Patricia Ramírez, psicóloga: «Tu cerebro siempre va a buscar el placer inmediato, pero para lograr tus objetivos tienes que usar la terapia del 'jódete'»
El cambio no depende de esperar el momento perfecto, sino de sostener la acción incluso cuando no quieres

Patricia Ramírez | Instagram
Patricia Ramírez ha vuelto a situar el foco en uno de los dilemas más habituales del comportamiento humano, la tensión entre lo que apetece en el momento y lo que conviene a largo plazo. En una entrevista en el pódcast Tiene Sentido, la psicóloga explica cómo el cerebro está diseñado para buscar recompensas rápidas, un mecanismo que condiciona buena parte de nuestras decisiones diarias.
El cerebro y la dificultad del cambio
Según su análisis, el cerebro prioriza el placer inmediato como una estrategia de ahorro energético. Este sistema de recompensa ha sido clave en la evolución humana, pero en la actualidad genera fricciones cuando se trata de objetivos que requieren esfuerzo sostenido. La mayoría de metas personales, desde mejorar la salud hasta cambiar hábitos, no ofrecen gratificación instantánea, lo que provoca que muchas personas abandonen en las primeras fases del proceso.
Ramírez subraya en su intervención en Tiene Sentido que esta dinámica explica por qué la motivación inicial suele desvanecerse con rapidez. Cuando aparece la incomodidad, el cerebro empuja hacia alternativas más fáciles, aunque no sean las más beneficiosas a largo plazo.
El ejemplo de dejar de fumar
En la entrevista, la psicóloga recurre a un ejemplo especialmente ilustrativo, el abandono del tabaco. Señala que el proceso rara vez es lineal y que la media de intentos para dejar de fumar se sitúa en torno a varios intentos antes de lograrlo de manera estable. Este dato, ampliamente respaldado por estudios en salud pública, refleja que el cambio de hábitos profundos suele implicar recaídas y ajustes constantes.

También apunta que existe un pequeño porcentaje de la población, alrededor del 9%, que consigue alcanzar sus objetivos de forma más eficaz. En estos casos, explica, no se trata de ausencia de dificultad, sino de una mayor capacidad para persistir, analizar errores previos y ajustar estrategias.
La llamada terapia del jódete: disciplina frente a motivación
Uno de los conceptos más comentados de su intervención es lo que denomina terapia del «jódete». Lejos de interpretarse como una postura negativa, Ramírez lo plantea como una herramienta de acción. Se trata de la capacidad de hacer lo necesario incluso cuando no existe motivación en ese momento.
La idea central es que esperar a tener ganas puede convertirse en un freno permanente. En lugar de ello, propone aceptar que habrá momentos de incomodidad y que avanzar implica, en ocasiones, actuar en contra del impulso inmediato del cerebro. Este enfoque busca romper la dependencia exclusiva de la motivación emocional para sostener el cambio.
En su reflexión, la psicóloga insiste en que la clave no está en sentir motivación constante, sino en desarrollar disciplina, responsabilidad y un propósito sólido. Y es que estos elementos funcionan como estructuras estables que sostienen la conducta cuando la motivación fluctúa.
Ramírez también señala que las personas que logran sus objetivos suelen haber entrenado estas habilidades a lo largo del tiempo. No se trata de una cualidad innata, sino de un proceso de aprendizaje en el que el fracaso se convierte en información útil para ajustar el camino.
