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Erich Fromm, filósofo, lo dijo en 1956: «Dar produce más felicidad que recibir porque en el acto de dar está la expresión de la vitalidad»

En una época que banaliza el amor, el sociólogo reivindica que amae exige aprendizaje, disciplina y carácter

Erich Fromm, filósofo, lo dijo en 1956: «Dar produce más felicidad que recibir porque en el acto de dar está la expresión de la vitalidad»

Erich Fromm

En tiempos en los que el amor está mas cuestionado y manido que nunca, la obra de Erich Fromm es más necesaria que nunca. Psicoanalista, filósofo, sociólogo y uno de los grandes representantes del humanismo del siglo XX, alemán dedicó buena parte de su pensamiento a desmontar una idea muy extendida: que amar es algo que simplemente ‘ocurre’. Para él, el amor no era cuestión de suerte, ni de encontrar a la persona adecuada, sino una capacidad que debía desarrollarse con la misma disciplina que cualquier arte. En su obra más influyente, El arte de amar, plantea una tesis que atraviesa toda su reflexión: no se trata de buscar amor, sino de aprender a amar.

Casi no existe actividad o empresa alguna que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor

Desde su publicación en 1956, El arte de amar se convirtió en un fenómeno editorial internacional y en una de las obras más influyentes de Erich Fromm. Traducido a más de 40 de idiomas y con 30 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, el libro trascendió el ámbito académico para instalarse en la cultura popular como una referencia clave sobre las relaciones humanas. Su éxito radica, en gran medida, en la claridad con la que el autor desafía las ideas convencionales sobre el amor, proponiendo una visión exigente pero alcanzable: la de entenderlo no como un golpe de suerte, sino como una habilidad que se aprende y se cultiva. Décadas después, sigue siendo un texto vigente, leído tanto en contextos filosóficos como en el terreno más cotidiano de quienes buscan comprender —y practicar— el amor.

El amor entendido como capacidad

Erich Fromm advierte que uno de los grandes errores modernos consiste en tratar el amor como si fuera algo externo, casi un premio que se obtiene al encontrar a la persona correcta. Esa lógica, dice, reduce el amor a una especie de producto de consumo emocional. Así lo escribe en El arte de amar:

  • «Si una persona ama solo a otra persona y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino un apego simbólico o un egoísmo ampliado».
  • «Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad».
Erich Fromm reflexiona sobre la felicidad
Erich Fromm reflexiona sobre la felicidad. CC

Desde esta perspectiva, amar no es reaccionar ante alguien ‘digno de ser amado’, sino desplegar una facultad interior. El amor, en definitiva, habla más del carácter de quien ama que de la persona amada.

En el amor ocurre la paradoja de que dos seres se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos

Además, Fromm entiende que el amor no puede reducirse a una relación concreta. Es, sobre todo, una orientación global hacia la vida: «El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina la relación de una persona con el mundo como un todo, no con un ‘objeto’ de amor».

Desde esta lógica, quien solo ama a una persona en realidad no ha desarrollado la capacidad de amar, sino una forma de dependencia. El problema, sostiene, no es la falta de oportunidades, sino una confusión profundamente arraigada: creer que amar depende de encontrar a alguien, cuando en realidad depende de quién se es.

La paradoja: ser uno mismo y estar con otro

Uno de los puntos más delicados en la teoría de Fromm es la tensión entre individualidad y unión. El amor maduro no implica perderse en el otro, sino todo lo contrario: mantener la propia identidad mientras se construye un vínculo: «En el amor ocurre la paradoja de que dos seres se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos». Desde esta mirada, el amor no nace de la necesidad, sino de la libertad. Solo quien es capaz de estar solo, sin depender emocionalmente, puede amar sin caer en la posesión o la fusión simbiótica.

La persona que solo es capaz de amar a los demás no puede amar en absoluto… El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser

Asimismo, lejos de entender el amor como sacrificio, Fromm lo vincula con la potencia vital. Dar no significa renunciar, sino expresar lo que uno es: «La persona que solo es capaz de amar a los demás no puede amar en absoluto… El amor a sí mismo está inseparablemente ligado al amor a cualquier otro ser». En este sentido, la incapacidad de dar no es señal de prudencia, sino de pobreza interior. Amar implica tener algo que ofrecer: atención, energía, presencia.

El arte de amar de Erich Fromm
Traducido a más de 40 de idiomas y con 30 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, el libro ‘El arte de amar’ de Erich Fromm sigue más vigente que nunca

Los cuatro pilares del amor como práctica, según Erich Fromm

«Amar a alguien no es simplemente un sentimiento poderoso —es una decisión, es un juicio, es una promesa. Si el amor fuera solo un sentimiento, no habría base para la promesa de amarse eternamente», afirma Erich Fromm, quien identifica cuatro elementos esenciales que sostienen la capacidad de amar, y que no surgen espontáneamente, sino que deben ejercitarse:

  • Cuidado: «El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos».
  • Responsabilidad: entendida como una respuesta voluntaria a las necesidades del otro.
  • Respeto: aceptar al otro tal como es, sin intentar moldearlo.
  • Conocimiento: comprender profundamente a la otra persona.

El obstáculo principal: el narcisismo

Fromm sitúa el mayor impedimento para amar en el narcisismo, entendido como la incapacidad de ver la realidad más allá de uno mismo. «La condición principal para el logro del amor es la superación del propio narcisismo. La orientación narcisista es aquella en la que uno solo experimenta como real lo que existe dentro de sí mismo», afirma. Amar, entonces, exige una transformación: pasar de un mundo centrado en el yo a una apertura genuina hacia los demás.

La condición principal para el logro del amor es la superación del propio narcisismo. La orientación narcisista es aquella en la que uno solo experimenta como real lo que existe dentro de sí mismo

Además, lejos de la idea romántica de que el otro ‘nos hace felices’, Fromm sostiene que el amor nace de una abundancia interior: «El amor es un poder que produce amor; la impotencia es la incapacidad de producir amor. (…) Si puedes decir a otro ‘te amo’, debes poder decir ‘amo en ti a todos, amo a través de ti al mundo, amo en ti también a mí mismo’». El amor, en este sentido, no es una respuesta, sino una fuerza activa.

El amor, una tarea exigente

Erich Fromm reconoce que amar es difícil, ya que exige disciplina, concentración y paciencia en una cultura que promueve lo contrario. Así lo afirma en El arte de amar:

  • «Casi no existe actividad o empresa alguna que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor».
  • «Si quiero llegar a ser un maestro en el arte de amar, debo practicarlo en cada aspecto de mi vida, y no solo cuando estoy con la persona que amo».
  • «Tener fe requiere coraje, la capacidad de aceptar el riesgo, la disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Quien insiste en la seguridad como condición primaria para la vida no puede tener fe; quien se encierra en un sistema de defensa, donde la distancia y la posesión son sus medios de seguridad, se convierte en un prisionero».

Más que una teoría sobre las relaciones, Erich Fromm propone, en realidad, una ética de vida. Amar no es encontrar a alguien, sino convertirse en alguien capaz de amar. Y eso —advierte— no ocurre por casualidad, ya que el amor es una práctica y exige trabajo.

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