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Epicteto, filósofo, ya avisó hace 1.900 años por qué no debemos querer controlarlo todo: «¿Por qué estás angustiado si eso no depende de ti?»

Una de las paradojas actuales es que, cuanto más intentamos controlar la vida, más ansiedad sentimos frente a ella

Epicteto, filósofo, ya avisó hace 1.900 años por qué no debemos querer controlarlo todo: «¿Por qué estás angustiado si eso no depende de ti?»

Epicteto

La ansiedad está a la orden del día, y en la mayoría de ocasiones nace de la necesidad desesperada de controlarlo todo, incluso aquello que escapa de nuestro dominio. Aunque parezca algo nuevo, hace casi 2.000 años el filósofo griego Epicteto ya escribió sobre el tema en sus Disertaciones: «Cuando veo a un individuo angustiado, me digo: ‘¿Qué querrá este? Si no quisiera algo que no depende de él, ¿cómo iba a estar angustiado?’».

La fuerza de la frase, recogida en el libro Diario para estoicos. 366 reflexiones sobre la sabiduría, la perseverancia y el arte de vivir, está en que el filósofo desplaza el problema. Normalmente pensamos que la ansiedad nace de las circunstancias (del dinero, del trabajo, de las relaciones…), pero Epicteto apunta hacia otro lugar: el sufrimiento aparece cuando convertimos algo externo en condición indispensable para estar en paz. No sufrimos únicamente porque las cosas puedan salir mal, sino porque exigimos que salgan exactamente como queremos.

El deseo de certeza que acaba causando ansiedad

La ansiedad no siempre se siente como miedo al futuro; a veces se siente como vigilancia, como necesidad de comprobar, como anticipación constante… para evitar el posible dolor futuro. Sin embargo, cuanto más intenta la mente controlar lo incierto, más atrapada queda dentro de él.

Cuando veo a un individuo angustiado, me digo: ‘¿Qué querrá este? Si no quisiera algo que no depende de él, ¿cómo iba a estar angustiado?’

La psicología ha llegado a conclusiones sorprendentemente cercanas a las del estoicismo, y ha demostrado que la percepción de falta de control está profundamente relacionada con los trastornos de ansiedad. Una investigación publicada en Nature halló que las personas con altos niveles de ansiedad presentan una menor sensación de control y una activación cerebral más intensa frente a amenazas impredecibles.

Otro estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad de Harvard, explicó cómo el cerebro ansioso tiende a sobreactivar los circuitos relacionados con la anticipación del peligro y la vigilancia constante. Además, una investigación publicada en Taylor & Francis describió este trastorno como una emoción profundamente vinculada a la intolerancia a la incertidumbre y a la necesidad psicológica de recuperar sensación de control. En otras palabras: el cerebro ansioso no solo teme el peligro; teme no saber. Y eso explica por qué la ansiedad está tan a la orden del día.

Lo que depende de nosotros… y lo que no

En el Enquiridión, escrito alrededor del año 125 d. C., Epicteto afirmaba: «De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no dependen de nosotros». Con esta cita, el filósofo aseguraba que aceptar de verdad que no controlamos la opinión ajena, el futuro, el clima, el pasado, el cuerpo o el comportamiento de otros implica renunciar a la fantasía de seguridad absoluta. El problema es que vivimos confundiendo influencia con control.

Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo

Podemos influir en muchas cosas. Podemos esforzarnos, amar, prevenir, trabajar, estudiar, cuidar nuestra salud… pero controlar es otra cosa. Controlar significaría garantizar el resultado, y eso rara vez ocurre. Ahí nace gran parte de la angustia moderna: en transformar preferencias en exigencias. Queremos que las personas no cambien, que el éxito llegue cuando lo planeamos, que quienes amamos nunca nos dejen, que el cuerpo permanezca joven, que nadie nos rechace… Pero no es posible.

La ilusión de que preocuparnos nos protege

Muchas personas sienten que preocuparse es positivo y que, en cierta manera, les protege de lo malo que les pueda ocurrir. Epicteto no estaba de acuerdo con esto: «Ningún hombre es libre si no es dueño de sí mismo». Preocuparse en exceso, además, hace que perdamos progresivamente nuestra libertad interior, ya que nuestro estado emocional depende de señales externas, como una llamada, una respuesta, un resultado médico, una cifra bancaria o un te quiero.

De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no dependen de nosotros

La tranquilidad, entonces, deja de ser interna y se vuelve condicional. La psicología describe algo parecido mediante el concepto de locus de control: la percepción de dónde se origina el poder sobre los acontecimientos de nuestra vida. Cuando alguien siente que todo depende de fuerzas externas impredecibles, la ansiedad aumenta considerablemente.

Por eso la mente ansiosa vive intentando adelantarse al futuro. Imagina escenarios, revisa conversaciones, interpreta silencios y busca información compulsivamente… Y no porque eso siempre ayude, sino porque genera una ilusión momentánea de control.
Pero esa ilusión tiene un precio: nunca permite descansar.

La ansiedad como epidemia silenciosa

Cada vez más personas siguen esta dinámica en sus vidas, lo que les acaba generando ansiedad. En España, este trastorno se ha convertido en una de las principales crisis silenciosas de salud pública. Según datos recogidos por Statista, en 2023 se registraron aproximadamente seis millones de casos de trastornos de ansiedad en nuestro país.

Los datos oficiales también reflejan esa tendencia. La Encuesta Europea de Salud en España del INE estima que la ansiedad crónica afecta a aproximadamente al 8,8% de la población adulta española, con una prevalencia significativamente mayor entre mujeres.

No pretendas que las cosas ocurran como quieres. Desea, más bien, que ocurran como ocurren, y serás feliz

El fenómeno es todavía más visible entre los jóvenes. El Barómetro Juvenil sobre Salud y Bienestar 2023 de FAD Juventud y Fundación Mutua Madrileña señala que más del 44% de los jóvenes españoles entre 15 y 29 años afirma haber sufrido problemas de salud mental en el último año, destacando síntomas asociados a ansiedad, estrés y malestar psicológico persistente. Además, el crecimiento de la ansiedad en España durante las últimas décadas ha sido documentado por el Global Burden of Disease del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), cuyos datos muestran un incremento muy significativo de este trastorno desde los años 90, especialmente entre población joven y mujeres.

El psiquiatra Álvaro Martínez habla alto y claro sobre qué no decir a una persona con ansiedad

Todo ello ha desembocado en un aumento en el consumo de hipnosedantes —ansiolíticos y somníferos—, tal y como revela el Plan Nacional sobre Drogas. Y no solo crece la ansiedad, sino también el insomnio: la Sociedad Española de Neurología (SEN) estima que entre un 20 y un 48% de la población adulta española presenta dificultad para iniciar o mantener el sueño y que alrededor del 10% padece insomnio crónico. Numerosos estudios clínicos relacionan directamente este fenómeno con el incremento de la ansiedad y el estrés sostenido.

Epicteto insistía en la importancia de fluir los vaivenes de la vida

El malestar aparece cuando intentamos controlar algo que jamás estuvo completamente en nuestras manos. En sus enseñanzas del siglo II d. C., Epicteto insistía en que el sufrimiento no provenía directamente de los acontecimientos, sino de nuestras interpretaciones sobre ellos: «No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede». Es decir, lo que nos preocupa no es el futuro en sí, sino la necesidad de garantizarlo.

Epicteto advertía constantemente sobre eso. Para los estoicos, la verdadera libertad no consistía en controlar el mundo, sino en no convertirse en esclavo de él. En el Enquiridión —siglo II d. C.— escribió: «No pretendas que las cosas ocurran como quieres. Desea, más bien, que ocurran como ocurren, y serás feliz». La felicidad, por tanto, radica en dejar de luchar contra la realidad y contra lo que no podemos cambiar, y en aceptar lo que viene tan bien como buenamente podamos.

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