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Miguel Ángel Martín Cárdaba, sociólogo y filósofo: «Lo que más te atrae de una persona no suele ser lo que más feliz te hará en una pareja»

El profesor y ensayista analiza por qué tantas relaciones fracasan y qué distingue a las parejas que nunca se separan

Miguel Ángel Martín Cárdaba, sociólogo y filósofo: «Lo que más te atrae de una persona no suele ser lo que más feliz te hará en una pareja»

Miguel Ángel Martín Cárdaba escribe sobre el amor y sobre cómo encontrar a la pareja perfecta

¿Qué es exactamente el amor? La pregunta ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes y, pese a siglos de reflexión filosófica, investigación científica y creación artística, seguimos sin tener una respuesta definitiva. Desde Platón hasta Erich Fromm, desde Shakespeare hasta García Márquez, innumerables pensadores, escritores y científicos han intentado descifrar el secreto de esa experiencia indescriptible, capaz de transformar vidas, inspirar obras maestras y, al mismo tiempo, provocar algunas de las mayores alegrías y sufrimientos humanos.

El enamoramiento puede ser un buen comienzo, pero no debería ser el único criterio para tomar decisiones importantes sobre una relación. El amor duradero empieza cuando, además de sentir, uno decide querer

La neurociencia ha identificado hormonas y neurotransmisores implicados en el enamoramiento; la psicología ha estudiado los vínculos afectivos; la sociología ha analizado cómo cambian las relaciones según las épocas y las culturas. Incluso investigaciones de largo recorrido, como el Harvard Study of Adult Development —que lleva más de ocho décadas siguiendo la vida de cientos de personas—, han concluido que la calidad de las relaciones personales es uno de los principales factores asociados al bienestar y la felicidad. Pero saber que las relaciones importan no equivale a comprender por qué algunas perduran toda la vida mientras otras fracasan. Ese interrogante sigue abierto, ya que el amor sigue siendo, en buena medida, uno de los grandes misterios de la condición humana.

‘Por qué otros van a fracasar en el amor… pero tú no’

Quizá por eso el amor nos sigue fascinando tanto y nos lleva a preguntarnos por qué surge, cómo conservarlo y qué hace posible que perdure en el tiempo. En una época en la que las relaciones son cada vez más frágiles, las rupturas y divorcios se multiplican y el amor suele identificarse con la emoción inmediata y la satisfacción personal, plantear esta cuestión es entrar en un terreno con muchos matices.

Hay muchos libros para quienes ya están casados, pero muy pocos dirigidos a quienes todavía están empezando el camino del amor, que quizá son los que más lo necesitan

Unas particularidades que comprende y explica con una lucidez inusitada Miguel Ángel Martín Cárdaba. Doctor en Comunicación, licenciado en Filosofía y diplomado en Sociología, ha publicado recientemente Por qué otros van a fracasar en el amor… pero tú no (Ed. Rialp), un ensayo esclarecedor sobre el amor, repleto de estudios, divertido, claro y realista sobre las relaciones, el compromiso y el matrimonio.

Martín Cárdaba, quien es profesor en varias universidades españolas, lleva años observando cómo muchos jóvenes afrontan las relaciones de pareja con ideas poco realistas sobre el amor, el compromiso y la felicidad. Fruto de esa experiencia, de su sólida formación académica y de un exhaustivo análisis de décadas de investigación sobre las relaciones humanas, nace este ensayo, que cuestiona algunas de las creencias más arraigadas de nuestra cultura y propone una mirada más sincera, exigente y realista sobre el amor.

En su ensayo, el autor reivindica que el amor que va más allá del enamoramiento, y que es capaz de resistir el paso del tiempo, las crisis y las dificultades, siempre y cuando tengamos claro qué es exactamente amar de verdad. Además, a lo largo de los capítulos, Martín Cárdaba da las claves sobre otra de las cuestiones más importantes de la vida: cómo elegir —con éxito— con quién compartirla.

Miguel Ángel Martín Cárdaba: «Este libro es una respuesta a si merece la pena casarse y qué deberíamos saber antes de hacerlo»

En THE OBJECTIVE hablamos con Miguel Ángel Martín Cárdaba sobre el enamoramiento, el matrimonio, las expectativas románticas, las infidelidades, los divorcios y las claves que, según la ciencia y la experiencia acumulada por generaciones, ayudan a construir relaciones más sólidas y duraderas.

PREGUNTA. Lo primero: ¿por qué escribir este libro?

RESPUESTA. El libro nace por dos razones muy concretas. La primera la encontré en mis clases en la universidad. Durante años vi que muchos estudiantes tenían una idea bastante difusa de lo que era el amor y, sobre todo, muy pocas herramientas para reflexionar sobre cómo elegir bien a la persona con la que construir una relación. Y eso me llamó mucho la atención, porque estamos hablando probablemente de una de las decisiones más importantes de la vida.

Cuando se busca el amor por un motivo ajeno al amor mismo, este se evapora y desaparece

La segunda razón tiene que ver con mis hijos. Pensé que llegaría un día en el que me preguntarían algo muy sencillo y a la vez muy profundo: «¿Merece la pena casarse y qué deberíamos saber antes de hacerlo?». Este libro es, en parte, una respuesta a esa pregunta. Y, aparte, también creía que era necesario otro enfoque. Hay muchos libros para quienes ya están casados, pero muy pocos dirigidos a quienes todavía están empezando el camino del amor, que quizá son los que más lo necesitan.

P. La ciencia ha demostrado que el enamoramiento, como tal, es «un engaño», ya que altera la química del cerebro. ¿Cómo podemos, en esos momentos, ‘pensar claramente’ en la persona de la que nos estamos enamorando? 

R. El enamoramiento es una experiencia muy poderosa precisamente porque altera nuestro funcionamiento psicológico. Durante esa fase el cerebro cambia su química, aumenta la dopamina y disminuye nuestra capacidad de juicio crítico. Por eso se suele decir que el amor es ciego. En realidad, lo que es ciego es el enamoramiento. Y esto plantea un problema evidente: cuando uno está enamorado no es el momento más fácil para pensar con claridad. Por eso conviene tener cierta prudencia. Hay dos estrategias bastante sensatas. La primera es intentar poner cabeza antes de llegar a ese estado, es decir, tener claros de antemano algunos criterios fiables sobre qué cualidades son realmente importantes en una pareja. De ese modo, cuando llegue el enamoramiento, uno puede filtrar mejor la situación con esos criterios previamente definidos.

El enamoramiento es una experiencia muy poderosa precisamente porque altera nuestro funcionamiento psicológico. Durante esa fase el cerebro cambia su química, aumenta la dopamina y disminuye nuestra capacidad de juicio crítico

La segunda estrategia es no tomar decisiones radicales o irreversibles en pleno enamoramiento. Conviene dejar pasar un poco de tiempo, conocerse mejor, y recuperar una perspectiva más serena antes de tomar decisiones importantes.

«El problema aparece cuando confundimos el enamoramiento con el amor»

P. ¿Confundimos «amor» con «enamoramiento»?

R. En ocasiones, sí. Enamorarse no es malo. De hecho, es un mecanismo muy potente que la naturaleza utiliza para acercar a dos personas. El problema aparece cuando confundimos el enamoramiento con el amor. El enamoramiento es algo pasivo: es algo que te ocurre. El amor, en cambio, es una elección consciente. El enamoramiento suele ser egocéntrico —tiene mucho que ver con lo que el otro me hace sentir—, mientras que el amor es generoso, porque consiste en querer el bien del otro. Y mientras que el enamoramiento es relativamente fácil, el amor, cuando es auténtico, requiere esfuerzo y compromiso.

El problema aparece cuando confundimos el enamoramiento con el amor. El enamoramiento es algo pasivo: es algo que te ocurre. El amor, en cambio, es una elección consciente y requiere esfuerzo y compromiso

El enamoramiento puede ser un buen comienzo, pero no debería ser el único criterio para tomar decisiones importantes sobre una relación. El amor duradero empieza cuando, además de sentir, uno decide querer.

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P. En el ensayo, afirmas que las parejas que se casan por amor son, según la ciencia, mucho más felices, pero que al cabo de 7 años su satisfacción, si es que siguen juntos, se reduce prácticamente a la mitad. ¿Por qué sucede esto?

R. Efectivamente, los datos muestran que a partir de los 2, y especialmente los 4 años de relación, es normal experimentar una disminución en la satisfacción llegando a su punto más bajo a los 7 años. Parece que el enamoramiento (que no el amor) tiene algo parecido a una fecha de caducidad y esa inercia inicial no es muchas veces suficiente para mantener a flote las relaciones a largo plazo.

El enamoramiento, que no el amor, parece tener fecha de caducidad a los 7 años de relación. Muchas personas creen entonces que el amor ha desaparecido, pero en realidad solo ha terminado una etapa. Las parejas que sobreviven bien a ese momento son las que entienden que el amor no es solo un sentimiento, sino algo que se construye con decisiones, con hábitos y con compromiso

Hay varios mecanismos psicológicos bastante conocidos que ayudan a explicarlo. Uno, por ejemplo es la adaptación hedónica: tendemos a acostumbrarnos a todo, también a las cosas buenas. Lo que al principio nos parecía extraordinario acaba volviéndose cotidiano. Aquello que disfrutamos mucho inicialmente, con la repetición, tendemos a disfrutarlo cada vez menos y comenzamos a anhelar cada vez más experiencias novedosas y diferentes. A esto hay que sumarle el sesgo de negatividad, que consiste en nuestra tendencia a fijarnos más y darle más peso a las cosas malas que a las cosas buenas, lo cual suele desgastar progresivamente las relaciones.

No hay nada más poderoso que el amor incondicional. El problema es que muchas veces pasamos más tiempo y energía intentando que los demás nos quieran en vez de esforzarnos por aprender a amar.

Así, cuando desaparece esa intensidad inicial muchas personas interpretan que el amor también ha desaparecido, cuando en realidad lo que ha terminado es solo una etapa. Las parejas que sobreviven bien a ese momento suelen ser aquellas que entienden que el amor no es solo un sentimiento, sino algo que se construye con decisiones, con hábitos y con compromiso.

P. Me llama mucho la atención las páginas que dedicas a los matrimonios concertados. A través de estudios, aseguras que aunque comienzan siendo menos felices, al cabo de diez años superan en felicidad a aquellos que se casan por «amor». Y lo curioso es que permanecen en este estado a lo largo de los años.

R. En el libro analizo estudios y datos sorprendentes sobre los matrimonios concertados libremente entre adultos (no hay que confundirlo con el caso de los matrimonios forzosos) y, aunque no creo que la solución sea ni mucho menos volver a los matrimonios concertados sí creo que puede aprenderse algo muy interesante al observarlos. Y es la concepción que tienen sobre el amor.

 Lo que podemos aprender de los matrimonios concertados es que el amor duradero no es tanto un punto de partida como una consecuencia de años de cuidado mutuo. El enamoramiento es un punto maravilloso para comenzar una relación, pero luego es fundamental elegir amar cada día a la persona de la que te has enamorado

En dichas culturas el amor no se entiende como algo mágico que te sucede (lo que hemos llamado enamoramiento) sino como una realidad que se construye con el tiempo. Lo que podemos aprender de ellos es precisamente esa idea: que el amor duradero no es tanto un punto de partida como una consecuencia de años de cuidado mutuo. El enamoramiento es un punto maravilloso para comenzar una relación, pero luego es fundamental elegir amar cada día a la persona de la que te has enamorado.

«La ciencia lleva años estudiando qué variables son relevantes a la hora de buscar una pareja potencial»

P. ¿Las personas divorciadas tienen mayores posibilidades para encontrar una buena pareja en el futuro?

R. No. El «factor práctica» nos puede ayudar a decidir mejor en muchos otros ámbitos de la vida (como elegir unas zapatillas para correr), pero no es realmente trasladable al ámbito del matrimonio. Aunque el noviazgo es un periodo fundamental para «probar», en realidad el matrimonio, entendido como un compromiso total, es un tipo de relación que no se puede ensayar ya que la relación se transforma. Vivir «como si» estuvieras casado nunca es realmente lo mismo que estarlo. Cuando te casas, se pasa del «yo» al «nosotros».

Los estudios muestran que las personas que han convivido antes de casarse no tienen menores ratios de divorcio, sino más bien lo contrario

En el noviazgo, tus decisiones importantes siguen siendo tuyas, pero en el matrimonio aparece un compromiso total, compartes proyectos, decisiones, responsabilidades… y ese tipo de vínculo no existe realmente mientras la relación es meramente provisional o está «a prueba». Puedes buscar indicios, pero solo puedes ver el resultado final de ese ajuste entre dos personas una vez que se ha producido el compromiso, pero no antes. De hecho, aunque pueda sonar sorprendente, los estudios muestran que las personas que han convivido antes de casarse no tienen menores ratios de divorcio, sino más bien lo contrario.

Tu vida cobra sentido en la medida en que seas capaz de encontrar algo (o a alguien) por lo cual estarías dispuesto a perderla

Por todo ello, elegir pareja es una decisión fundamental para la que casi siempre carecemos de experiencia previa suficiente. La buena noticia es que la ciencia lleva muchos años estudiando qué variables son relevantes y deberías buscar en una pareja potencial (si comparte tus valores, cómo gestiona los conflictos, si es alguien fiable, cómo reacciona ante las dificultades, etc.) y cuales no lo son tanto aunque lo parezcan.

La atracción por alguien no te garantiza la felicidad a su lado

P. En tu divertido e interesante ensayo aseguras que los humanos venimos programados para sentirnos atraídos por personas que puedan darnos una buena descendencia, algo que se ha comprobado por la ciencia. Y mencionas el estudio de la ‘camiseta sudada’:

R. Se trata de un estudio muy conocido en el que varias mujeres debían oler las camisetas que diferentes hombres habían utilizado para dormir durante varios días y evaluaran dichas camisetas en función del olor. Lo interesante es que las mujeres preferían el olor de aquellos hombres cuyo sistema inmunitario era más complementario al suyo. Esto indica que la lógica de los mecanismos de atracción sigue leyes biológicas que favorecen la supervivencia de la especie y son indiferentes a criterios de felicidad.

Muchos de los rasgos que más nos atraen de otra persona no son precisamente los rasgos que nos harán felices en una pareja. Es decir, los mecanismos que nos impulsan a elegir una buena pareja desde la compatibilidad biológica no son necesariamente los mismos que nos ayudan a elegir una buena pareja para convivir toda la vida

Es decir, muchos de los rasgos que más nos atraen de otra persona no son precisamente los rasgos que nos harán felices en una pareja. O dicho de otro modo, los mecanismos que nos impulsan a elegir una buena pareja desde la compatibilidad biológica no son necesariamente los mismos que nos ayudan a elegir una buena pareja para convivir toda la vida.

P. Esto nos lleva a otra pregunta: si el amor se elige o se construye, ¿debemos empezar a quedar con alguien que no nos atrae sexualmente del todo, pero que sí cumple otros requisitos que buscamos en una pareja?

R. Es una muy buena pregunta. Aunque es un error pensar que la atracción —y especialmente la atracción inicial— debería ser el criterio principal sobre el que fundamentar la relación, creo que es importante reconocer que la atracción importa. No parece sencillo construir una relación apoyándose solamente en la razón y en la voluntad. Sin embargo, también es bueno ser consciente de que la atracción no es algo fijo ni instantáneo, sino que también puede crecer. Hay muchas personas que, sin generar una atracción muy intensa al principio, a medida que las conoces mejor —por su forma de ser, por cómo te tratan o por sus valores— se vuelven cada vez más atractivas. Por eso, aunque no se trata de forzar algo que no existe, sí que puede tener sentido (especialmente con aquellas personas que cumplen otros requisitos importantes) dejar abierta la posibilidad y dar un tiempo para ver si esa atracción aparece o crece.

La problemática de la concepción romántica del amor: cuatro razones

P. En uno de los capítulos, escribes que uno de los errores a la hora de buscar pareja es dejarnos llevar por la concepción romántica del amor, lo que consideras un error. ¿Por qué?

R. La concepción romántica del amor es problemática por muchas razones. Podría extenderme bastante, porque los problemas que acarrea son prácticamente incontables, pero señalaría al menos algunos de los más importantes. En primer lugar, genera expectativas poco realistas sobre lo que es una relación. La idea romántica nos dice que, si el amor es verdadero, todo debería ser fácil, espontáneo y prácticamente incorruptible. Y claro, cuando aparecen las dificultades —que inevitablemente aparecen en cualquier relación humana— muchas personas interpretan que algo va mal o que el amor se ha acabado, cuando en realidad las dificultades forman parte natural de cualquier relación duradera.

El amor es prácticamente el único ámbito de la vida en el que estamos dispuestos a tomar una decisión importantísima basándonos casi exclusivamente en un sentimiento. Esto debería hacernos reflexionar un poco

En segundo lugar, elimina la idea de que el amor es también una elección. En la narrativa romántica parece que el amor es una fuerza que te invade y te arrastra, algo que te ocurre sin que tú puedas hacer mucho al respecto. Es como si el amor te eligiera a ti. Pero eso es problemático, porque todos sabemos que puedes enamorarte de la persona equivocada. Por eso es tan importante distinguir entre enamorarse y elegir amar. En tercer lugar, debilita la idea de compromiso. Si el amor se entiende únicamente como un sentimiento, entonces el compromiso pierde sentido, porque nadie puede prometer un sentimiento que por naturaleza es cambiante. Sin embargo, sí podemos prometer una decisión: la decisión de querer el bien del otro incluso cuando las emociones fluctúan.

Cuando las personas se encuentran en el momento final de su vida, raramente se arrepienten de no haber trabajado más. Lo que aparece una y otra vez es justo lo contrario: todos desean haber dedicado más tiempo a las personas que querían. Y es algo comprensible porque es el amor, y solo el amor, lo que dota de sentido la existencia

Y, por último, hay algo bastante llamativo: el amor es prácticamente el único ámbito de la vida en el que estamos dispuestos a tomar una decisión importantísima basándonos casi exclusivamente en un sentimiento. Nadie elegiría un neurocirujano, un socio para montar una empresa o a un piloto de avión basándose principalmente en la emoción. Sin embargo, cuando se trata de elegir a la persona con la que vas a compartir toda la vida, muchas veces utilizamos exactamente ese criterio. Y eso, como mínimo, debería hacernos reflexionar un poco.

«Plantear el amor como un medio para ser feliz contradice la propia definición de amor»

P. En Por qué otros van a fracasar en el amor… pero tú no defiendes que «la finalidad del romance no es la felicidad» y que, aunque «la felicidad es una maravillosa consecuencia del amor, el amor no tiene finalidad en sí mismo». ¿Podrías desarrollar esta interesante idea que choca tanto con las creencias actuales sobre las relaciones?

R. Hoy en día muchas personas se acercan al amor —o incluso al matrimonio— buscando, ante todo, su propia felicidad. En el fondo, esa es la promesa que te susurra el enamoramiento: «Esta persona te hará feliz para siempre». El problema es que plantear el amor como un medio para ser feliz contradice la propia definición de amor. Porque el amor, si lo entendemos bien, consiste precisamente en buscar y priorizar el bien del otro. Y eso es incompatible con convertir al otro en un instrumento para mi propia felicidad.

El amor consiste en buscar y priorizar el bien del otro. Y eso es incompatible con convertir al otro en un instrumento para mi propia felicidad

Amar es, en esencia, una decisión de querer la felicidad del otro, incluso cuando eso implica esfuerzo, renuncia o incomodidad personal. Por eso el amor no puede ser instrumentalizado sin desvirtuarse. En el momento en que empiezo a amar para obtener algo, el foco deja de estar en el otro y pasa a estar en mí. Cuando se busca el amor por un motivo ajeno al amor mismo, este se evapora y desaparece.

Cuando uno ama de verdad —es decir, cuando sale de sí mismo y busca el bien del otro— la felicidad suele aparecer, pero como consecuencia, no como objetivo directo. Es una especie de ‘efecto secundario(y maravilloso) del amor bien entendido

Además, desde hace tiempo sabemos que la felicidad es una de esas realidades que cuanto más la persigues directamente, más se te escapa. Sin embargo, ocurre algo paradójico: cuando uno ama de verdad —es decir, cuando sale de sí mismo y busca el bien del otro— la felicidad suele aparecer, pero como consecuencia, no como objetivo directo. Es una especie de «efecto secundario» (y maravilloso) del amor bien entendido.

«La monogamia no es una inclinación natural del ser humano, y por eso el amor tiene tanto valor»

P. Otro de los temas interesantes que tocas en el ensayo es la monogamia, sobre la que apuntas que «no es un producto natural de nuestra biología». A pesar de ello, incides en que no siempre conviene seguir nuestros instintos, especialmente en este caso.

R. Cuando uno analiza con cierto detalle nuestros impulsos biológicos y nuestros sesgos psicológicos, se da cuenta de algo incómodo: la monogamia permanente —eso de «hasta que la muerte nos separe»— no parece ser, en sentido estricto, una inclinación natural del ser humano. Por ejemplo, antes hemos hablado de mecanismos naturales como la adaptación hedónica, la preferencia por la novedad o el sesgo de negatividad. La combinación de todos ellos, por nombrar solo algunos, explica en gran medida por qué el compromiso a largo plazo resulta tan exigente. De hecho, muchos antropólogos señalan que, si miramos el conjunto de la historia humana, este tipo de relación exclusiva y permanente no es la norma, sino más bien la excepción.

Enamorarse es algo natural, pero elegir amar a alguien para siempre y de manera incondicional es algo que trasciende lo natural. En el fondo, las cosas más valiosas de la vida —como el amor comprometido— no son simplemente el resultado de nuestros instintos, sino de nuestras decisiones. Y precisamente por eso tienen tanto valor

Ahora bien, que algo no sea «natural» no significa que no sea deseable. De hecho, lo más humano muchas veces consiste precisamente en no dejarnos llevar por nuestros impulsos inmediatos o nuestra naturaleza. No hay nada más natural que seguir lo que uno siente en cada momento, pero si lo único que haces es lo que te pide el cuerpo, lo más probable es que acabes teniendo serios problemas.

La tasa bruta de nupcialidad, que mide los matrimonios por cada 1.000 habitantes, se ha reducido a la mitad desde 1976
La tasa bruta de nupcialidad, que mide los matrimonios por cada 1.000 habitantes, se ha reducido a la mitad desde 1976

Lo más humano, muchas veces, consiste en trascender lo natural. La venganza, por ejemplo, es natural; el perdón, sin embargo, va más allá de lo natural. Huir ante el peligro es lo natural; decidir enfrentarte a él para salvar a otra persona va más allá de lo natural. Igualmente, enamorarse es algo natural, pero elegir amar a alguien para siempre y de manera incondicional es algo que trasciende lo natural. En el fondo, las cosas más valiosas de la vida —como el amor comprometido— no son simplemente el resultado de nuestros instintos, sino de nuestras decisiones. Y precisamente por eso tienen tanto valor

P. Con respecto a lo anterior, ¿qué opinión te merecen las infidelidades? ¿Pueden superarse?

R. Los datos indican que, lamentablemente, son algo muy común. Además, son un fenómeno muy complejo y suelen ser (aunque no siempre) consecuencia de una desconexión emocional y un indicador de problemas más profundos en la relación. A su vez, generan un dolor y una herida muy profunda en quien lo sufre ya que atacan la confianza, que es la base y el fundamento sobre el que se asienta cualquier relación. Por eso, siendo realista, superar una infidelidad no es algo fácil. Sin embargo, y aunque cada caso es diferente, sabemos que cuando se dan determinados requisitos (arrepentimiento genuino, transparencia, validación del dolor del otro, capacidad de perdón, etc.) son muchos los matrimonios que consiguen recomponerse e incluso fortalecerse.

Para superar una infidelidad es necesario que la pareja vuelva a situar el amor en el lugar correcto, es decir, entenderlo como una decisión

No obstante, para que eso ocurra, es necesario volver a situar el amor en el lugar correcto, es decir, entenderlo como una decisión. Porque reconstruir una relación después de algo así no se sostiene solo en lo que uno siente, sino en la decisión de intentar volver a querer al otro, incluso cuando las emociones están muy dañadas. En cualquier caso, creo que lo verdaderamente esencial es evitar llegar ahí (la infidelidad rara vez aparece de la nada), porque reconstruir es posible, pero siempre es mucho más difícil que cuidar lo que ya tienes.

P. A través de ejemplos como el de Charles Darwin —quien hubiera renunciado a todos sus hallazgos y éxitos con tal de pasar sus últimos días con la mujer a la que amó—, afirmas que, a fin de cuentas y a pesar de todas las dificultades, el amor es lo más preciado que tiene el ser humano. ¿Crees que, en la actualidad, nos hemos olvidado de su importancia?

R. Cuando las personas se encuentran en el momento final de su vida, raramente se arrepienten de no haber trabajado más. Lo que aparece una y otra vez es justo lo contrario: todos desean haber dedicado más tiempo a las personas que querían. Y es algo comprensible porque es el amor, y solo el amor, lo que dota de sentido la existencia. Paradójicamente, tu vida cobra sentido en la medida en que seas capaz de encontrar algo (o a alguien) por lo cual estarías dispuesto a perderla. Como afirman aquellos que lo han experimentado, no hay nada más poderoso que el amor incondicional. El problema es que muchas veces pasamos más tiempo y energía intentando que los demás nos quieran en vez de esforzarnos por aprender a amar.

«El concepto de amor se ha devaluado en la actualidad»

P. Como experto en Psicología y Sociología, ¿qué opinas del panorama actual del amor en nuestra sociedad?

R. Una de las claves para entender el panorama actual es que hemos pasado de un modelo de amor basado y sustentado en la entrega y la donación (me entrego a ti para cuidarte y hacerte feliz) a un concepto de amor que se identifica con el sentimiento y la mera satisfacción mutua de necesidades (estoy contigo mientras me sienta enamorado y sienta que me haces feliz).

Hemos pasado de un modelo de amor basado y sustentado en la entrega a un concepto de amor que se identifica con el sentimiento y la mera satisfacción mutua de necesidades

Así, el concepto de amor se ha devaluado hasta convertirse en una realidad autorreferencial. Lo importante en la relación amorosa ha dejado de ser «el otro» y lo único que importa es el impacto que tiene en mí; lo que yo saco de la relación. Y claro, en esta manera de pensar, el compromiso incondicional, base fundamental del matrimonio y que muchas veces implica sacrificio, esfuerzo y renuncia, cada vez tiene menos cabida.

@ecclesiacope El motivo por el que fracasan los matrimonios: "El amor no es sentimiento, sino que se construye" El profesor Miguel Ángel Martín Cárdaba ha dado las claves en 'Ecclesia al día' para elegir a la persona con la que compartir tu vida: "Estabilidad emocional y responsabilidad" #amor❤️ #fe #dios #matrimonio #felices #feliz #religion ♬ sonido original – Ecclesia COPE

Claves para encontrar una buena pareja duradera

P. Por último, ¿podrías darnos algunas de las claves que mencionas en el libro para ayudarnos a encontrar una buena pareja duradera?

R. No todo el mundo está capacitado para establecer y mantener un compromiso, como el matrimonio, por lo que es fundamental saber elegir bien. Además, como hemos dicho, hay que tener en cuenta que lo que muchas veces te atrae o te enamora de otra persona no son necesariamente los rasgos que nos hacen felices en una pareja. Por lo que es fundamental poner las mismas dosis de cabeza que de sentimiento. Afortunadamente, existen multitud de estudios que ya han identificado cuáles son las principales cualidades que predicen el éxito (o el fracaso) en las relaciones de pareja: responsabilidad, estabilidad emocional, flexibilidad, valores compartidos, etc. Aunque en el libro se describen con detalle (e incluso incluyo un checklist muy aplicable), una manera práctica de tenerlas en cuenta puede ser hacerse una serie de preguntas clave sobre la otra persona.

Escoger la esperanza para sobrevivir: Sobre cómo un matrimonio galés se salvó de la ruina caminando 2
Foto: Stuart Simpson | Penguin Books

Por ejemplo: ¿se trata de una persona que comparte mis valores y mis objetivos vitales? ¿Tiende a ver lo bueno de la vida y de las personas o tiende a la queja y a la crítica? ¿Cómo reacciona ante los problemas? ¿Cómo gestiona los conflictos y las discrepancias, especialmente cuando no tienen solución? ¿Es alguien a quien le cuesta perdonar? ¿Puedo ser yo mismo y ser sincero cuando estoy con esa persona? ¿Es fiable? ¿Montaría un negocio con esa persona? ¿Me vale tal y como es ahora o confío en que vaya a cambiar en el futuro? En el libro hay más cuestiones que deberíamos preguntarnos, entre las que destaca: ¿compartimos la misma concepción acerca del amor?

La razón número uno que proporciona la gente para explicar su ruptura es la falta de compatibilidad. Pero, curiosamente, la compatibilidad no es tanto un requisito para el amor como una consecuencia del mismo

Esta última es especialmente relevante porque la razón número uno que proporciona la gente para explicar su ruptura es la falta de compatibilidad. Y es curioso que prácticamente casi todas las parejas experimentan en algún momento, aunque sea breve, la sensación de haberse equivocado al elegir. Esto se explica porque, incluso entre personas muy parecidas, las diferencias siguen siendo constantes. No hay dos personas iguales que vean el mundo igual. Uno siempre es más ordenado que el otro. Uno siempre es más tranquilo que el otro, etc. Pero allí donde hay madurez (no se tienen expectativas irreales) y generosidad (se está dispuesto a cambiar y a adaptarse), las probabilidades de superar cualquier diferencia o «incompatibilidad» se multiplican. En realidad, como decía Alain de Botton, la compatibilidad no es tanto un requisito para el amor como una consecuencia del mismo.

Miguel Ángel Martín Cárdaba es doctor en Comunicación, licenciado en Filosofía y diplomado en Sociología. Profesor visitante en la London School of Economics, enseña Comunicación Persuasiva, Psicología de la Comunicación, Liderazgo y Comportamiento del Consumidor en diversas universidades. También es formador en compañías de ámbito nacional e internacional.

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