La psicología sugiere que las personas que lo pasan mal con el calor (se marean, sienten que su cerebro 'se apaga' o se quedan sin energía) pueden tener este trastorno
Sentirse «como borracho», quedarse sin fuerzas o notar que el cerebro se apaga con el calor puede tener una explicación científica

No pasarlo bien con el calor puede esconder algo grave | Freepik
Mientras unos se limitan a buscar la sombra o a encender el aire acondicionado, otros sienten que el calor les deja literalmente fuera de combate. Les cuesta levantarse de la cama sin marearse, notan que el corazón se acelera sin razón aparente y tienen la sensación de que pensar, concentrarse o mantener una conversación requiere un esfuerzo enorme.
No es una exageración. En algunos casos, detrás de esa sensación de «bajón» se encuentra la disautonomía, un conjunto de trastornos que afectan al sistema nervioso autónomo, el encargado de regular funciones tan esenciales como la presión arterial, el ritmo cardíaco, la sudoración o la temperatura corporal.
El calor obliga al cuerpo a librar una batalla interna
Cuando sube la temperatura, el organismo activa su sistema de refrigeración. Los vasos sanguíneos se dilatan para enviar más sangre hacia la piel y facilitar la pérdida de calor. Y todo ello tiene un coste. Si una parte importante del volumen sanguíneo se desplaza hacia la superficie corporal, mantener un flujo adecuado hacia el cerebro se vuelve más difícil. El resultado puede ser una combinación de mareos, debilidad, visión borrosa, taquicardia y una fuerte sensación de agotamiento.
La ciencia lo ha demostrado. Una revisión publicada en Autonomic Neuroscience concluyó que el estrés térmico «reduce de forma profunda y uniforme la tolerancia ortostática», es decir, la capacidad del organismo para mantenerse erguido sin sufrir mareos o desmayos. Otro estudio publicado en 2022 observó que incluso una ola de calor simulada de apenas tres grados es suficiente para aumentar el estrés cardiovascular y alterar las respuestas del organismo al permanecer de pie.

Craig Crandall, profesor de Medicina Interna y director del Human Environmental Physiology Laboratory de la Universidad de Texas, lo resume de forma clara: «Es difícil pensar en un órgano que no se vea afectado por el calor». Y añade que «la humedad puede empeorar la situación».
Cuando el cerebro parece apagarse
Ante el calor, muchas personas describen una sensación que les cuesta explicar. Dicen sentirse como «borrachas», desconectadas o incapaces de pensar con claridad. Es lo que los psicólogos llaman brain fog o «niebla cerebral».
La explicación parece estar en una combinación de factores: menor flujo sanguíneo cerebral, agotamiento físico y un enorme esfuerzo del organismo por mantener la presión arterial mientras trata de disipar el calor. Al respecto, un estudio de la Universidad de Texas demostró que el estrés térmico reduce el flujo sanguíneo cerebral y empeora la tolerancia ortostática.
El trastorno que puede estar detrás: POTS
Uno de los trastornos más conocidos relacionados con estas alteraciones es el Síndrome de Taquicardia Ortostática Postural (POTS). Quienes lo sufren, padecen mareos, palpitaciones, visión borrosa, fatiga extrema, desmayos y problemas cognitivos con el calor. Se trata de una forma de disautonomía que afecta al sistema nervioso, ya que las altas temperaturas hacen que los vasos sanguíneos se dilaten, lo que puede aumentar la frecuencia cardíaca y empeorar otros síntomas del POTS.

«Me siento como si estuviera borracho» es una de las frases más repetidas por los pacientes. Esta sensación de irrealidad, lentitud mental o desconexión tiene una base fisiológica: una revisión reciente sobre POTS publicada en Physiological Reviews concluyó que las alteraciones del flujo sanguíneo cerebral y del sistema nervioso autónomo pueden explicar muchos de los síntomas cognitivos que experimentan los pacientes, quienes sufren efectos secundarios. El doctor Tae Chung, uno de los mayores especialistas mundiales en medicina autonómica, lo resume así: «El POTS afecta a todas las dimensiones de la vida de una persona: en casa, en el trabajo y en la comunidad».
Otros trastornos relacionados con la poca tolerancia al calor: hipermovilidad, autismo o TDAH
Además, en los últimos años los investigadores han observado que muchas personas con POTS comparten una característica aparentemente ajena al sistema nervioso: una flexibilidad excesiva de las articulaciones. Esa hipermovilidad, que en algunos casos forma parte del síndrome de Ehlers-Danlos hipermóvil, aparece con una frecuencia sorprendentemente alta entre las personas con disautonomía, hasta el punto de que algunos especialistas consideran que ambas condiciones forman parte de un mismo entramado biológico.
Asimismo, también hay investigaciones recientes que han empezado a detectar un patrón llamativo: que algunas personas autistas y/o con TDAH parecen tolerar peor el calor, pues presentan, con más frecuencia, síntomas relacionados con el sistema nervioso autónomo, el encargado de regular funciones involuntarias como la presión arterial, el ritmo cardíaco, la sudoración o la digestión. Mareos al levantarse, intolerancia al calor, palpitaciones o problemas gastrointestinales son algunas de las manifestaciones descritas.
Una revisión publicada por Andrew P. Owens, Christopher J. Mathias y Valeria Iodice concluyó que las alteraciones neurocardiovasculares parecen estar sobrerrepresentadas en esta población. Asimismo, una investigación ha hallado que las personas neurodivergentes, como las que padecen TDAH, soportan peor el calor: «En adultos neurodivergentes existe una fuerte relación entre la hipermovilidad, la disautonomía y el dolor», afirman los autores del estudio. Sin embargo, otros muchos expertos piden prudencia y recuerdan que no todas las personas autistas o neurodivergentes presentan disautonomía y que la relación todavía necesita más estudios.
Si estos días notas que te mareas al levantarte, que tu corazón se acelera sin una explicación evidente o que el calor parece dejarte sin energía para pensar, es importante recordar que estos síntomas pueden tener una base fisiológica. Tu cuerpo podría estar librando una batalla silenciosa entre mantener el flujo de sangre al cerebro y disipar el calor hacia la piel. Aunque no siempre es síntoma de nada grave, en ocasiones detrás del hecho de «llevar mal el calor» puede haber un sistema nervioso autónomo pidiendo ayuda.
