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Ana Isabel Sanz, psiquiatra, sobre las sucesivas reconciliaciones de pareja: «Puede ser una forma destructiva de no afrontar las carencias de la relación»

La experta analiza cuándo merece la pena seguir luchando por una relación y cuándo las reconciliaciones no son buenas

Ana Isabel Sanz, psiquiatra, sobre las sucesivas reconciliaciones de pareja: «Puede ser una forma destructiva de no afrontar las carencias de la relación»

Alice Campello y Álvaro Morata se reconcilian... otra vez | Gtres

La reciente reconciliación entre Álvaro Morata y Alice Campello ha vuelto a poner sobre la mesa una situación que viven miles de parejas: relaciones que se rompen, vuelven a empezar, vuelven a romperse… y terminan instaladas en una dinámica de incertidumbre emocional de la que resulta difícil salir.

En el caso de la empresaria italiana y el jugador de fútbol, acumulan ya dos rupturas y dos reconciliaciones. La pareja anunció su primera separación en agosto de 2024, siete años después de su boda y con cuatro hijos en común, con edades comprendidas entre los 4 y los 8 años. Sin embargo, el tiempo pasó y apenas cinco meses más tarde sorprendieron retomando su relación y comenzando una nueva etapa juntos en Turquía. Tras superar aquel bache, regresaron a Italia en 2025, pero en enero de 2026 lo dejaron de nuevo.

Todo apuntaba a que aquella vez la separación sería definitiva, ya que los trámites de divorcio se habían iniciado (y no sabemos si culminado), pero la pareja ha vuelto a sorprender esta semana al confirmar que han decidido volver a intentarlo… otra vez.

Más allá del caso concreto de la pareja, la situación abre un debate que muchas personas se plantean en algún momento de su vida: ¿las segundas y terceras oportunidades funcionan realmente o existe un momento en el que insistir deja de ser amor para convertirse en miedo a la ruptura? Para poder responde a todo esto, en THE OBJECTIVE hablamos con la reputada psiquiatra Ana Isabel Sanz, especialista en terapia de pareja y familiar.

Ana Isabel Sanz, psiquiatra especialista en terapia de pareja: «Las reconciliaciones reiteradas tienen un bajo porcentaje de éxito»

La respuesta, nos cuenta la Dra. Sanz, no es sencilla, ya que «no todas las reconciliaciones son iguales ni todas responden a los mismos motivos». No obstante, es clara: «Las oportunidades reiteradas tienen un bajo porcentaje de éxito, especialmente cuando terminan convirtiéndose en una mala rutina que revela cierta dependencia más que amor, generosidad y capacidad de comprensión de los posibles errores del otro», explica.

Las reconciliaciones sucesivas suelen indicar que los conflictos reales no se han abordado en profundidad

Según la especialista, muchas parejas vuelven porque «siguen existiendo sentimientos», pero también porque «resulta difícil afrontar el dolor que supone una separación definitiva». La Dra. Sanz cita como ejemplos el miedo a la soledad, el temor al cambio, la nostalgia de los buenos momentos o la idealización de la relación, que «pueden empujar a retomar una historia que, en realidad, sigue manteniendo los mismos problemas que provocaron la ruptura».

El componente estimulante, el ‘subidón’ de la reconciliación puede convertirse en un motor que cronifica una forma progresivamente destructiva de no afrontar las carencias profundas de esa relación emocional”

«Las reconciliaciones sucesivas suelen indicar que los conflictos reales no se han abordado en profundidad. Lo que provoca el reencuentro tiene muchas veces más que ver con la nostalgia de los momentos positivos o con el temor a afrontar la ruptura que con una verdadera solución de los problemas», señala.

Cuando volver se convierte en una rutina y cronifica el conflicto

Uno de los fenómenos que más observan los especialistas es que algunas parejas desarrollan una dinámica cíclica de separación y reconciliación que termina cronificando el conflicto.

«La ruptura genera sufrimiento. La reconciliación aporta alivio. Y ese alivio emocional puede convertirse en una recompensa tan intensa que impida afrontar aquello que realmente está fallando», afirma la Dra. Ana Isabel Sanz. «El componente estimulante, el ‘subidón’ de la reconciliación puede convertirse en un motor que cronifica una forma progresivamente destructiva de no afrontar las carencias profundas de esa relación emocional», explica.

Lo que provoca el reencuentro tiene muchas veces más que ver con la nostalgia de los momentos positivos o con el temor a afrontar la ruptura que con una verdadera solución de los problemas

Sin embargo, detrás de ese aparente reencuentro suele mantenerse una sensación permanente de inseguridad. La pareja nunca termina de confiar plenamente en la estabilidad del vínculo y vive bajo la amenaza constante de una nueva ruptura: «Lo que suele generarse es una sensación continua de inseguridad sobre la solidez de la relación que contribuye a aumentar la ansiedad, el desgaste emocional y la acumulación de reproches», añade la psiquiatra.

alice campello álvaro morata amante
Álvaro Morata y Alice Campello en septiembre de 2024, durante su primera crisis matrimonial pública. | Europa Press

Crisis de pareja, relación dañina o dependencia emocional

No todas las dificultades de pareja son una señal de que la relación está condenada al fracaso. De hecho, las crisis forman parte de la evolución normal de muchas relaciones. Para la Doctora, la diferencia está en cómo se afrontan esos momentos de dificultad.

«En una crisis de pareja sigue existiendo respeto, sinceridad e interés por el bienestar mutuo. Ambos miembros intentan comprender qué ha dejado de funcionar y buscan recuperar un equilibrio que tenga en cuenta las necesidades de los dos», explica la Dra. Sanz.

Cuando una pareja rompe y vuelve varias veces suele generarse es una sensación continua de inseguridad sobre la solidez de la relación que contribuye a aumentar la ansiedad, el desgaste emocional y la acumulación de reproches

El problema aparece cuando la relación comienza a estar marcada por dinámicas de control, manipulación o desequilibrio emocional: «Las relaciones dañinas suelen caracterizarse por un creciente desequilibrio de poder. Uno de los miembros intenta imponer sus necesidades mediante diferentes estrategias mientras la otra persona se siente cada vez más dependiente y menos segura de sí misma».

En estos casos, la reconciliación no siempre responde a una mejora real de la relación, sino a la dificultad para romper una dinámica de dependencia emocional.

El impacto cuando hay hijos: «Puede transmitir a los menores una sensación de inseguridad»

Cuando existen hijos, estas situaciones adquieren una dimensión adicional. La Dra. Ana Isabel Sanz insiste en que no se puede generalizar y que cada familia vive estos procesos de forma diferente. Sin embargo, reconoce que las rupturas y reconciliaciones continuas pueden convertirse en una fuente de incertidumbre para los menores: «Aunque no siempre ocurre, esta dinámica puede transmitir a los hijos una sensación de inseguridad en sus futuras vidas de pareja y generar angustia mientras atraviesan la crisis de sus progenitores».

No obstante, el impacto dependerá en gran medida de cómo los adultos gestionen el conflicto. Los especialistas coinciden en que los menores no deberían verse obligados a tomar partido ni convertirse en confidentes emocionales de ninguno de los padres. Cuando los hijos reciben explicaciones coherentes, perciben que siguen siendo protegidos y comprenden que el conflicto pertenece exclusivamente a los adultos, las consecuencias suelen ser menores.

Alice Campello y Álvaro Morata
Alice Campello y Álvaro Morata. Gtres

«El que esta experiencia se convierta en una fuente de vulnerabilidad o, por el contrario, en un aprendizaje de resiliencia depende en gran medida de la actitud de los progenitores y de su capacidad para proteger emocionalmente a los hijos durante el proceso», señala la experta.

Entonces, ¿cuándo merece la pena volver?

Para la Dra. Ana Isabel Sanz, una reconciliación solo tiene posibilidades reales de funcionar cuando ambos miembros de la pareja asumen su responsabilidad en los conflictos y existe una voluntad sincera de cambio.

«No se puede partir de que uno es el culpable y otro la víctima. Debe existir capacidad de escucha, empatía y un compromiso real para modificar aquellos patrones que han llevado repetidamente al conflicto», matiza.

Volver, como vemos, no siempre es un error. «Pero cuando la reconciliación sirve únicamente para evitar el dolor de la ruptura y no para resolver aquello que la provocó, muchas parejas no están solucionando el problema: simplemente lo están aplazando», concluye.

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