Nuria Roure, doctora: «La copita de vino antes de dormir te hace más mal que bien, aunque cojas el sueño pronto»
Hay un efecto sedante evidente, pero eso no quiere decir que el descanso nocturno sea mejor

Mujer bebiendo de noche. | Pexels
Pocas relaciones podemos tener tan tóxicas y tan cotidianas como la que a menudo tenemos con el alcohol. Sin dejar de lado que es una droga, aunque con una gran aceptación social, la realidad de las bebidas alcohólicas y sus supuestas bondades es más un mito que una realidad.
En ese saco de topicazos, hay algunos que no por largamente repetidos llegan a ser verdad alguna vez. Los chupitos digestivos, por ejemplo, nada tienen de digestivos y sus bondades no están avaladas por la ciencia. Tampoco es cierto ni necesario que puedas obtener beneficios cotidianos por tomar solo una copita de vino al día, pues son muchos los especialistas que advierten de que el único consumo de alcohol realmente seguro es el consumo cero.
Sin embargo, eso no quita que haya determinadas causalidades que permanezcan impregnadas en el ideario colectivo y refuercen la idea de que el alcohol tiene beneficios. Una de las más extendidas es, de lejos, la de que el alcohol mejora la calidad de nuestro sueño y que una copita por la noche nos ayuda a descansar mejor.
Algo que la doctora Nuria Roure, especialista en sueño, ha negado por activa y por pasiva en sus redes sociales. Y todo, a pesar de que sí hay algo de ligera realidad en esa relación del alcohol con dormir. Sí, es muy posible que, tras tomar alguna copa, sientas somnolencia y acabes durmiéndote rápido. Sin embargo, es también muy posible que notes que el sueño no ha sido en absoluto reparador.
El alcohol y el sueño: dos malos compañeros de viaje
«El alcohol tiene un efecto sedante, y por eso al principio ayuda a coger el sueño antes», advirtió Nuria Roure en su cuenta de Instagram. La explicación científica es compleja, pero lógica. El alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central. Hasta aquí, nada nuevo.
Lo que sucede si tomamos alcohol antes de dormir es que altera el equilibrio de determinados neurotransmisores. Por ejemplo, aumenta la secreción de ácido gamma-aminobutírico, el principal neurotransmisor inhibidor de la actividad cerebral. Cuando esto sucede, ralentiza su marcha y por eso se elevan esos niveles de somnolencia. Además, también actúa sobre la adenosina. En este caso, aumenta sus niveles y, cuando eso sucede, notas de repente que el cansancio ha aparecido, sintiéndote muy fatigado.
Por estas causas, cuando bebes, especialmente por la noche, puedes tener la sensación de que el alcohol te va a facilitar el descanso. Al fin y al cabo, ya habrás conseguido lo que parecía más complicado: dormirte. Pero la realidad es bastante más terca y el alcohol, lejos de promover un sueño de calidad, lo perturba, a pesar de que hayas cogido el sueño muy rápido.
«El problema viene después. A medida que el cuerpo lo metaboliza, el sueño se vuelve más ligero y fragmentado», advirtió Nuria Roure. Además, sucede en un momento muy determinado, «sobre todo en la segunda mitad de la noche», por lo que es habitual que aparezcan «despertares que muchas veces ni asociamos a la copa de antes». Algo de lo que, por ejemplo, también habló la Universidad de Harvard para poner negro sobre blanco la relación entre el alcohol y el sueño.
Beber alcohol para dormir: una batalla contra el sueño REM

Hay mucha literatura científica que avala y previene de los efectos perjudiciales que tiene el alcohol sobre la calidad de nuestro descanso. Entre los más recurrentes, como contó Nuria Roure, está que «el alcohol reduce el sueño REM, una de las fases más importantes para la recuperación mental». Además, aunque no parezca importante, hay otros efectos. Por ejemplo, «relaja la musculatura de la garganta, lo que aumenta los ronquidos y empeora las apneas en quien las tiene». Algo de lo que hemos hablado en THE OBJECTIVE varias veces.
Y ahí viene el quid de la cuestión: «El resultado es que puedes dormir las mismas horas y aun así levantarte con la sensación de no haber descansado». Entre las críticas de Roure está que «el alcohol sí que tiene un efecto sedante, nos ayuda a relajarnos y eso hace que podamos dormir más rápido».
Pero, como indicó, «a la vez, ese alcohol en mitad de la noche puede estar creando microdespertares que nos hacen salir del sueño profundo». No en vano, los propios especialistas advierten de que incluso una cantidad pequeña de alcohol ya genera esas disrupciones, que se acrecientan cuanto más se consume. Una problemática de la que también habló el doctor Conrado Estol, que dejó claro que «parece relajarnos, pero en realidad fragmenta el sueño».
De hecho, lo que puede suceder es que «sin querer estamos haciendo que nuestro sueño sea más desastroso». Por eso, entre sus recomendaciones, dejó claro que «una copa de vino puntual no es problema, pero hacerlo noche tras noche es una garantía para que tu sueño esté totalmente desestructurado».
