Luis Muiño, psicoterapeuta, sobre alcanzar la felicidad: «Crecemos pensando que la vida es justa y el esfuerzo se recompensa, pero hay que aceptar que es una trola»
La vida no siempre es justa, el esfuerzo no garantiza recompensas y existen factores que nunca podremos controlar

Luis Muiño | Instagram
La búsqueda de la felicidad suele estar rodeada de ideas preconcebidas que muchas personas asumen como verdades absolutas. Desde la infancia, se nos enseña que si nos esforzamos lo suficiente, las cosas acabarán saliendo bien y que la vida, de algún modo, recompensa a quienes actúan correctamente. Sin embargo, para el psicoterapeuta Luis Muiño, esta creencia puede convertirse en una fuente de frustración cuando la realidad no responde a esas expectativas.
«Crecemos pensando que la vida es justa y el esfuerzo se recompensa, pero hay que aceptar que es una trola», afirma el experto. Una reflexión que invita a cuestionar uno de los mensajes más arraigados en nuestra cultura y que, según explica, puede estar detrás de buena parte del malestar emocional que experimentan muchas personas en la edad adulta.
El mito de que el esfuerzo siempre tiene recompensa
La idea de que existe una relación directa entre mérito y recompensa ofrece una sensación de control sobre el futuro. Pensar que el esfuerzo garantiza el éxito permite afrontar los retos con confianza y creer que cada acción tendrá una consecuencia positiva. Sin embargo, la experiencia demuestra que no siempre ocurre así. Hay personas que trabajan intensamente y no alcanzan sus objetivos, mientras que otras obtienen resultados favorables sin haber realizado el mismo sacrificio. Y es que así es la vida de injusta.
Según Muiño, aceptar esta realidad no significa adoptar una visión pesimista de la vida, sino desarrollar una perspectiva más madura y realista. La felicidad, sostiene, no depende de que el mundo funcione según nuestras expectativas, sino de la capacidad para adaptarnos a la incertidumbre y gestionar aquello que escapa a nuestro control.
Aceptar la incertidumbre para reducir la frustración
Esta visión conecta con algunas de las corrientes psicológicas más influyentes de las últimas décadas, que subrayan la importancia de distinguir entre lo que podemos cambiar y aquello que simplemente debemos aceptar. Y es que cuando una persona deposita toda su satisfacción en resultados externos, corre el riesgo de sentirse continuamente decepcionada. En cambio, cuando se centrar en las propias decisiones, valores y comportamientos puede contribuir a construir un bienestar más estable.
El problema surge cuando las expectativas poco realistas chocan con la realidad. Muchas personas interpretan los contratiempos como una injusticia personal o como una prueba de que no son suficientemente válidas. Sin embargo, los fracasos, las pérdidas o los obstáculos forman parte inevitable de la experiencia humana. Comprenderlo ayuda a reducir la sensación de culpa y a afrontar las dificultades con una mayor resiliencia.
La opinión de Mario Alonso Puig sobre la importancia de «aceptar»
De hecho, expertos como el médico Mario Alonso Puig defienden la importancia de aceptar la realidad que tenemos delante y, a partir de ahí, intentar mejorarla. Asumir una situación no significa negarla ni borrarla, sino reconocer que existe. Una vez que la aceptamos, dejamos de gastar energía tratando de cambiar algo que, en este momento, es como es.
Por ejemplo, cuando a una persona le diagnostican una enfermedad y no acepta que la tiene, suele resistirse y rechazar una realidad que ya está presente. Esa actitud puede generar una mayor liberación de cortisol en la sangre y una activación del sistema nervioso simpático, factores que pueden agravar su estado y aumentar su malestar emocional.
En cambio, si la persona asume la realidad y se dice: «Esta es la situación, tengo esta enfermedad. ¿Qué puedo hacer ahora para mejorarla?», cambia completamente su enfoque. Ya no lucha contra la realidad, sino que busca actuar dentro de lo que está en su mano para influir positivamente en ella.
No se trata de resignación, ni de una aceptación pasiva, ni tampoco de enfrentarse constantemente a lo que ocurre. Se trata de reconocer una realidad que no nos gusta, pero que existe, y desde ahí hacer todo lo posible por mejorarla. Hay muchas cosas que podemos hacer para avanzar, pero sin malgastar nuestra energía intentando negar aquello que ya forma parte de nuestra realidad.
La felicidad no consiste en evitar las emociones negativas
Para el psicoterapeuta Muiño, uno de los aprendizajes fundamentales en la vida adulta consiste precisamente en abandonar la fantasía de que todo esfuerzo será recompensado de forma proporcional. Esto no implica dejar de trabajar por los propios objetivos ni renunciar a la ambición. Al contrario, supone actuar con compromiso sin convertir los resultados en la única medida del éxito personal.
Paradójicamente, aceptar estas limitaciones puede convertirse en una de las claves para vivir con mayor serenidad. Y es que cuando dejamos de exigir que la realidad se ajuste a nuestras expectativas, resulta más sencillo valorar lo que sí tenemos, adaptarnos a los cambios y encontrar satisfacción en el camino recorrido, más allá de los resultados obtenidos. Para el experto, ese cambio de perspectiva no aleja de la felicidad, sino que puede acercarnos a una versión más sana, auténtica y sostenible de ella.
