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José Ortega y Gasset, filósofo español: «Renovarse es vivir. El que no cambia, no aprende o no rectifica, acaba convirtiendo sus certezas en su prisión»

Como comenta a lo largo de toda su obra, vivir también es estar dispuesto a revisar el suelo sobre el que caminamos

José Ortega y Gasset, filósofo español: «Renovarse es vivir. El que no cambia, no aprende o no rectifica, acaba convirtiendo sus certezas en su prisión»

José Ortega y Gasset | Inteligencia artificial

«Renovarse es vivir. El que no cambia, no aprende o no rectifica, acaba convirtiendo sus certezas en su prisión». Aunque esta frase suele atribuirse a José Ortega y Gasset, resume con precisión una de las ideas centrales del filósofo español: la necesidad de revisar constantemente aquello que damos por cierto.

En una época marcada por cambios tecnológicos, transformaciones sociales y nuevos modelos de pensamiento, la reflexión de Ortega mantiene una sorprendente vigencia. Y es que su filosofía invita a comprender que el verdadero crecimiento personal no depende únicamente de adquirir nuevos conocimientos, sino también de cuestionar las convicciones más profundas que condicionan nuestra forma de ver el mundo.

La diferencia entre ideas y creencias

Esta reflexión encuentra uno de sus desarrollos más importantes en Ideas y creencias (1940), uno de los ensayos más influyentes del pensador madrileño. En esta obra, Ortega establece una distinción fundamental entre dos conceptos que suelen confundirse.

Ideas y creencias

Por un lado, están las ideas. Son los pensamientos que elaboramos, debatimos y modificamos. Las ideas pueden cambiar porque somos conscientes de ellas. Las analizamos, las defendemos o las rechazamos según la experiencia y los argumentos que encontramos.

Por otro lado, están las creencias. Estas operan a un nivel mucho más profundo. No son pensamientos que tengamos, sino realidades en las que vivimos. Constituyen el suelo invisible sobre el que construimos nuestras decisiones, nuestras opiniones y nuestra manera de interpretar la realidad. Como explica Ortega, las creencias son aquellas certezas que normalmente no cuestionamos porque las damos por evidentes. Funcionan como un marco de referencia que guía nuestra conducta sin que apenas seamos conscientes de ello.

Cuando las certezas limitan el aprendizaje

La frase atribuida al filósofo cobra sentido precisamente desde esta distinción. Si una persona permanece aferrada a sus creencias sin someterlas a examen, corre el riesgo de convertirlas en una especie de cárcel intelectual. La historia está llena de ejemplos. Durante siglos se consideraron indiscutibles determinadas concepciones sobre la ciencia, la política o la sociedad que posteriormente fueron revisadas o abandonadas. Lo mismo ocurre a nivel individual. Muchas veces no son las ideas nuevas las que nos impiden avanzar, sino las creencias antiguas que seguimos considerando incuestionables.

A día de hoy, expertos en psicología como Patricia Ramírez también defienden esta visión basada en cuestionar las propias creencias. La psicóloga lo explica en uno de sus vídeos, donde señala que «muchas veces lo que más te frena no está fuera, sino dentro de ti: en tus creencias».

Según explica, podemos llegar a convertirnos en nuestros peores autosaboteadores. Las creencias limitantes son esas ideas o frases que hemos ido interiorizando a lo largo de la vida y que terminan condicionando nuestro presente. Cuando las asumimos como verdades absolutas y dejamos de cuestionarlas, acabamos actuando dentro de los límites que ellas mismas nos imponen. Por eso, Ramírez insiste en la importancia de revisar esas creencias, darles una vuelta y preguntarse si realmente son ciertas o si, por el contrario, están frenando nuestro desarrollo personal.

@patri_psicologa

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♬ sonido original – Patricia Ramírez

Para Ortega, la vida humana es un proceso continuo de adaptación. Las circunstancias cambian y, con ellas, también deberían hacerlo nuestras interpretaciones de la realidad. Cuando nos negamos a revisar nuestras certezas, dejamos de aprender y perdemos la capacidad de rectificar.

La importancia de la renovación personal

La renovación de la que habla Ortega no implica renunciar a todos los principios ni vivir en una duda permanente. Más bien supone mantener una actitud crítica hacia uno mismo y reconocer que ninguna visión del mundo está completamente terminada. En este sentido, cambiar de opinión no es una muestra de debilidad, sino una señal de madurez intelectual. La capacidad de rectificar aparece como una consecuencia natural del aprendizaje y de la experiencia.

La filosofía orteguiana defiende que el ser humano se construye constantemente en diálogo con sus circunstancias. Por eso, aferrarse a certezas inamovibles puede terminar alejándonos de la realidad, mientras que la disposición a revisar nuestras creencias permite una comprensión más rica y más abierta del mundo.

Más de ocho décadas después de la publicación de Ideas y creencias, el mensaje de Ortega y Gasset conserva toda su relevancia. En una sociedad donde las opiniones circulan a gran velocidad y donde los debates suelen polarizarse, recordar la diferencia entre ideas y creencias resulta especialmente útil. Y es que al final las ideas pueden discutirse. Las creencias, en cambio, suelen permanecer ocultas y actuar desde la sombra. Identificarlas y analizarlas constituye uno de los mayores ejercicios de autoconocimiento.

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