de la Europa de los últimos doscientos años: si el sistema se opone a los antisistema, crecen, pero si los integra, disminuyen.

Fuera de los acontecimientos y de lo aconsejable, el centrista puede considerar que su postura es ideal, ignífuga e incolora, pero con esto no se ganan elecciones ni se gobierna. A lo sumo, se obtiene el aplauso de las izquierdas, que disfrutan viendo a las derechas excluyéndose mutuamente. Esta es la clave. Algo debería chirriar entre los centristas cuando sus tesis solo gustan a los progresistas que, como siempre, apartan a Vox y repudian al PP. Si el competidor te anima a perseverar, mala señal.

«Tal y como está el electorado español, en el que hasta un 60% es de derechas según el territorio, es evidente que ganan el PP y Vox»

Los centristas no han entendido que a la política se va a gobernar, no a escribir pensamiento mágico, porque luego viene la realidad y te pone en tu sitio. Si el precio de pactar con Vox es que se movilice la izquierda, que lo haga. Tal y como está el electorado español, en el que hasta un 60% es de derechas según el territorio, es evidente que ganan el PP y Vox. Es cierto que el pacto entre estos dos puede desplazar el voto nacionalista de izquierdas en Cataluña y País Vasco al PSOE de Sánchez para tener un defensor en «Madrid». No obstante, que haya sido así en las elecciones de 2023 no significa que vaya a serlo en 2027 ni que sea decisivo.

Por lo demás, la misma acción de los gobiernos de coalición entre PP y Vox puede desmontar el miedo a la gestión de las derechas. Recordemos que Pablo Iglesias llamó a la «alerta antifascista» en 2018 ante el Palacio de San Telmo, pero sigue gobernando la derecha en Andalucía ocho años después. El sur de España no se ha convertido en un cantón fascista, sino en una región próspera y tranquila con problemas normales. La realidad ha desmontado miedos y desautorizado cualquier cordón sanitario. De hecho, ha quedado demostrado que lo carismático es gobernar, no estar en la oposición.

De esta manera, si PP y Vox pactan como están haciendo según la fuerza de cada uno, la influencia será mutua. Los populares recogerán propuestas de Vox, y este moderará las suyas. ¿No es esto democrático? ¿No tiende esto al bien común? Quizá esos gobiernos de coalición normalicen la idea de que este país es plural y tiene derecho a ser de derechas. Es posible, en definitiva, que tengamos una buena oportunidad para rebajar esa tensión implantada en nuestro país por el sanchismo, de la que algunos de la derecha se hacen eco.

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