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Gertrudis, cuando se investigaba al PP: «Nos alegramos de que la Justicia esté actuando»

La secretaria de Zapatero, hoy imputada en el 'caso Plus Ultra', lideraba en 2017 la ofensiva moral contra el PP madrileño

Gertrudis, cuando se investigaba al PP: «Nos alegramos de que la Justicia esté actuando»

Gertrudis Alcázar y Zapatero. | Ilustración de Alejandra Svriz

La hemeroteca es el peor enemigo de la complacencia socialista. En pleno estallido de la Operación Lezo, en abril de 2017, Gertrudis Alcázar —conocida en los círculos orgánicos del PSOE como Gertru— utilizaba sus redes sociales para pontificar sobre la decencia pública. «Debemos alegrarnos de que la Justicia esté actuando finalmente sobre este entramado de corrupción que ha recorrido nuestra comunidad autónoma durante demasiados años», escribía entonces con vehemencia la mujer que, lejos de la primera línea mediática, custodiaba los secretos más íntimos y los movimientos más delicados del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Hoy, las vueltas del destino y el implacable avance de las investigaciones judiciales en la Audiencia Nacional han colocado a la «fiel guardiana» de Zapatero ante el mismo espejo que ella utilizaba para juzgar al Partido Popular. Aquella militante del PSOE de Madrid que exigía contundencia a los tribunales se encuentra ahora formalmente imputada por el juez José Luis Calama por su presunta implicación en el marco de la macrocausa del caso Plus Ultra. La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional sitúa a Alcázar en un papel nuclear dentro de la trama: la encargada de la gestión diaria y la coordinación de la cobertura formal de la documentación que sustentaba a la presunta red organizada liderada estratégicamente por su jefe.

Publicación de Gertru sobre la corrupción del PP.

El pasado moralista de la secretaria de confianza

Era el 21 de abril de 2017 cuando Gertrudis Alcázar decidió plasmar en un extenso manifiesto su particular visión sobre la política madrileña. En aquellos días de convulsión por los registros policiales que cercaban al entorno de Esperanza Aguirre e Ignacio González, Alcázar presumía de la infalibilidad de sus siglas. Sostenía que «la historia de la corrupción del PP en Madrid es la historia de la denuncia de los socialistas madrileños», insistiendo en que, independientemente de las marcas locales como la FSM, el PSM o el PSOE-M, su organización llevaba «denunciando la corrupción del PP en Madrid desde hace muchos años».

Alcázar no dudaba en cargar contra las mayorías parlamentarias del centroderecha, lamentando que «con un PP con mayoría absoluta en la Asamblea de Madrid fue imposible ninguna comisión de investigación» y que «demasiados miraban hacia otro lado ante las denuncias públicas». Y concluía con un rotundo llamamiento a la celebración judicial: «Nos hubiera alegrado más poder evitar [la corrupción], detenerla con las denuncias iniciales, pero deberíamos también reivindicar el trabajo que como socialistas hemos realizado».

Publicación de Gertru sobre la corrupción del PP.

De los mensajes en redes a los autos judiciales

Nueve años después de aquellas lecciones de ética, la realidad penal se ha vuelto tozuda. Las pesquisas de la UDEF y los dispositivos incautados a la propia Gertrudis Alcázar han arrojado una luz cegadora sobre lo que ocurría tras la consultoría privada del expresidente. Según el sumario, Alcázar era el enlace operativo que conectaba a Rodríguez Zapatero —identificado en los chats internos bajo elocuentes seudónimos como «Jefe»— con empresarios clave de la red, como Julito Martínez, el presunto testaferro del exlíder del PSOE.

El contraste de sus palabras de 2017 con las actas policiales actuales es demoledor. Mientras en el pasado Alcázar criticaba que se tapasen presuntos desvíos en el Canal de Isabel II, los investigadores han descubierto recientemente que los contratos millonarios bajo sospecha en el caso Plus Ultra sufrieron borrados deliberados en los dispositivos que ella misma custodiaba. La UDEF ya ha notificado al magistrado instructor que el rastro de transferencias y facturaciones cruzadas entre sociedades vinculadas al entorno de Zapatero —en las que también figuran imputadas las propias hijas del expresidente— dibuja una operativa clásica de blanqueo y opacidad.

El caso de Gertrudis Alcázar es paradigmático: quien en su día lamentaba que el PP utilizara su poder para obstaculizar la acción de la justicia, custodió antes en vivienda particular archivos del expresidente. Tal y como adelantó en exclusiva este periódico, el verdadero centro operativo de los secretos de Zapatero no tiene carteles institucionales. Se encuentra bajo la estricta custodia de su empleada más leal, discreta e incombustible: Gertrudis Alcázar. Durante los últimos 15 años, esta mujer de la absoluta confianza del exlíder del PSOE ha convertido su domicilio particular, un discreto piso ubicado en el distrito madrileño de Ciudad Lineal, en un auténtico búnker improvisado al que fueron a parar cajas de cartón repletas de material confidencial. La Justicia, esa de la que la secretaria de Zapatero pedía «alegrarse» cuando golpeaba al adversario político, actúa hoy con la misma independencia, pero apuntando directamente al corazón de la estructura societaria del socialismo de la última década.

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