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La ciencia y los psiquiatras españoles coinciden: «El consumo de Orfidal (lorazepam) no sirve para dormir bien y tiene riesgos; hay alternativas»

Advierten del riesgo del uso prolongado de benzodiacepinas y recuerdan que «dormir sedado no es igual a descansar»

La ciencia y los psiquiatras españoles coinciden: «El consumo de Orfidal (lorazepam) no sirve para dormir bien y tiene riesgos; hay alternativas»

El consumo de lorazepam no para de aumentar | Freepik

España se mantiene entre los países con mayor consumo de benzodiacepinas del mundo, una tendencia que preocupa cada vez más a los especialistas en salud mental. Aunque estos fármacos pueden ser útiles para tratar la ansiedad o el insomnio durante periodos cortos y bajo supervisión médica, su uso prolongado continúa siendo una realidad muy extendida. Según datos del Ministerio de Sanidad, el consumo de ansiolíticos e hipnosedantes financiados por el Sistema Nacional de Salud alcanzó las 55,87 dosis diarias definidas por cada 1.000 habitantes y día (DHD) en 2023, una de las cifras más elevadas de Europa.

Además, España sigue encabezando el ranking internacional elaborado por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), que estimó un consumo de 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes en 2020, muy por encima de países como Bélgica (84) o Portugal (80).

Las benzodiacepinas más consumidas en España

Entre los medicamentos más prescritos destacan algunos nombres muy conocidos por la población:

  • Lorazepam (Orfidal, Idalprem): utilizado principalmente para tratar la ansiedad y el insomnio. Es una de las benzodiacepinas más consumidas del país y, se estima que cuatro de cada diez pastillas ansiolíticas dispensadas en España en 2020 correspondían a lorazepam.
  • Alprazolam (Trankimazin): indicado para trastornos de ansiedad y crisis de angustia. Es otro de los ansiolíticos más utilizados en nuestro país.
  • Lormetazepam (Noctamid, Loramet): empleado principalmente como hipnótico para tratar el insomnio de corta duración. Figura entre los fármacos más habituales en las consultas de atención primaria.
  • Bromazepam (Lexatin): prescrito para cuadros de ansiedad y tensión emocional. Su consumo también ha experimentado un incremento en los últimos años.
  • Diazepam (Valium): una de las benzodiacepinas más antiguas y conocidas, utilizada tanto para la ansiedad como para espasmos musculares o determinadas situaciones clínicas específicas.
Medicamentos.

Para el psiquiatra Dr. Alejandro Martínez Rico, el problema no reside tanto en la existencia de estos tratamientos como en la duración de su uso. El especialista recuerda que «las benzodiacepinas son herramientas útiles cuando se emplean correctamente, pero el problema aparece cuando una solución pensada para unas semanas acaba prolongándose durante meses o incluso años».

Los expertos recomiendan que estos medicamentos se utilicen durante periodos breves —generalmente entre dos y cuatro semanas en el caso del insomnio—, debido al riesgo de desarrollar tolerancia, dependencia y otros efectos adversos asociados al uso prolongado. Como dice el Dr. Martínez Rico en sus redes sociales, «dormir bien no es una cuestión de fuerza de voluntad; es una habilidad que puede aprenderse y entrenarse».

Dr. Alejandro Martínez Rico, psiquiatra, alerta de los riesgos del Orfidal y afirma que no sirve para dormir bien

Aunque los medicamentos como el Orfidal resultar útiles en determinados momentos y bajo supervisión médica, su uso prolongado preocupa cada vez más a los especialistas.

El psiquiatra Dr. Alejandro Martínez Rico advierte de que miles de personas toman «la pastilla para dormir» durante años, a pesar de que las principales guías clínicas recomiendan que el uso sea de meses. «Las benzodiacepinas pueden generar dependencia y tolerancia, haciendo cada vez más difícil abandonarlas», señala el Dr. Martínez Rico. Además, añade que «su uso crónico» tiene riesgos, ya que «se ha asociado en múltiples estudios con dificultades en la memoria, la atención y otras funciones cognitivas».

El psiquiatra recuerda también que diversas investigaciones han demostrado una asociación entre el consumo prolongado de estos fármacos y un mayor riesgo de desarrollar demencia, especialmente cuando se utilizan durante largos periodos y a dosis elevadas. No obstante, matiza que esta relación «sigue siendo objeto de debate científico y debe interpretarse con prudencia».

Otros psiquiatras y expertos también alertan:

Por su parte, el psiquiatra Dr. Alberto Domínguez Longás ha advertido de que el consumo indefinido de lorazepam no es recomendable: «Los ansiolíticos, grupo de medicamentos al que pertenece el lorazepam, generan dependencia física y psíquica si se toman de manera prolongada en el tiempo».

Otro de los expertos que ha alertado sobre el uso prolongado de benzodiacepinas es el psiquiatra Dr. David López Gómez, quien ha insistido en la necesidad de revisar cómo se están utilizando estos fármacos en la práctica clínica. En una entrevista en El País, el especialista ha reconocido la utilidad de las benzodiacepinas en determinados contextos, pero ha advertido de que «son medicamentos que pueden generar dependencia», por lo que «su uso debe estar cuidadosamente supervisado». Además, ha recordado en otras entrevistas que el lorazepam (Orfidal) y otros ansiolíticos «deben utilizarse durante el menor tiempo posible» y que, especialmente en casos de insomnio crónico, resulta fundamental valorar alternativas como la terapia psicológica especializada o la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que veremos a continuación.

Mirar pantallas digitales favorece el insomnio. (Fuente: Freepik)

También el psicólogo clínico y catedrático Antonio Cano Vindel, expresidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), ha alertado sobre la cronificación de estos tratamientos. «Tenemos gente que lleva tomándolo décadas y terminan siendo adictos», afirmó en RTVE, donde criticó que «estamos intentando resolver problemas emocionales o laborales con dopaje, en lugar de aprender a manejar el estrés de la vida cotidiana».

En la misma línea, el pediatra y especialista en medicina del sueño Gonzalo Pin ha defendido que las benzodiacepinas no deberían convertirse en la única respuesta frente a los problemas de sueño y ha insistido en la necesidad de abordar las causas subyacentes del insomnio mediante tratamientos específicos y cambios en los hábitos de vida.

La ciencia halla que las benzodiacepinas pueden tener riesgos

Un estudio publicado en The BMJ y realizado por la investigadora Sophie Billioti de Gage concluyó que el uso de benzodiacepinas se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer, especialmente en tratamientos prolongados y con fármacos de vida media larga. Los autores señalaron que los resultados respaldaban la necesidad de «evaluar cuidadosamente las indicaciones para el uso de esta clase de medicamentos».

Asimismo, un metaanálisis posterior que reunió datos de diez estudios observacionales halló que el uso prolongado de ansiolíticos se asociaba con un aumento del riesgo de demencia en población anciana, especialmente cuando se utilizaban durante más de tres años.

No obstante, cabe destacar que aún falta investigación al respecto y que revisiones recientes señalan que la relación causal sigue siendo incierta y que algunos síntomas iniciales de deterioro cognitivo podrían haber favorecido la prescripción de estos medicamentos.

Con las pastillas, el sueño no siempre es reparador

Uno de los aspectos menos conocidos del uso prolongado de benzodiacepinas es su impacto sobre la calidad del sueño. «Estos medicamentos pueden alterar la arquitectura natural del sueño», explica Dr. Martínez. En concreto, señala que pueden reducir algunas de las fases más importantes del descanso.

Entre ellas destaca el sueño profundo (N3), «fundamental para la recuperación física, el correcto funcionamiento del sistema inmunitario y el equilibrio hormonal»; así como el sueño REM, «clave para la regulación emocional, el procesamiento de recuerdos y la consolidación de la memoria».

«Muchas personas duermen más tiempo o consiguen dormirse antes, pero eso no significa necesariamente que estén obteniendo un descanso verdaderamente reparador», añade el psiquiatra. «Dormir sedado no siempre significa descansar», sentencia.

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La ciencia lo respalda. Una revisión publicada en Sleep Medicine Reviews concluyó que las benzodiacepinas aumentan el tiempo de sueño ligero y reducen la duración del sueño profundo y del sueño REM. Los autores advirtieron de que estas modificaciones podrían tener repercusiones sobre funciones como la memoria, la concentración y la regulación metabólica.

Hay alternativas

Hay estrategias más seguras y eficaces que los medicamentos para abordar el insomnio a largo plazo. Entre ellas destaca la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I), considerada actualmente el tratamiento de primera elección para el insomnio crónico. El Dr. Martínez recomienda trabajar en la mejora de los hábitos de sueño y recurrir a técnicas de relajación y regulación emocional.

«Y cuando es necesario utilizar medicación, existen otras opciones terapéuticas que deben valorarse siempre de manera individualizada junto con el médico de familia o el psiquiatra», subraya. El especialista recuerda, además, que ninguna persona debería modificar o suspender un tratamiento farmacológico sin consultar previamente con el profesional que lo ha prescrito.

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