Estani Bachrach, Doctor en Biologia Molecular, sobre la felicidad y el esfuerzo: «Si algo te cuesta, sentirás un pico de placer duradero, pero a lo fácil le sigue el vacío»
Porque aquello que cuesta trabajo deja una huella más profunda en el cerebro consciente que aquello que es inmediato

Estani Bachrach | Instagram
En una época marcada por la gratificación instantánea, las redes sociales y el consumo constante de contenido breve, cada vez más expertos advierten sobre una paradoja que afecta al bienestar emocional: aquello que más placer inmediato proporciona no siempre es lo que más felicidad genera. El doctor en Biología Molecular y divulgador científico Estanislao Bachrach lo resume con una idea contundente: «Si algo te cuesta, sentirás un pico de placer duradero, pero a lo fácil le sigue el vacío».
La explicación tiene una base biológica relacionada con la dopamina, un neurotransmisor vinculado con la motivación, la recompensa y el placer. Según Bachrach, cuando una persona se enfrenta a una actividad que requiere esfuerzo, disciplina o incluso cierta incomodidad, el cerebro responde de una manera muy diferente a cuando obtiene una recompensa fácil e inmediata.
Por qué el esfuerzo genera una felicidad más duradera
Estudiar durante semanas para un examen, entrenar para correr una media maratón, jugar un partido intenso de pádel, practicar yoga o mantener una conversación difícil con la pareja son ejemplos de situaciones que exigen energía física o emocional. En todos estos casos existe un coste previo: hay que vencer la pereza, gestionar la frustración o enfrentarse al miedo al fracaso.
Sin embargo, cuando se alcanza el objetivo o simplemente se intenta con compromiso, el cerebro genera una sensación de recompensa especialmente valiosa. La dopamina aumenta y, lo más importante, desciende de forma gradual. Esto provoca que la sensación de satisfacción y bienestar se prolongue durante más tiempo. No se trata únicamente de la alegría del momento, sino de una percepción más duradera de logro y plenitud.
El papel de la dopamina en la sensación de bienestar
La dopamina suele asociarse erróneamente con la felicidad, cuando en realidad está más relacionada con la motivación y la anticipación de una recompensa. Su comportamiento influye de manera decisiva en cómo percibimos determinadas experiencias.

Según explica Bachrach, cuando una actividad requiere esfuerzo y dedicación, el cerebro interpreta el resultado como algo valioso. Por eso, la sensación positiva no desaparece de golpe una vez alcanzada la meta. Al contrario, permanece durante un periodo más prolongado, reforzando la conducta y aumentando la percepción de satisfacción personal.
De hecho, la psiquiatra Marian Rojas ha explicado en una entrevista en El Hormiguero que al cuerpo no le gustan los excesos de dopamina. Pone un ejemplo muy gráfico: si una persona se toma 20 donuts de dulce de leche, experimenta un pico de glucosa muy alto, seguido de una caída brusca que deja sensación de bajón.
Con la dopamina ocurre algo parecido. Actividades como Instagram, TikTok, los videojuegos o el alcohol generan estímulos muy intensos y rápidos que activan el sistema de recompensa del cerebro. El problema aparece cuando ese tipo de estímulos se repite de forma constante.
Según esta idea, ese exceso puede llevar a conductas adictivas y a cambios en el funcionamiento del cerebro. Cuando el sistema se acostumbra a niveles muy altos de dopamina, el contraste entre el subidón y la bajada se vuelve cada vez más acusado. El resultado es una sensación de vacío más intensa después del estímulo, lo que puede empujar a buscar de nuevo esa recompensa inmediata.
El problema del placer inmediato y las recompensas fáciles
Las actividades que ofrecen placer instantáneo sin apenas esfuerzo producen un efecto muy distinto. Discutir para tener razón, pasar horas viendo vídeos cortos en el móvil o consumir entretenimiento de forma compulsiva pueden generar pequeñas dosis de satisfacción inmediata. El problema aparece cuando ese estímulo desaparece.
En estos casos, la dopamina cae de forma mucho más brusca. Tras el placer inicial, muchas personas experimentan una sensación de vacío o insatisfacción que las impulsa a buscar una nueva recompensa. Es un mecanismo que comparte características con ciertos comportamientos adictivos, ya que el cerebro comienza a demandar estímulos constantes para recuperar esa sensación de bienestar momentáneo.
Esta diferencia ayuda a entender por qué muchas personas terminan el día después de horas de consumo digital sin sentir que han aprovechado realmente el tiempo. También explica por qué actividades exigentes que inicialmente parecen poco atractivas suelen proporcionar una satisfacción mucho más profunda una vez completadas.
El mensaje de Bachrach no implica eliminar los pequeños placeres cotidianos, sino comprender cómo funciona el cerebro para tomar decisiones más conscientes. En una sociedad acostumbrada a la inmediatez, recuperar actividades que exijan compromiso, paciencia y perseverancia puede convertirse en una herramienta fundamental para mejorar la salud emocional.
