Nicolás Salcedo, psicólogo: «Las personas inteligentes se están friendo el cerebro simplemente para poder dormir»
El experto alerta sobre una tendencia cada vez más extendida en personas con altas capacidades

Las personas inteligentes buscan caer rendidas para 'anestesiar' su mente y poder dormir | Freepik
Dormir debería ser uno de los procesos más naturales del ser humano. Sin embargo, para muchas personas —sobre todo, inteligentes— se ha convertido en una guerra contra su propia mente. Pensamientos recurrentes, preocupación constante por el futuro, análisis incesante de los problemas y una sensación de impotencia ante lo que ocurre en el mundo son algunos de los factores que dificultan el descanso de miles de personas cada noche. Sobre este fenómeno ha reflexionado el psicólogo Nicolás Salcedo, quien ha relacionado la inteligencia con la incapacidad para poder descansar.
«Las personas inteligentes se están friendo el cerebro», ha dicho en un vídeo de sus redes sociales. Una afirmación provocadora con la que describe una realidad que observa cada vez con más frecuencia en consulta. Según ha explicado el especialista, «hay numerosas personas con problemas psicológicos que se están friendo el cerebro para poder callar sus pensamientos» y poder dormir. En lugar de afrontar el malestar emocional o aprender a convivir con determinadas preocupaciones, muchas personas recurren a estímulos constantes para agotar su mente antes de irse a la cama.
El círculo de la sobreestimulación mental en las personas inteligentes
Salcedo sostiene que las personas más inteligentes tienen una elevada capacidad de análisis, lo que les permite detectar patrones, contradicciones y problemas que pasan desapercibidos para otros. Esta hiperconciencia puede convertirse en una fuente constante de estrés psicológico.
«Al tener un mayor grado de consciencia y al reconocer muchos patrones en los problemas globales que están ocurriendo, este tipo de personas están optando por hacer scroll en redes sociales o distraerse hasta que acaban tan cansados que se van a dormir sin pensar», explica.
Es decir, para callar su mente, las personas inteligentes pasan horas en Instagram o TikTok, o ven series en la televisión, cada noche, hasta que acaban rendidos. Y les funciona, pero tiene consecuencias negativas. Una de ellas es que es la pescadilla que se muerde la cola pues la ciencia ha demostrado que el uso excesivo de dispositivos electrónicos y redes sociales antes de acostarse se relaciona con una peor calidad del sueño y más dificultades para conciliarlo.
Inteligencia, rumiación y riesgo de depresión
Uno de los aspectos más interesantes de la reflexión de Salcedo tiene que ver con la relación entre inteligencia y salud mental: «A nivel psicológico esto tiene mucho sentido, ya que sabemos que las personas más inteligentes tienden a tener problemas de depresión. No es fácil ser consciente de todo lo que está pasando y vivir con la impotencia de no poder hacer nada».
Al distraerte con otras cosas hasta caer rendido, estás evitando un malestar que no puedes gestionar y estás cronificando todo ello, porque tu mente siempre va a ganar y tendrás que callarla de formas cada vez más fuertes
Aunque la relación entre inteligencia y depresión sigue siendo objeto de debate científico, sí existe abundante evidencia sobre el impacto de la rumiación mental. Un metaanálisis publicado en Clinical Psychology Review concluyó que la tendencia a analizar repetidamente los problemas sin encontrar soluciones constituye uno de los principales factores de vulnerabilidad para la ansiedad y la depresión.
La rumiación provoca que la mente quede atrapada en bucles de pensamiento difíciles de detener. Muchas personas dedican horas a reflexionar sobre acontecimientos globales, problemas personales o escenarios futuros sin llegar a ninguna conclusión práctica, lo que aumenta su sensación de impotencia.

De hecho, el propio psicólogo ha advertido en otras ocasiones sobre los riesgos de intelectualizar en exceso las emociones. Comprender racionalmente un problema no siempre implica procesarlo emocionalmente, y esa desconexión puede terminar afectando al bienestar psicológico.
Cuando distraerse se convierte en una forma de evitación
Para Salcedo, el problema no es únicamente pensar demasiado, sino la forma en que muchas personas intentan silenciar esos pensamientos: «Pero al distraerte con otras cosas hasta caer rendido, estás evitando un malestar que no puedes gestionar y estás cronificando todo ello, porque tu mente siempre va a ganar y tendrás que callarla de formas cada vez más fuertes».
El psicólogo se refiere a la evitación experiencial, que consiste en intentar escapar constantemente de emociones, pensamientos o sensaciones desagradables en lugar de afrontarlos o aceptarlos. Una revisión publicada en Behaviour Research and Therapy concluyó que esta estrategia puede proporcionar alivio momentáneo, pero suele aumentar el sufrimiento psicológico a largo plazo.
Los investigadores han comprobado además que intentar bloquear determinados pensamientos puede producir el efecto contrario, ya que, normalmente, cuanto más esfuerzo realiza una persona por no pensar en algo, más probable es que esa idea regrese con mayor intensidad.
Buscar estímulos cada vez más intensos
Salcedo va un paso más allá y plantea una cuestión que considera preocupante: «Esto explica también por qué personas inteligentes están consumiendo cada vez más drogas recreativas. Por eso en terapia trabajamos la aceptación: no para que te resignes, sino para que puedas vivir a pesar de que el mundo no sea un lugar tan justo. Y para que puedas tomar acción, por pequeña que sea, sin sentirte abrumado. De lo contrario, estás dejando que el sistema gane y que te envuelva más en su cultura de evitación al malestar».
Aunque el consumo de sustancias responde a múltiples causas, los especialistas coinciden en que muchas conductas adictivas tienen un elemento común: la búsqueda de alivio inmediato frente al malestar emocional. Por ello, enfoques terapéuticos como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) proponen una estrategia diferente. En lugar de intentar eliminar los pensamientos molestos o desagradables, enseñan a relacionarse con ellos de una forma más saludable, evitando que condicionen por completo la conducta diaria.
Dormir no significa apagar el cerebro
Otro aspecto relevante es que la solución no pasa por anestesiar la mente. La neurociencia ha demostrado que el cerebro continúa desarrollando funciones esenciales durante el sueño. Un estudio publicado en Current Biology por investigadores de la Universidad de California reveló que la falta de sueño incrementa hasta un 60% la actividad de la amígdala cerebral, la región implicada en el procesamiento de las emociones negativas.
Asimismo, un trabajo publicado en la revista Science descubrió el llamado sistema glinfático, una red encargada de eliminar residuos metabólicos acumulados en el cerebro durante el día. Los investigadores comprobaron que esta limpieza cerebral se produce principalmente mientras dormimos. Estos hallazgos refuerzan la importancia de un descanso adecuado no solo para la salud física, sino también para el equilibrio emocional y cognitivo.

La importancia de aprender a convivir con la incertidumbre
En una sociedad hiperconectada, en la que las noticias, las redes sociales y la información están disponibles las 24 horas del día, resulta cada vez más difícil desconectar. Sin embargo, los expertos recuerdan que el bienestar psicológico no depende de controlar todos los problemas del mundo, sino de aprender a actuar sobre aquello que sí está en nuestras manos.
La aceptación no implica resignación ni indiferencia, sino reconocer que existen circunstancias que escapan a nuestro control sin dejar que ello paralice nuestra vida. Precisamente esa es la idea que Nicolás Salcedo transmite cuando habla de personas que se refugian en las distracciones para evitar enfrentarse a sus pensamientos. Un hábito que es, como señala el psicólogo, negativo a la larga. Lo bueno es que se puede tratar en terapia: «Toda pequeña acción cuenta, tanto para lo bueno como para lo malo, así que intenta no freírte el cerebro».
