Pitágoras, filósofo, sobre cómo ser felices: «Acepta el destino con paciencia y no te quejes, pero sí busca remediarlo en lo que puedas»
Más de 2.000 años después, la ciencia comprueba lo mismo: que hay actuar sólo sobre lo que podemos cambiar

La visión del destino y la felicidad de Pitágoras
El nombre de Pitágoras (c. 570–495 a. C.) está unido, irremediablemente, a las matemáticas y al famoso teorema que lleva su nombre. Sin embargo, fue mucho más que un científico: ha pasado a la historia, además, como filósofo, reformador religioso y fundador de una de las escuelas de pensamiento más influyentes de la Antigüedad: el pitagorismo.
Los pitagóricos entendían la filosofía como una forma de vida. No se trataba únicamente de reflexionar sobre cuestiones abstractas, sino de aprender a vivir de manera virtuosa, equilibrada y armoniosa. La búsqueda de la felicidad, por tanto, estaba estrechamente vinculada al cultivo del carácter, a la moderación y a la capacidad para mantener la serenidad frente a las dificultades.
Dentro de la tradición pitagórica destacan los llamados Versos de Oro, una colección de máximas morales compuestas varios siglos después de la muerte de Pitágoras, pero inspiradas en sus enseñanzas. Aunque Pitágoras no dejó nada escrito, los especialistas consideran que estos textos reflejan con fidelidad el ideal ético pitagórico.
La inevitable presencia del sufrimiento
Entre las enseñanzas más importantes de los Versos de Oro destaca la que aborda cómo afrontar la adversidad. Pitágoras afirmaba que la vida está repleta de experiencias que escapan a nuestro control, como enfermedades, muertes de seres queridos, crisis económicas, fracasos profesionales o cambios inesperados. Lo que está en nuestra mano es cómo responder ante todo ello.
«De los sufrimientos que caen sobre los mortales por el destino divino, acepta tu parte con paciencia y no te quejes; pero busca remediarlo en lo que puedas», leemos en el mencionado texto. Como vemos, Pitágoras, por un lado, invita a aceptar aquellas circunstancias que no pueden modificarse; pero, por otro, anima a actuar en todo aquello que sí podemos cambiar.
De los sufrimientos que caen sobre los mortales por el destino divino, acepta tu parte con paciencia y no te quejes; pero busca remediarlo en lo que puedas
Esta cita es, a su vez, una llamada a desarrollar nuestro discernimiento, esto es, a aprender a distinguir entre aquello que debemos aceptar y aquello que podemos transformar. El filósofo no hablaba de resignarse, sino de aceptar y reconocer la realidad tal como es, para sí poder responder a ella de la manera más eficaz posible.

Cuando una persona niega continuamente una situación inevitable, gran parte de su energía queda atrapada en una lucha sin sentido contra hechos que no puede modificar. La aceptación libera recursos internos que pueden ‘gastarse’ hacia decisiones o actuaciones más constructivas. Desde esta perspectiva, la enseñanza pitagórica es clara: debemos dejar de quejarnos de aquello que no podemos cambiar, pero eso no significa renunciar a mejorar la propia vida, sino evitar el desgaste emocional innecesario.
Una idea que anticipó al estoicismo
Varios siglos después, filósofos estoicos como Epicteto desarrollarían principios extraordinariamente similares. En el Enquiridión, afirmó: «De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no dependen de nosotros». Nuestra tranquilidad depende, en gran medida, de centrar nuestros esfuerzos en aquello que está bajo nuestro control —nuestras decisiones, actitudes y acciones— y aceptar con serenidad lo que escapa a nuestra influencia.
Marco Aurelio expresó una idea parecida en sus Meditaciones al insistir en que los acontecimientos externos no poseen poder sobre nuestra mente, salvo el que nosotros mismos les concedemos.
Lo que confirma la psicología contemporánea
Todas estas afirmaciones filosóficas de hace miles de años han encontrado respaldo en numerosas investigaciones psicológicas de las últimas décadas. Uno de los conceptos más relevantes al respecto es el de flexibilidad psicológica, entendido como la capacidad para adaptarse a circunstancias cambiantes, aceptar experiencias internas desagradables y continuar actuando en función de los propios valores.
En un influyente artículo publicado en la revista Clinical Psychology Review, los investigadores Todd B. Kashdan y Jonathan Rottenberg sostuvieron que la flexibilidad psicológica constituye «un aspecto fundamental de la salud». Los autores concluyeron que esta capacidad está asociada a una mejor regulación emocional, una mayor adaptación ante el estrés y menores niveles de ansiedad y depresión. En otras palabras: las personas más capaces de aceptar emociones difíciles y no quedar paralizadas por ellas tienden a experimentar mayor bienestar psicológico y felicidad.

Otra investigación, publicada en Journal of Contextual Behavioral Science, halló que la flexibilidad psicológica puede predecir favorablemente la evolución de la salud mental a lo largo del tiempo, incluso en situaciones de mucho estrés. Los autores observaron que las personas con mayores niveles de flexibilidad tendían a presentar menos síntomas de ansiedad y depresión y una mejor capacidad de adaptación ante circunstancias adversas.
La ciencia también ha puesto de manifiesto que esta capacidad resulta relevante en distintos ámbitos de la vida. Investigaciones desarrolladas en el contexto laboral, lideradas por el doctor en Psicología Frank Bond, han demostrado que los trabajadores con mayores niveles de flexibilidad psicológica experimentan menos agotamiento emocional, una mejor salud psicológica y una mayor productividad.
La Terapia de Aceptación y Compromiso
Estos hallazgos han servido de base para el desarrollo de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), uno de los enfoques terapéuticos más influyentes de la psicología actual. Creada por el reputado psicólogo Steven C. Hayes y sus colaboradores, ACT propone abandonar la lucha constante contra pensamientos y emociones inevitables para concentrarse en la construcción de una vida coherente con los propios valores.
El objetivo no es eliminar el sufrimiento humano —algo que es imposible—, sino aprender a relacionarse con él de manera diferente. Así, la tristeza, el miedo o la incertidumbre dejarían de ser obstáculos para convertirse en experiencias que pueden coexistir con una vida plena y significativa.
Estos hallazgos resultan interesantes porque cuestionan la creencia de que la felicidad depende de eliminar cualquier experiencia dolorosa. En cambio, la ciencia ha demostrado que el bienestar parece relacionarse menos con la ausencia total de sufrimiento y más con la capacidad para aceptar las dificultades inevitables sin renunciar a actuar conforme a aquello que consideramos importante.
Aunque han transcurrido más de dos mil años desde que Pitágoras formulara su reflexión, su mensaje no iba desencaminado y ha sido, como hemos visto, reforzado por numerosos estudios científicos. Como decía el matemático, no siempre podremos elegir las circunstancias que nos rodean, pero sí podemos decidir cómo responder ante ellas.
