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Séneca, filósofo, ya reveló en su carta 23 cómo conseguir la felicidad: «La verdadera alegría no nace de los bienes o el éxito, sino de un estilo de vida sosegado y coherente»

Hace dos mil años, el estoico explicó por qué la verdadera felicidad no depende de la suerte, sino de nosotros mismos

Séneca, filósofo, ya reveló en su carta 23 cómo conseguir la felicidad: «La verdadera alegría no nace de los bienes o el éxito, sino de un estilo de vida sosegado y coherente»

La felicidad y a la alegría, según Séneca | Freepik / M.P.

Pocas obras de la Antigüedad han envejecido tan bien como las Cartas morales a Lucilio (Epistulae Morales ad Lucilium), escritas por Lucio Anneo Séneca, uno de los filósofos más influyentes del estoicismo.

Séneca no fue únicamente un pensador. También fue abogado, dramaturgo, senador y consejero del emperador Nerón. Vivió en el centro del poder del Imperio romano y conoció la riqueza, el prestigio, el exilio y, finalmente, la condena a muerte. Esa experiencia vital ha convertido su filosofía en algo más que una teoría, pues sus reflexiones son de alguien que tuvo que poner a prueba sus ideales tanto cuando le iba bien como cuando encadenaba fracasos de todo tipo.

La verdadera alegría nace de una buena conciencia, de nobles propósitos, de acciones rectas, del desprecio por los caprichos de la fortuna y de un modo de vivir tranquilo y constante

Sus Cartas a Lucilio fueron escritas durante los últimos años de su vida y están dirigidas a Lucilio Junior, un amigo y administrador romano interesado en la filosofía. Aunque adoptan la forma de correspondencia privada, en realidad son un auténtico manual para aprender a vivir y lograr la felicidad. A lo largo de 124 cartas, Séneca reflexiona sobre la muerte, el miedo, el tiempo, la riqueza, la amistad, la libertad, el sufrimiento y, sobre todo, la felicidad.

Su influencia ha sido enorme. Filósofos como Montaigne, Descartes, Schopenhauer o Nietzsche leyeron y comentaron sus escritos, y muchas de sus ideas siguen apareciendo hoy en libros de psicología, desarrollo personal e incluso en la terapia cognitivo-conductual, que comparte con el estoicismo la importancia de controlar nuestros juicios más que las circunstancias externas.

Entre todas sus epístolas, destaca la Carta 23, titulada Sobre la verdadera alegría, en la que Séneca responde a una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿dónde se encuentra la felicidad? Su respuesta: la felicidad no depende de la suerte, del dinero, del éxito o del reconocimiento, sino del carácter y de la forma en que gobernamos nuestra propia mente.

La felicidad comienza cuando dejamos de buscarla fuera

Séneca establece uno de los principios fundamentales del estoicismo: «El fundamento de una buena disposición del alma consiste en no alegrarse por cosas vanas». Con ello no pretende condenar los bienes materiales o los placeres cotidianos: lo que critica es convertirlos en la base de nuestra felicidad.

Todo aquello que depende del azar —la riqueza, la fama, la salud, el prestigio o incluso la opinión de los demás— puede desaparecer en cualquier momento. Si nuestra alegría depende exclusivamente de esas cosas, también desaparecerá con ellas. Así, para Séneca, la felicidad debe construirse sobre algo que nadie pueda arrebatarnos: nuestra virtud y nuestro modo de vivir: «Ante todo, mi querido Lucilio, haz esto: aprende a alegrarte», escribe en la carta 23.

Séneca dejó por escrito muchos consejos sobre felicidad que podemos aplicar hoy estoicismo
Séneca dejó por escrito muchos consejos sobre felicidad que podemos aplicar hoy. Foto: Turismo de Córdoba

La alegría puede aprenderse

Séneca no dice que la alegría llegue sola ni que dependa de tener buena suerte, sino que afirma que es algo que puede aprenderse. En el pensamiento estoico, la felicidad no es un premio reservado a unos pocos afortunados, sino que es el resultado de educar el carácter, dominar las pasiones y distinguir entre aquello que depende de nosotros y aquello que no. En otras palabras, la alegría no es una emoción pasajera: es, más bien, una forma de vivir.

Si aprendes a ser feliz puedes superar lo que sea

«¿Crees que te privo de muchos placeres al apartarte de las cosas que dependen del azar…? Al contrario: no quiero que nunca te falte la alegría. Quiero que nazca en tu propia casa; nace allí, si nace dentro de ti mismo», añade en la carta.

Esta metáfora de la «propia casa» resume perfectamente la filosofía estoica. Mientras la mayoría de las personas buscan la felicidad fuera de sí mismas, Séneca invita a construirla desde dentro. Es una idea revolucionaria porque desplaza el centro de gravedad de la vida. Es decir, no somos felices porque las circunstancias sean favorables, sino que somos capaces de afrontar las circunstancias porque hemos aprendido a ser felices.

La diferencia entre parecer feliz y ser realmente feliz

Séneca observa algo que sigue ocurriendo dos mil años después: «Las demás alegrías no llenan el pecho; sólo relajan el rostro y son ligeras». El filósofo argumenta que hay alegrías superficiales (como una buena noticia, una compra, un viaje…), pero que todas ellas solo producen satisfacción y duran poco. Son, a fin de cuentas, emociones intensas pero inestables.

La verdadera alegría, en cambio, transforma la persona. El estoico afirma que esta alegría no necesita manifestarse constantemente mediante risas o entusiasmo, que puede vivirse incluso en medio de un drama personal. Por eso Séneca distingue entre quien simplemente sonríe y quien posee paz interior.

Séneca argumenta que hay alegrías superficiales (como una buena noticia, una compra, un viaje…), pero que todas ellas solo producen satisfacción y duran poco. Son, a fin de cuentas, emociones intensas pero inestables. La verdadera alegría, en cambio, transforma la persona.

«Créeme: la verdadera alegría es una cosa seria», escribe al respecto, refiriéndose a que la alegría o felicidad auténtica nace cuando una persona sabe que está viviendo conforme a sus principios. Por eso Séneca continúa preguntando: «¿Crees que alguien puede despreciar la muerte, abrir su puerta a la pobreza, contener los placeres y ejercitarse en soportar el sufrimiento con una sonrisa superficial?» La respuesta es no, ya que, para él, la alegría nace de la fortaleza, la serenidad y la tranquilidad de quien sabe que no depende del azar para ser más o menos feliz.

El único bien que nadie puede quitarnos

En la carta 23, Séneca también explica que lo verdaderamente importante está en las profundidades de nuestro propio ser: «Las cosas que deleitan al vulgo producen una alegría débil y superficial; cualquier alegría que viene de fuera carece de fundamento. La alegría de la que hablo es sólida y crece más profundamente en el interior».

El filósofo no critica el placer, sino a quienes creen que este puede marcar la felicidad. El estoico romano recuerda que los bienes y la fortuna son cambiantes, y que la alegría interior, en cambio, es permanente y nos acompaña incluso cuando nuestro mundo exterior está patas arriba.

Por eso, Séneca recomienda buscar la alegría y la felicidad en uno mismo: «Mira hacia el verdadero bien y alégrate de lo que es tuyo. ¿Y qué es lo tuyo? Tú mismo, y la mejor parte de ti». ¿Y qué significa «la mejor parte»? Para el estoicismo es la razón, la conciencia y el carácter, ya que podemos controlar nuestras decisiones, nuestra honestidad, nuestra justicia y nuestra capacidad para actuar correctamente. Ahí reside, según Séneca, la verdadera libertad.

La definición de felicidad, según Séneca

Quizá el pasaje más importante de toda la carta sea el siguiente: «La verdadera alegría nace de una buena conciencia, de nobles propósitos, de acciones rectas, del desprecio por los caprichos de la fortuna y de un modo de vivir tranquilo y constante». Cada una de estas expresiones resume un aspecto esencial del pensamiento estoico:

  • Buena conciencia: vivir sin tener que esconderse de uno mismo.
  • Nobles propósitos: orientar la vida hacia objetivos dignos y no hacia caprichos pasajeros.
  • Acciones rectas: la felicidad depende de cómo actuamos, no sólo de cómo nos sentimos.
  • Desprecio de la fortuna: aceptar que muchas cosas escapan a nuestro control.
  • Vida tranquila y constante: cultivar una estabilidad emocional que no cambie con cada éxito o fracaso.

Séneca tenía la costumbre de terminar muchas de sus cartas citando a otros filósofos, especialmente a Epicuro. Con ello quería demostrar que la verdad no pertenece a ninguna escuela filosófica. La Carta 23 concluye con esta reflexión: «Es molesto comenzar siempre a vivir». Y añade: «Viven mal quienes siempre están empezando a vivir, porque su vida siempre está incompleta». Con ello, el filósofo anima a que vivamos sin esperar al momento ideal, ya que este solo se encuentra en el presente. Séneca lo deja claro: la felicidad nunca puede comenzar mañana ni depender de lo externo, sino que empieza hoy mismo si decidimos llevar un estilo de vida estoico.

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