The Objective
Lifestyle

Séneca, filósofo, ya advirtió de la importancia de saber nuestros límites: «Creemos que podemos soportar más de lo que realmente podemos»

Conocerse de verdad es difícil, pues solemos sobreestimar nuestra resistencia y subestimar nuestro verdadero potencial

Séneca, filósofo, ya advirtió de la importancia de saber nuestros límites: «Creemos que podemos soportar más de lo que realmente podemos»

Séneca | The Art Institute of Chicago

Hay personas que viven convencidas de que pueden con todo. Otras, en cambio, creen que no son suficientes para casi nada. Aunque cada uno ve la realidad de forma diferente, todos compartimos el mismo problema: no nos conocemos realmente. Al menos eso fue lo que dijo Séneca hace casi dos mil años.

Muchas personas no se conocen realmente, y por eso terminan agotadas, frustradas o perdidas, porque construyen su vida desde una idea equivocada de quiénes son

En Sobre la tranquilidad del espíritu, escrito alrededor del año 60 d. C., expresó: «Es necesario valorarse a sí mismo, porque siempre creemos que podemos soportar más de lo que realmente podemos». Con esta cita, recogida el bestseller Diario para estoicos. 366 reflexiones sobre la sabiduría, la perseverancia y el arte de vivir, el filósofo estoico afirmaba que no tenemos una percepción realista de nosotros mismos: o nos sobreestimamos peligrosamente o nos reducimos injustamente. Séneca aseguraba que rara vez nos vemos con claridad. Y quizá por eso tantas personas terminan agotadas, frustradas o perdidas, porque construyen su vida desde una idea equivocada de quiénes son.

Séneca ya habló del miedo a conocerse de verdad

La mayoría evita evaluarse honestamente porque teme lo que pueda encontrar. Reconocer nuestros propias límites no es algo fácil de hacer, y tampoco nos gusta, ya que aceptar que no podemos con todo desafía la imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos. Pero también existe el problema contrario: minimizar nuestras capacidades por miedo, inseguridad o costumbre.

Ningún hombre puede vivir feliz si solo se mira a sí mismo y lo convierte todo en cuestión de utilidad propia

Conocerse no consiste en destruir la autoestima ni en alimentar una ilusión nuestro ego, sino en desarrollar una mirada suficientemente honesta como para distinguir entre nuestras fantasías y nuestras capacidades reales. Y eso requiere valentía. La psicología llama a este fenómeno «ilusión de introspección», esto es, nuestra tendencia a creer que entendemos nuestras motivaciones y capacidades mucho mejor de lo que realmente lo hacemos.

Séneca. The Art Institute of Chicago

Y deberíamos cambiar esto, ya que, tal y como han demostrado numerosas investigaciones, como las publicadas en ScienceDirect, tener una mayor capacidad de autorreflexión y autoconocimiento provoca una mejora en la regulación emocional, el bienestar psicológico y la resiliencia.

Séneca insistía en esa necesidad de honestidad interior. En sus Cartas a Lucilio —escritas entre los años 62 y 65 d. C.— afirmaba:
«Ningún hombre puede vivir feliz si solo se mira a sí mismo y lo convierte todo en cuestión de utilidad propia».

La sociedad del rendimiento y el agotamiento

Vivimos en una cultura que glorifica que podamos con todo. Se admira a quien nunca descansa, a quien siempre produce más, a quien soporta jornadas interminables sin morir en el intento. Y la consecuencia es que, en la actualidad, hay millones de personas que viven permanentemente sobreexigiéndose. Esto da lugar al conocido como burnout, un fenómeno asociado al estrés crónico laboral no gestionado adecuadamente y reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Creer que uno puede con todo suele provocar agotamiento psicológico, ansiedad y estrés, tal y como demostró una investigación publicada en Frontiers in Psychology. Otra gran revisión científica, basada en 43 estudios y con más de 9.800 participantes, concluyó que el perfeccionismo autocrítico mantiene una relación directa y consistente con el burnout y el desgaste psicológico.

El problema es que confundimos fortaleza con negación. Creemos que ser fuertes significa soportarlo todo. Pero muchas veces la verdadera fortaleza consiste precisamente en reconocer cuándo algo nos supera. Séneca lo expresó con crudeza en De la ira —aproximadamente en el año 41 d. C.—: «El mayor remedio para la ira es la dilación», escribió, dando a entender que no hay que exigirle al cuerpo y a la mente una resistencia infinita.

Creemos que podemos con todo, y no es así

Séneca entendía algo esencial sobre la mente humana: solemos sobrestimar nuestra capacidad para resistir. Pensamos que podremos trabajar sin descanso. Que una relación tóxica no nos afectará tanto, que el estrés continuo no tendrá consecuencias, que siempre podremos seguir adelante… Hasta que el cuerpo o la mente empiezan a pasar factura.

La felicidad, para Séneca, tiene que ver con el uso que hacemos del tiempo

Esta tesis ha sido confirmada después por la neurociencia, que ha revelado que el estrés sostenido altera profundamente el funcionamiento psicológico y físico. Así lo apuntan investigaciones publicadas por Harvard Medical School, que muestran que el estrés crónico afecta la memoria, el sueño, el sistema inmunológico y la regulación emocional. Sin embargo, muchas personas siguen actuando como si fueran inmunes al desgaste. Séneca advertía sobre ese autoengaño en Cartas a Lucilio: «Sufrimos más en la imaginación que en la realidad».

También nos subestimamos

Séneca también se refiere al potencial. Para el filósofo, existe otra forma de desconocerse: creer que somos menos capaces de lo que realmente somos. La psicología denomina a esto «autoeficacia», que es la creencia en nuestra capacidad para afrontar situaciones difíciles.

El concepto fue desarrollado por Albert Bandura y ha sido ampliamente estudiado en las últimas décadas. Según investigaciones recopiladas por la American Psychological Association (APA), las personas con mayor percepción de autoeficacia suelen afrontar mejor el estrés, perseverar más ante las dificultades y recuperarse antes de situaciones adversas. Además, numerosos estudios han revelado que las personas tendemos a evaluar incorrectamente nuestras posibilidades reales, tanto por exceso como por defecto.

De hecho, muchas veces sobrevivimos a situaciones que, antes de vivirlas, nos parecían imposibles. Esto demuestra que no nos conocemos tan bien. Séneca lo escribió en De la providencia —siglo I d. C.— escribió: «Las dificultades fortalecen la mente, como el trabajo fortalece el cuerpo». El filósofo señalaba que solemos descubrir nuestra verdadera capacidad únicamente cuando la vida nos obliga a usarla.

La honestidad como forma de equilibrio

El estoicismo, corriente a la que pertenecía Séneca, defendía que uno debe ser fiel a la verdad, tanto en lo que le rodea como en lo que se refiere a sí mismo. El filósofo insistía en que la tranquilidad interior depende, en gran parte, de vivir de acuerdo con nuestra naturaleza real y no con una versión imaginaria de nosotros mismos. Porque quien se sobreestima termina estrellándose contra la realidad, y quien se subestima vive muy por debajo de sus posibilidades.

El equilibrio aparece cuando somos capaces de reconocer ambas cosas al mismo tiempo: nuestras limitaciones y nuestra capacidad de crecimiento y superación. Eso implica aceptar que hay cargas que no podemos sostener eternamente; y también reconocer que solemos ser más resilientes de lo que imaginamos. Séneca lo entendió, tal y como expresó en Cartas a Lucilio: «Quien se tiene a sí mismo lo tiene todo». Uno de los secretos de la felicidad es, por tanto, ser honesto con uno mismo, tanto para bien como para mal.

Publicidad