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Pitágoras, filósofo, ya lo avisó hace 2.500 años: «Antes de dormir, examina bien todo lo que has hecho en el día y pregúntate en qué has fallado»

Entre todas las prácticas del pitagorismo, una de las más llamativas es la importancia de revistar nuestros propios actos

Pitágoras, filósofo, ya lo avisó hace 2.500 años: «Antes de dormir, examina bien todo lo que has hecho en el día y pregúntate en qué has fallado»

Pitágoras y la importancia del examen de conciencia | TO/ M.P.

«No permitas que el sueño cierre tus ojos después de acostarte, sin haber examinado cada una de tus acciones del día: ‘¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?’». Solemos leer esta frase atribuida a Pitágoras de Samos en numerosos vídeos divulgativos, libros y post de redes sociales. Y es posible que el filósofo la dijera, pero como no dejó ningún escrito, siempre nos quedará la duda.

De hecho, tal y como te contamos en THE OBJECTIVE, todo lo que sabemos sobre Pitágoras procede de referencias indirectas y de biografías redactadas siglos después de su muerte. Las fuentes más extensas sobre su vida fueron escritas entre siete y ocho siglos más tarde por autores como Diógenes Laercio, Porfirio y Jámblico. Incluso estos autores reconocían las dificultades para separar los hechos históricos de la leyenda que ya rodeaba al filósofo en la Antigüedad.

Aun así, la ausencia de textos no significa que el pensamiento pitagórico se haya perdido. Gracias a la tradición de la escuela y a diversas recopilaciones posteriores, los especialistas han podido reconstruir las principales ideas éticas asociadas al pitagorismo. Buena parte de estas enseñanzas han llegado hasta nosotros a través de los llamados Versos de Oro, una colección de máximas morales tradicionalmente vinculadas a la escuela de Pitágoras.

Pitágoras y el examen diario de conciencia

Entre todas las prácticas asociadas al pitagorismo, una de las más llamativas es la importancia de revistar diariamente nuestros propios actos: «No permitas que el sueño cierre tus ojos después de acostarte, sin haber examinado cada una de tus acciones del día: ¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?».

Esta recomendación, recogida en los Versos de Oro, invita a realizar un balance moral antes de dormir. Para los pitagóricos, la serenidad no surgía de ignorar los errores, sino de reconocerlos. Revisar las acciones del día permitía identificar conductas inadecuadas, reforzar las decisiones acertadas y avanzar gradualmente hacia una vida más virtuosa.

Aunque el origen de esta práctica se remonta a la comunidad pitagórica del siglo VI a.C., el texto que ha llegado hasta nosotros fue fijado por escrito varios siglos después, probablemente entre los siglos III a.C. y I d.C. Es decir, aunque estas enseñanzas nacieron hace más de 2.500 años, los documentos que las preservaron tienen una antigüedad de entre 2.100 y 2.300 años.

La ciencia ha demostrado que funciona

Esta antigua costumbre encuentra ciertos paralelismos con algunas investigaciones. Una de las más llamativas es la que realizó, en la década de 1980, el psicólogo estadounidense James W. Pennebaker, quien estudió los efectos de la llamada escritura expresiva, una técnica basada en dedicar unos minutos a reflexionar y escribir sobre pensamientos, emociones y experiencias personales. Sus investigaciones pioneras demostraron que este tipo de ejercicios se asociaba con mejoras tanto en el bienestar psicológico como en algunos indicadores de salud física.

En la misma línea, una revisión publicada en Advances in Psychiatric Treatment halló que escribir sobre acontecimientos emocionalmente significativos se relaciona con una reducción del estrés y mejoras en el bienestar psicológico. Según los autores, este tipo de ejercicios ayudan a reorganizar cognitivamente las experiencias difíciles y a otorgarles un mayor sentido. Además, una revisión bibliométrica publicada en Frontiers in Psychology analizó cuarenta años de investigación sobre escritura expresiva y concluyó que puede mejorar el afrontamiento del estrés, la regulación emocional y la salud mental.

Los psicólogos lo recomiendan: «La autorreflexión nos permite saber el tipo de persona que queremos ser»

La importancia de detenerse a reflexionar sobre la propia conducta, como defendía Pitágoras, también ha sido puesta en relieve por expertos de renombre. Uno de ellos es el psiquiatra español Enrique Rojas, uno de los mayores referentes de la divulgación en salud mental en nuestro país, quien afirma que el autoconocimiento constituye uno de los pilares de la madurez psicológica y una herramienta fundamental para orientar la conducta y tomar decisiones coherentes con los propios valores.

El psicólogo español Rafael Santandreu, autor de Las gafas de la felicidad, también asegura que gran parte del bienestar psicológico depende de nuestra capacidad para analizar críticamente nuestros pensamientos y corregir aquellas creencias que nos generan sufrimiento innecesario. «Casi todo reside en nuestra mente», ha señalado en distintas entrevistas, insistiendo en la necesidad de revisar cómo interpretamos lo que nos sucede para desarrollar una mayor fortaleza emocional.

En la misma línea, encontramos la tesis de la psicóloga Laura Rojas Marcos: «El cerebro funciona mejor para tomar decisiones si escribes el reto y lo divides por pasos». Una estrategia que, según la experta, ayuda a organizar pensamientos y afrontar con mayor claridad la incertidumbre.

Esta opinión es compartida por la psicóloga Carla Marie Manly, quien afirma que la autorreflexión «nos permite considerar nuestros valores y el tipo de persona que queremos ser», favoreciendo una mayor coherencia entre nuestras acciones y nuestros principios. Según explica en Psychology Today, detenerse a examinar la propia conducta ayuda a desarrollar autoconciencia y a tomar decisiones más alineadas con nuestros objetivos vitales.

Aunque los pitagóricos concebían este examen diario como un ejercicio ético destinado a cultivar la virtud, muchos profesionales de la salud mental e investigaciones científicas coinciden hoy en que la reflexión estructurada puede mejorar el autoconocimiento, favorecer la regulación emocional y ayudar a identificar patrones de comportamiento que conviene reforzar o modificar. En otras palabras, preguntarse cada noche qué hemos hecho bien o en qué hemos fallado sigue siendo, más de dos mil años después, una práctica con potencial para mejorar en todos los niveles y, sobre todo, conocernos mejor a nosotros mismos.

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