Buenaventura del Charco, psicólogo: «La vida debe funcionar como un GPS: nunca dice que cometiste un error, simplemente recalcula la ruta y se adapta»
Las personas también pueden aprender a reajustar el rumbo de situaciones adversas sin quedarse atrapadas en la culpa

Buenaventura del Charlo | Cedida
La capacidad de adaptarse a los cambios es una de las habilidades psicológicas más importantes y, al mismo tiempo, una de las menos conocidas por el gran público. Así lo defiende el psicólogo Buenaventura del Charco para una entrevista en THE OBJECTIVE, quien utiliza una metáfora muy visual para explicarlo: «La vida debe funcionar como un GPS: nunca dice que cometiste un error, simplemente recalcula la ruta y se adapta».
Con esta comparación, el especialista pone el foco en un concepto clave para el bienestar emocional, la flexibilidad psicológica. Se trata de una capacidad que permite ajustarse a las circunstancias cuando los planes no salen como se esperaba, evitando quedar atrapados en estrategias o formas de pensar que han dejado de ser útiles.
Para Charlo, la flexibilidad psicológica consiste en «no quedarte enganchado a lo que tú sueles intentar hacer o creer de cómo tienen que ser las cosas». En otras palabras, implica abandonar expectativas rígidas y aprender a responder a la realidad tal y como se presenta.
El psicólogo explica que muchas personas actúan desde una idea preconcebida de cómo deberían desarrollarse los acontecimientos. Cuando algo cambia o no sale según lo previsto, continúan insistiendo en el mismo camino, aunque ya no esté dando resultados. Según señala, la clave está en preguntarse constantemente si lo que se está haciendo sigue funcionando o no. Más que reaccionar desde lo que uno esperaba que ocurriera, propone hacerlo desde lo que realmente está sucediendo. Esa capacidad de adaptación es, precisamente, uno de los pilares de la flexibilidad psicológica.
Por qué insistimos en estrategias que ya no funcionan
Uno de los comportamientos más frecuentes que observa en consulta tiene que ver con la dificultad para cambiar de rumbo. «Normalmente la gente se propone algo, no lo consigue y sigue intentando una estrategia que ha fallado», explica. A su juicio, las personas tienden a ser mucho más rígidas de lo que creen. Cuando han invertido tiempo, esfuerzo o expectativas en una dirección concreta, les cuesta reconocer que quizá sea necesario probar otro enfoque.
Esta resistencia al cambio puede generar frustración, especialmente cuando las circunstancias han evolucionado y exigen respuestas diferentes. Para el especialista, seguir actuando exactamente igual en escenarios distintos suele ser una de las principales fuentes de bloqueo psicológico.
El GPS, el mejor ejemplo de adaptación
Para ilustrar esta idea, Charlo recurre a una comparación tan cotidiana como efectiva. «Un GPS es un buen ejemplo de flexibilidad psicológica», afirma. Según explica, cuando una ruta deja de ser viable, el navegador no interpreta la situación como una injusticia ni como un fracaso. «No persiste, no dice: es injusto que esta ruta ya no funcione. Es culpa mía que esta ruta ya no funcione», comenta.

Por el contrario, el dispositivo detecta el obstáculo y busca una alternativa. «Simplemente es brutalmente adaptativo», resume. Esa actitud es, precisamente, la que considera más útil para afrontar los cambios de la vida. En lugar de quedarse anclado en lo que debería haber sucedido, propone centrar la atención en cuál es el siguiente paso posible.
El error existe y no pasa nada por reconocerlo
Aunque la metáfora del GPS podría interpretarse como una invitación a relativizar los errores, Charlo introduce un matiz importante. Para él, aceptar los fallos no significa negar su existencia. «El error es un error y está bien», afirma. Desde su perspectiva, equivocarse forma parte inevitable del proceso de aprendizaje y no debería convertirse en un drama personal.
De hecho, considera que existe cierta tendencia a disfrazar cualquier equivocación bajo discursos excesivamente optimistas. «No considerar el error un error me parece cierto positivismo», señala. El problema, insiste, no es cometer fallos, sino la manera en que muchas personas reaccionan ante ellos.
La verdadera dificultad está en cómo nos tratamos
Más allá del error en sí, el psicólogo cree que el sufrimiento suele aparecer por la dureza con la que cada persona se juzga después de equivocarse. «Normalmente el problema no es el error, es la chapa que nos damos», explica sin tapujos. Es decir, la tendencia a castigarse mentalmente, revivir lo sucedido una y otra vez o convertir un fallo puntual en una crítica global hacia uno mismo. Por eso, en lugar de buscar fórmulas para demostrar que nunca nos equivocamos, propone desarrollar una relación más sana con el error. Reconocerlo, aprender de él y seguir avanzando.
