José Carbonell (59), psiquiatra: «Si alguien te falta al respeto, aunque sea sin darse cuenta, es un maleducado emocional y lo mejor es alejarte»
Protegernos también implica aprender a alejarse de quienes, consciente o inconscientemente, dejan heridas invisibles

José Carbonell | Instagram
Hay personas que no gritan, no insultan y tampoco ejercen un maltrato evidente, pero aun así consiguen desgastar emocionalmente a quienes tienen cerca. Son relaciones que dejan una sensación incómoda, difícil de explicar, marcada por pequeños desprecios, indiferencia afectiva o comentarios sutiles que terminan erosionando la autoestima. Sobre este tipo de vínculos reflexiona el psiquiatra José Carbonell, que ha acuñado una expresión tan directa como reveladora: «maleducados emocionales».
En uno de sus vídeos más comentados, el especialista explica que este tipo de personas aparecen en cualquier entorno, desde la pareja hasta la familia, el trabajo o las amistades. «Hay maleducados en todos los contextos emocionales también», afirma. Según Carbonell, se trata de personas a las que uno entrega cariño, apoyo y afecto genuino, pero que no solo no lo valoran, sino que además responden con desaires constantes.
Qué es un «maleducado emocional», según el psiquiatra
El psiquiatra aclara que no siempre hablamos de perfiles tóxicos extremos ni de un maltrato psicológico explícito. En muchas ocasiones son dinámicas mucho más sutiles, casi imperceptibles desde fuera. «Van poco a poco minando tu autoestima o el cariño que tú les das», señala. Esa es precisamente la razón por la que estas conductas resultan tan difíciles de detectar y todavía más complicadas de afrontar.
La clave está en la repetición. Y es que un comentario despectivo aislado puede no tener importancia, pero cuando las faltas de consideración se convierten en un patrón continuo, el impacto emocional termina acumulándose. Son personas que hacen sentir inferior al otro, que restan valor a sus emociones o que introducen pequeñas humillaciones disfrazadas de bromas, ironías o simples despistes.

La duda constante: «Quizá estoy exagerando»
Carbonell pone el foco en una sensación que muchas personas experimentan en silencio: la intuición de que alguien les está faltando al respeto de forma sutil. «Tú tienes la sensación de que te faltan al respeto», explica. El problema aparece cuando la víctima intenta confrontar la situación y recibe una negación inmediata. «No, bajo ningún concepto», suelen responder quienes ejercen este tipo de conductas.
Ese mecanismo genera todavía más confusión emocional. La persona afectada empieza a cuestionarse si realmente está exagerando o interpretando mal las cosas. Y precisamente ahí, según el especialista, reside una de las trampas más frecuentes de estas relaciones: la duda constante sobre la propia percepción.
El psiquiatra admite que siempre existe la posibilidad de malinterpretar determinadas actitudes, porque las relaciones humanas son complejas y están llenas de matices. Sin embargo, insiste en que hay un aspecto que no debería ignorarse jamás: el efecto emocional que esa relación tiene sobre uno mismo.
Poner límites o alejarse
«Independientemente de si lo malinterpretas o si efectivamente esta persona está siendo maleducada emocionalmente contigo, lo que no puedes hacer es quedarte allí», advierte. Para Carbonell, el verdadero indicador de alarma no es únicamente la intención del otro, sino el desgaste que produce el vínculo.
La recomendación del experto es clara: poner límites o alejarse. No desde el resentimiento ni desde la impulsividad, sino como una forma de protección emocional. Permanecer en relaciones que restan bienestar, explica, acaba afectando a la autoestima, a la estabilidad emocional e incluso a la salud mental.
El respeto emocional también es una forma de autocuidado
En un momento en el que cada vez se habla más de bienestar psicológico y de vínculos saludables, las palabras de Carbonell conectan con una realidad muy extendida. Muchas personas sostienen relaciones donde no hay agresiones visibles, pero sí un desgaste silencioso que termina dejando huella. El problema es que este tipo de dinámicas suelen normalizarse, especialmente cuando vienen de personas cercanas o emocionalmente importantes.
El especialista recuerda que el respeto emocional también debería formar parte de la educación afectiva. Escuchar, validar, agradecer y cuidar la forma en la que nos dirigimos a los demás son gestos esenciales en cualquier relación sana. Porque no todo daño emocional aparece en forma de gritos o conflictos abiertos. A veces surge en pequeños gestos repetidos que hacen sentir al otro menos querido, menos importante o menos válido.
La reflexión de José Carbonell pone sobre la mesa una idea incómoda, pero necesaria: no todas las personas que nos rodean saben cuidar emocionalmente a los demás, y permanecer demasiado tiempo en vínculos que desgastan puede tener un coste psicológico elevado.
