The Objective
Lifestyle

Ana Asensio, psicóloga: «Si quieres que tu cerebro mantenga su equilibrio emocional, por cada pensamiento negativo de 24 horas incorpora tres positivos»

Nuestro diálogo interno influye no solo en cómo nos sentimos, sino también en cómo actuamos y decidimos

Ana Asensio, psicóloga: «Si quieres que tu cerebro mantenga su equilibrio emocional, por cada pensamiento negativo de 24 horas incorpora tres positivos»

Ana Asensio | Instagram

Las palabras que utilizamos, los pensamientos que repetimos y la forma en la que interpretamos lo que nos ocurre tienen un impacto mucho mayor de lo que solemos imaginar. La psicóloga Ana Asensio lo resume con una reflexión tan sencilla como reveladora: «Si quieres que tu cerebro mantenga su equilibrio emocional, por cada pensamiento negativo de 24 horas incorpora tres positivos».

La experta compartió esta idea durante una entrevista en Tiene Sentido Pódcast, donde explicó cómo los pensamientos dejan una huella temporal en nuestro cerebro. Según detalló, cuando una persona se instala en la queja sostenida o en pensamientos negativos recurrentes, estos permanecen activos durante aproximadamente 24 horas. En cambio, los pensamientos positivos tienen una duración mucho más limitada, alrededor de ocho horas.

Por qué los pensamientos negativos permanecen más tiempo

Esta diferencia temporal tiene consecuencias directas sobre el bienestar emocional. «Si quieres estar justo en equilibrio, por cada pensamiento negativo que tengas tienes que implementar tres positivos», explicó Asensio. De lo contrario, el cerebro acumula una mayor carga de negatividad que termina afectando a la forma en que nos sentimos y actuamos.

La psicóloga insiste en que el cerebro no funciona de manera aislada. Todo lo que pensamos genera una respuesta emocional y esa respuesta tiene un reflejo físico en el organismo. «Tu cerebro está conectado con todo tu cuerpo a través del sistema nervioso. Lo que piensas va a tus emociones, lo que va a tus emociones va a tus órganos y lo que pasa en tu cuerpo va a tus acciones», señaló.

La conexión entre mente, emociones y cuerpo

Desde esta perspectiva, la salud mental y la salud física están estrechamente relacionadas. Los pensamientos negativos constantes pueden aumentar el estrés, favorecer estados de ansiedad y afectar al bienestar general. Del mismo modo, cultivar pensamientos más constructivos puede contribuir a generar una respuesta emocional más equilibrada.

Asensio va un paso más allá al afirmar que, en cierta medida, construimos nuestra realidad a través del lenguaje. «Al final estoy fabricando mi vida con mi vocabulario, con mis pensamientos y con mi lenguaje», explicó. Una afirmación que pone el foco en la importancia de prestar atención al diálogo interno, esa conversación permanente que mantenemos con nosotros mismos y que influye en nuestra percepción de los acontecimientos.

El poder del lenguaje en el bienestar emocional

Las palabras que utilizamos para describir lo que nos sucede no son neutrales. Según la especialista, el modo en que interpretamos los hechos puede influir en nuestras emociones y en nuestra manera de reaccionar ante ellos. Por eso, aprender a identificar pensamientos excesivamente negativos y sustituirlos por otros más realistas y constructivos puede convertirse en una herramienta valiosa para proteger la salud emocional. No se trata de ignorar los problemas ni de forzar una visión optimista de cualquier situación, sino de evitar que la negatividad monopolice nuestra atención.

En esta misma línea, la psicóloga Marian Rojas-Estapé insiste en la importancia del diálogo interno como eje de la experiencia emocional. Según plantea, la forma en que nos hablamos a nosotros mismos condiciona no solo cómo nos sentimos, sino también cómo somos capaces de afrontar lo que nos ocurre. Si ese discurso interno se instala en la negatividad, la percepción de las dificultades se intensifica y la capacidad de gestión emocional se debilita. Por el contrario, cultivar un lenguaje interno más consciente y equilibrado ayuda a modular la respuesta ante el estrés y las adversidades.

Desde esta perspectiva, el optimismo no se presenta como una actitud ingenua, sino como una habilidad que puede entrenarse. La neuroplasticidad del cerebro permite precisamente esa transformación: la posibilidad de reforzar circuitos mentales más adaptativos a través de la repetición de pensamientos más constructivos y de una mayor conciencia emocional.

Ser positivo no significa negar el dolor

La especialista advierte de que esta visión no debe confundirse con el llamado positivismo tóxico, es decir, la tendencia a negar o minimizar emociones difíciles bajo la obligación de mostrarse siempre optimista. Para Asensio, ser positivo no significa ignorar el dolor ni actuar como si los problemas no existieran.

El poder del diálogo interno en el bienestar emocional

De hecho, utilizó un ejemplo muy claro para explicar esta diferencia. Ante la enfermedad de un ser querido, una actitud positiva no consistiría en restar importancia a la situación o fingir que nada ocurre. Todo lo contrario. «Mi padre está enfermo, me duele, necesito llorar, necesito buscar a alguien para apoyarme, necesito saber qué tratamiento va a tener y necesito cuidarme un poco más porque vienen tiempos difíciles», ejemplificó. Esta forma de afrontar las circunstancias permite reconocer la realidad, aceptar las emociones asociadas y, al mismo tiempo, adoptar una actitud activa para gestionar la situación.

Cómo compensar el impacto de la negatividad

La propuesta de Ana Asensio invita a reflexionar sobre un aspecto cotidiano que a menudo pasa desapercibido: el peso que tienen nuestros pensamientos en el bienestar emocional. Incorporar más experiencias agradables, practicar la gratitud, reconocer los pequeños logros diarios o rodearse de mensajes constructivos son algunas estrategias que pueden ayudar a compensar el impacto de la negatividad. Porque, como recuerda la psicóloga, aquello que pensamos no solo influye en nuestro estado de ánimo. También condiciona nuestras emociones, nuestras decisiones y, en última instancia, la manera en que vivimos cada día.

Publicidad