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Séneca, filósofo, ya lo avisó a sus 68 años: «La novedad aumenta el peso de las desgracias. La mente debe ir antes de lo que puede suceder»

Sus reflexiones sobre el miedo y la incertidumbre son uno de los pilares más relevantes del estoicismo

Séneca, filósofo, ya lo avisó a sus 68 años: «La novedad aumenta el peso de las desgracias. La mente debe ir antes de lo que puede suceder»

La felicidad, según Séneca, reside en anticiparse

Las palabras que dejó para la posteridad Lucio Anneo Séneca sobre cómo gestionar la incertidumbre sentaron una de las bases del estoicismo, la corriente filosófica a la que pertenece en pensador (y que está más de moda que nunca). El pensador romano dedicó parte de su obra a abordar este tema. Aseguró en sus escritos que gran parte del sufrimiento humano no nace únicamente de la desgracia, sino del impacto que nos causa lo imprevisto.

Nada de lo que la fortuna ha levantado está en un lugar seguro; lo que ha sido largamente preparado, cae en un instante

Esa visión quedó reflejada a la perfección en una de sus frases más conocidas: «La novedad aumenta el peso de las desgracias. Por eso, nada debe ser imprevisto para nosotros. Nuestra mente debe enviarse por delante a todo lo que puede suceder». La cita, que aparece en Epístolas morales a Lucilio, una de las obras más influyentes del estoicismo romano, fue escrita por el filósofo entre los años 63 y 65 d.C., durante su retiro político bajo el gobierno de Nerón. Séneca tenía entonces 68 años.

Séneca defendió que era importante anticiparse a lo malo que pueda ocurrir

Séneca llegó a esta conclusión tras pasar años vinculado al poder. El pensador fue una de las figuras intelectuales y políticas más importantes de Roma. Senador, dramaturgo, filósofo y tutor del emperador Nerón, acumuló una notable riqueza e influencia. Esto le dio, evidentemente, muchas alegrías, pero también penas, ya que lo condujo a vivir en el exilio, entre otras cosas. La cita que destacamos hoy en THE OBJECTIVE fue escrita cuando el romano atravesaba la cara amarga del éxito, en especial porque Nerón lo acusó de llamar a la conspiración y le ordenó suicidarse.

La novedad aumenta el peso de las desgracias. Por eso, nada debe ser imprevisto para nosotros. Nuestra mente debe enviarse por delante a todo lo que puede suceder

Ese contexto ayuda a entender por qué Séneca insistió tanto en la fragilidad de la fortuna y en la necesidad de prepararse mentalmente para los cambios, sobre todo cuando no son buenos. «El que espera la llegada de los males les quita su fuerza cuando llegan», escribió en Consolación a Marcia. La advertencia del filósofo, de hecho, suele relacionarse con una práctica estoica que hoy se conoce como Praemeditatio Malorum, expresión latina que podría traducirse como «premeditación de los males».

Hace casi dos mil años, Séneca, uno de los máximos representantes del estoicismo, dio con la clave de la felicidad
Hace casi dos mil años, Séneca, uno de los máximos representantes del estoicismo, dio con la clave de la felicidad. Canva Pro

Aunque el término no aparece reflejado exactamente así por el pensador, sí resume lo que destacó en su obra: la importancia de reflexionar anticipadamente sobre posibles pérdidas, enfermedades o fracasos para así reducir su impacto emocional si finalmente ocurren. Los estoicos defendían que el problema no es únicamente el dolor en sí, sino el efecto psicológico que causa lo inesperado. Por eso Séneca sostiene que la mente debe adelantarse a los acontecimientos, para así tener más serenidad y, al final, ser más felices.

Vivir con menos ansiedad

Buena parte del pensamiento de Séneca gira alrededor de esta idea. Para el filósofo, los seres humanos sufren más cuando creen que ciertas cosas jamás les ocurrirán. La sorpresa, afirmaba, aumenta el miedo porque rompe la ilusión de control que todos tenemos.

El que espera la llegada de los males les quita su fuerza cuando llegan

En otra de sus cartas escribe: «Todo lo que puede suceder en cualquier momento puede suceder hoy mismo». El romano afirmaba que la vida es inestable y que cualquier circunstancia puede cambiar en un instante. Pero si aceptamos esa realidad podremos encarar mejor lo que venga y vivir con menos ansiedad.

La suerte puede cambiar en un instante

La fortuna —entendida como azar, destino o circunstancias que escapan de nuestro control— fue abordado por los estoicos. Al respecto, Séneca escribió que nada externo nos ofrece seguridad permanente: «Nada de lo que la fortuna ha levantado está en un lugar seguro; lo que ha sido largamente preparado, cae en un instante».

Todo lo que puede suceder en cualquier momento puede suceder hoy mismo

La experiencia personal del filósofo reforzaba esta tesis, pues en Roma el prestigio político podía desaparecer en cuestión de horas y las alianzas cambiaban constantemente. Por eso, precisamente, Séneca defendía que la tranquilidad no debía depender de aquello que puede perderse.

@sociedadiluminada En las profundidades del alma, Séneca nos enseña un camino hacia la felicidad. Nos recuerda que la verdadera dicha reside en el presente, desprovisto de las cadenas del pasado y las sombras del futuro. Para ser plenamente felices, debemos liberarnos del peso de los errores pasados y la ansiedad por lo que está por venir. Solo al vivir en el momento presente, encontramos la libertad para abrazar la alegría que yace en cada instante. #FilosofíaDeVida #ViveElPresente #LibérateDelPasado #seneca #escrito #parati ♬ Aesthetic – Tollan Kim

El estoicismo, más de moda que nunca

En los últimos años el estoicismo ha ganado peso, sobre todo en ámbitos relacionados con la psicología, el desarrollo personal y la gestión emocional. Parte de ese interés se debe a que muchas reflexiones de sus pensadores, como Séneca, en el fondo abordan temas que siguen siendo actuales, como el miedo al fracaso, la ansiedad ante el futuro o la obsesión por controlarlo todo.

«Aquel a quien la fortuna no ha engañado es a quien ella no ha sorprendido», escribió en Sobre la tranquilidad del ánimo. Todas las citas de Séneca aquí mencionadas resumen gran parte de su obra, en la que defendía que la serenidad no consiste en creer que nada malo nos va a ocurrir, sino en aprender a vivir sabiendo que, seguramente, vendrán mal dadas.

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