José Manuel Felices, médico: «Te estás destrozando las cervicales si usas este cojín para dormir en un viaje, pero no porque sea malo, sino que lo utilizas mal»
«No es postureo, es anatomía», indicó sobre un elemento fundamental para descansar en los viajes

Gente en un avión. | Pexels
Con la llegada del verano se multiplican los viajes, especialmente los de muchas horas y con avión de por medio. Merecidas vacaciones, sí, aunque también con algunos peajes que debemos pagar cuando recorremos largas distancias por aire. Dormir en un avión, de lo que ya te hemos hablado en THE OBJECTIVE, es casi un arte.
Saber cómo, cuándo y dónde intentar conciliar el sueño para evitar el temido jet lag, por ejemplo, o cómo aprovechar esas horas surcando los cielos es fundamental para maximizar las vacaciones. Por eso, raro es el kit que subimos a bordo de un avión que no tiene, por ejemplo, un antifaz o el clásico cojín cervical.
Un elemento que está presente en la mayor parte de las rutinas de los viajeros más avezados y que, cuando no tenemos tanta familiaridad con las largas distancias, puede pasarnos factura. Aunque parezca un elemento trivial y creas que con una chaqueta sobre el hombro solucionarás tus cabezadas a 10.000 metros de altitud, la realidad es bastante más terca.
Sin embargo, hasta algo tan aparentemente simple como un cojín cervical tiene, en cierto modo, instrucciones de uso. Suena absurdo, ¿verdad? ¿Qué clase de instrucciones harían falta para dormir en un avión o colocar correctamente este tipo de cojines? Pues, aunque no lo parezca, las tiene. Por eso, no está de más prestar atención a los comentarios que el doctor José Manuel Felices compartió en su cuenta de Instagram sobre cómo usar este tipo de almohadas.
Cómo usar bien un cojín cervical cuando vuelas en avión
Puede que tengas claro que estos cojines cervicales son fundamentales en un avión. La sensación de no tenerlo, probablemente, te haya jugado más de una mala pasada a bordo. ¿Has sentido ese tirón en tu cuello al notar cómo la cabeza, por su propio peso, se iba hacia delante? Si es tu caso, sigue leyendo.
No estamos hechos para dormir de pie o sentados, la verdad sea dicha. Necesitamos reposar la cabeza de alguna manera para conseguir tener a nuestras cervicales contentas y no someterlas a un estrés innecesario. Justo lo que sucede cuando damos esos cabezazos a bordo y que, si se usa bien, se puede evitar con un cojín cervical.
Sin embargo, José Manuel Felices dejó una pregunta en el aire, quizá nunca mejor dicho: «¿Te estás destrozando las cervicales por usar este cojín?». Y la respuesta es que sí, aunque «no porque sea malo, sino porque lo estás usando mal». En este sentido, el doctor explicó que «la mayoría de las personas lo llevan así». Es decir, «abierto por delante y mullidito detrás del cuello».
Hasta aquí, aparentemente, nada ilógico. Si parece una almohada, habrá que usarlo como una almohada, ¿no? Pues nada más lejos de la realidad, insistió. «Así no sirve para nada», sintetizó para explicar cómo debe ir este tipo de cojines: con «la abertura hacia atrás y la parte acolchada delante».
De esta manera, se puede «evitar el latigazo cervical cuando nos quedamos durmiendo en un avión». Por eso, concluyó, «no es postureo, es anatomía», recordando que este tipo de cojines «están diseñados para, en ese momento, recogerte la cabeza». Por eso, la realidad es que «te estás destrozando las cervicales si usas este cojín para dormir en un viaje», aunque no por «porque sea malo sino que lo utilizas mal».
Dormir y volar: dos caras de una misma moneda

A menudo, cuando hablamos de volar y de recorrer grandes distancias, también tenemos claro que hay que intentar mantener ciertas higienes del sueño a bordo. Una de ellas, que recordó también el doctor David Callejo, es que hay que evitar el consumo de determinados fármacos para dormir en un avión. Es decir, si tienes que tomar algo, que sea lo que prescribe un médico y que «no sea la caja que le sobró a un amigo».
A partir de ahí, hay ciertos trucos que nos pueden venir bien, sobre todo si comprendemos que no debemos hacer lo mismo yendo al oeste que yendo hacia el este. De hecho, la ciencia advierte de esa asimetría caprichosa. Si viajamos desde España al oeste, como puede ser América, lo conveniente es no dormirnos en el avión según embarquemos, aunque cojamos un vuelo vespertino o nocturno. Lo recomendable en ese escenario sería que nos pusiéramos a dormir cuando fueran alrededor de las diez u once de la noche en el destino al que vayamos, durmiendo unas cinco o seis horas mientras volamos.
En el caso asiático, la cosa cambia. Viajar hacia el este nos perturba más porque vamos contrarreloj. Por eso, vayas a la parte que vayas de Asia o de Oceanía, la recomendación sería intentar dormirnos en el avión lo antes posible y, si en el tramo final del vuelo ya es de día en tu destino, procurar estar despierto. Lo recomendable en este ejemplo es que acumulemos el máximo de horas de sueño posible mientras volamos.
Evidentemente, y como hemos explicado en ocasiones, nada de alcohol a bordo para coger el sueño. Algo que, incluso, advierte la Universidad de Harvard. Es cierto que ayuda a conciliar ese primer descanso, pero la realidad empírica es que, además de deshidratarnos, también genera un sueño fragmentado que no es de calidad, por lo que nos hará más mal que bien cuando viajemos.
