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Rafael Santandreu, psicólogo, sobre el bienestar emocional: «La comodidad es como el chocolate: un poco es buena, pero mucha es malísima para ser feliz»

En la vida, según los expertos, no necesitamos que todo sea perfecto para sentirnos bien emocionalmente

Rafael Santandreu, psicólogo, sobre el bienestar emocional: «La comodidad es como el chocolate: un poco es buena, pero mucha es malísima para ser feliz»

Rafael Santandreu | Instagram

En una sociedad que asocia el bienestar con la comodidad constante, el psicólogo Rafael Santandreu propone una visión radicalmente diferente. Para el conocido divulgador, la búsqueda obsesiva de una vida cómoda no solo no garantiza la felicidad, sino que puede convertirse en un obstáculo para alcanzarla.

«La comodidad es como el chocolate: un poco es buena, pero mucha es malísima para ser feliz», asegura el experto. Su reflexión pone el foco en una idea cada vez más presente en la psicología contemporánea: la capacidad de adaptarnos a la incomodidad es una de las claves para fortalecer nuestra salud emocional.

La falsa necesidad de vivir siempre cómodos

Según Santandreu, la sociedad de consumo nos ha transmitido una creencia equivocada. Hemos aprendido a pensar que necesitamos evitar cualquier molestia para sentirnos bien. Sin embargo, la realidad es muy distinta. «Nuestra sociedad de consumo nos ha vendido la creencia irracional de que necesitamos la comodidad para ser felices, y eso no es así», explica.

Lejos de considerar la incomodidad como un enemigo, el psicólogo la presenta como una oportunidad para desarrollar recursos emocionales. De hecho, sostiene que ser felices en situaciones incómodas no solo es posible, sino también sencillo y muy beneficioso para nuestra fortaleza mental.

La teoría puede parecer difícil de aplicar, pero Santandreu recurre a ejemplos cotidianos para demostrar lo contrario. Una larga espera en un restaurante, una cola interminable en el aeropuerto o cualquier contratiempo diario suelen generar frustración porque interpretamos esas situaciones como algo intolerable. Sin embargo, el problema no es la espera en sí misma, sino la importancia que le damos. «Cada vez que te veas en una situación incómoda, como que el camarero tarde en servirte o que haya una gran cola para acceder al aeropuerto, no te preocupes. Dite a ti mismo que no necesitas tanta comodidad», aconseja.

Desde esta perspectiva, los momentos de espera dejan de ser tiempo perdido para convertirse en oportunidades. Mientras llega la comida, se puede mantener una conversación interesante con la persona que nos acompaña. En una cola de aeropuerto, quizá sea el momento perfecto para llamar a un familiar con el que hace tiempo que no hablamos. «Puedes hacer mil cosas divertidas y agradables», señala el psicólogo.

La relación entre incomodidad y fortaleza emocional

Su planteamiento conecta con uno de los conceptos fundamentales de la psicología cognitiva: gran parte de nuestro malestar proviene de las interpretaciones que hacemos de la realidad y no de los hechos en sí. Cuando creemos que necesitamos que todo sea cómodo, rápido y sencillo, cualquier contratiempo se convierte en una fuente de estrés.

Por el contrario, cuando aceptamos que la incomodidad forma parte de la vida, aumentamos nuestra capacidad de adaptación y reducimos la ansiedad. Aprender a tolerar pequeñas molestias cotidianas nos ayuda a desarrollar una mayor resistencia emocional frente a situaciones más complejas.

Una vida plena no siempre es una vida fácil

Para Santandreu, una vida plena no es necesariamente una vida fácil. «Una vida emocionante, divertida y que vale la pena no es una vida absolutamente cómoda», afirma. De hecho, muchas de las experiencias más enriquecedoras, desde viajar hasta emprender un proyecto personal o aprender algo nuevo, implican cierto grado de esfuerzo, incertidumbre o incomodidad.

El mensaje del psicólogo invita a replantear una de las grandes promesas de la sociedad moderna: la idea de que cuantos más problemas eliminemos, más felices seremos. Su propuesta es justamente la contraria. La felicidad no consiste en evitar cualquier molestia, sino en aprender a convivir con ella sin que afecte a nuestro bienestar.

Por eso, la próxima vez que una cola avance lentamente o que una espera se alargue más de lo previsto, quizá convenga recordar una de las enseñanzas de Santandreu: la comodidad es agradable en pequeñas dosis, pero cuando se convierte en una necesidad permanente puede limitar nuestra capacidad para disfrutar de la vida tal y como es.

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