Venezuela, conmocionada, cuenta las horas para encontrar con vida a los desaparecidos
Hasta la tarde del jueves iban contabilizados 188 muertos, pero se estima que la cifra puede ser mucho mayor

Personal de Protección Civil ante un edificio derrumbado en Caracas (Venezuela). | Leonardo Fernandez Viloria (Reuters)
Los cerca de 28 millones de venezolanos que quedan dentro de su país tratan de reponerse de la conmoción tras los dos fuertes terremotos que sacudieron las principales ciudades, mientras todos intentan medir el tamaño del peor desastre natural desde 1999.
En las últimas horas se suceden réplicas, con temblores de mucha menos magnitud, pero suficientes para recordar a las personas los eternos segundos de angustia vividos a eso de las 6:04 de la tarde, cuando dos terremotos, uno de 7,2 y otro de 7,5 en la escala de Richter se juntaron para traer muerte y destrucción.
Casi 24 horas después de los seísmos, todavía algunas familias permanecen en las aceras de las ciudades, o a bordo de sus vehículos estacionados en las calles, por temor a que vuelva a temblar y ocurran derrumbes que aplasten coches y personas, como sucedió este miércoles en algunos lugares.
No sin cierto morbo, algunas fuentes aventuran posibles números astronómicos de víctimas fatales y heridos. Pero todavía es temprano para eso. Las autoridades centran su labor en buscar supervivientes bajo los escombros, no en recuperar cadáveres. Caracas no está devastada y los daños están bien localizados.
Miles de personas hacían esfuerzos por enderezar sus vidas. Frente a algunos comercios había filas para entrar a comprar alimentos. También hacían cola decenas de automovilistas para repostar gasolina.
El mundo ayuda a Venezuela
Varios países, entre ellos España, Colombia, México y República Dominicana, envían al país brigadas de rescatistas militares y especialistas en operaciones en espacios confinados y zonas de desastre. La ayuda también se ofrece en dinero, como los 150 millones de dólares anunciados por el gobierno de Estados Unidos, principal aliado del régimen chavista de Delcy Rodríguez, o los 100.000 dólares enviados por el papa León XIV.
Mientras, colegios y escuelas del país son usados como centros de acopio de alimentos, agua, ropa, artículos de higiene y enseres para los miles de damnificados que perdieron todo lo que tenían. La tierra se estremeció con saña en el peor terremoto en 126 años, comparable —según expertos— a uno de 1812, cuando esto por aquí todavía pertenecía al reino de España.
Pero la ayuda llega a cuentagotas al estado costero de La Guaira, a unos 40 kilómetros de Caracas, donde el aeropuerto internacional de Maiquetía, el principal del país, ha sido cerrado por daños estructurales incluso en las pistas, según informes oficiales.
Casi todas las aerolíneas han suspendido vuelos a Venezuela a la espera de que pase lo peor de la emergencia. Hasta la tarde del jueves iban contabilizados 188 muertos y 1.550 heridos, según el gobierno de Delcy Rodríguez. Se teme que la cifra suba porque en La Guaira «decenas de edificios colapsaron», según dijo en la víspera la presidenta interina.
En Caracas, el mayor número de víctimas se localiza en seis edificios que colapsaron por completo en los barrios de Altamira, Los Palos Grandes y San Bernardino, donde rescatistas usaban hoy grúas y maquinaria pesada para mover placas de concreto de lo que alguna vez fueron pisos y techos.
Todos esperan por milagros, como el que permitió el mismo miércoles, a las 8 de la noche, rescatar con vida a la adolescente Bárbara Morillo, estudiante del colegio María Auxiliadora, también en Altamira. Su papá y su mamá murieron, pero su hermano Alejandro también fue rescatado con vida horas después que ella.
Bárbara contó a sus compañeros que ella, su hermano y sus padres, Pedro Morillo y Geiza Carreño, se abrazaron en pánico cuando comenzó a estremecerse su apartamento en el edificio Obelisco de Altamira. «Cuando despertó estaba en los escombros», dice Carlos E., otro estudiante de cuarto año, que acaba de visitar a Bárbara en la clínica El Ávila, cuyo edificio también tiene grietas.
«Se siente como un duelo familiar», dice Carlos sobre la situación de su compañera de clases. En el municipio de Chacao, el más afectado fuera de La Guaira, los bomberos supervisaban los daños estructurales visibles en edificios residenciales y en conocidas torres comerciales y de oficinas, como el Centro Plaza, el hotel América y el Altamira Suites.
Varias familias, con la angustia y la incredulidad por sus vidas trastocadas, miraban desde las calles los edificios agrietados, con los revoques desconchados. Esperaban autorización para entrar a sus hogares y recuperar al menos pertenencias y documentos. Mientras, en redes sociales se había viralizado un movimiento para buscar desaparecidos. Varias cuentas difundían fotos, carteles e historias de personas que se presume estaban en edificios que colapsaron con los terremotos.
«El edificio se cayó, ando en la calle. No sé cómo estoy vivo, me tuve que lanzar por la ventana», le cuenta en un audio por WhatsApp a sus amigos Ángel Ramírez, desde Tanaguarenas, en el oeste de La Guaira. «Hay muchos muertos, pero muchos muertos», dice en medio del estupor y la incredulidad.
El experto en temas sísmicos y exfuncionario del gobierno Francisco Garcés dijo al canal oficial de noticias VTV que el evento sísmico, con dos terremotos seguidos, que estremeció a Venezuela es «extraordinario dentro de la ocurrencia de sismos en el planeta» y liberó 32 veces más energía que el terremoto de Caracas de 1967, el peor en la historia moderna del país hasta este 24 de junio.
La Guaira, antes llamada Vargas, es el mismo estado donde en 1999 ocurrió la peor tragedia de origen natural de Venezuela, cuando deslaves de montañas dejaron al menos 10.000 muertos. Ahora toda la zona ha sido declarada zona de desastre por el gobierno interino, mientras cada hora van surgiendo noticias de duelo, de esperanza o de frustración.
