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Dejó su prometedora carrera en KPMG para cambiar la vida de miles de niños tutelados

Marta Cuesta, directora general de la Fundación Soñar Despierto, reflexiona sobre la situación de unos 20.000 jóvenes

En España hay más de 20.000 niños viviendo en centros de acogida. Tienen techo, comida, colegio y atención profesional. Pero les falta algo mucho más difícil de garantizar: una familia, alguien que les acompañe, les escuche y les haga sentir importantes. Sobre esa realidad poco conocida gira la conversación con Marta Cuesta, directora general de la Fundación Soñar Despierto.

La historia de Marta podría haber seguido un camino muy distinto. Trabajaba en KPMG, tenía una carrera profesional prometedora y una vida estable. Sin embargo, llevaba años compatibilizando su trabajo con el voluntariado en centros de acogida. Hasta que llegó un momento en el que ya no pudo separar ambas vidas. «Lo que me llenaba era lo que hacía cuando llegaba a casa», reconoce durante la entrevista. Lo que empezó como un voluntariado acabó convirtiéndose en una vocación y, finalmente, en una profesión. Hoy dirige una fundación que acompaña cada año a miles de menores tutelados en varias comunidades autónomas.

Durante la conversación, Cuesta pone rostro a una realidad que suele quedar escondida tras las estadísticas. Explica que estos niños no están en centros porque hayan hecho algo malo, sino porque sus familias no pudieron o no supieron cuidarles adecuadamente. La Administración asume entonces su tutela como medida de protección.

La vida en estos centros, explica, es parecida a la de cualquier niño en algunos aspectos: colegio, actividades, deberes, cenas y descanso. Sin embargo, todo ocurre en un entorno colectivo, compartido con decenas de menores y educadores que trabajan por turnos. Lo que más echan de menos es el cariño individualizado, precisamente aquello que no puede organizarse por horarios.

Marta recuerda a Olivia, una adolescente llegada sola desde Malawi. Fue ella quien le hizo comprender uno de los mayores problemas del sistema: qué ocurre cuando estos jóvenes cumplen 18 años.

Mientras la mayoría de los españoles se emancipa cerca de la treintena, muchos jóvenes tutelados deben abandonar los recursos de protección nada más alcanzar la mayoría de edad. De la noche a la mañana se les exige ser adultos autónomos, encontrar vivienda, empleo y construir una vida sin la red familiar que sostiene al resto de jóvenes. «Se va a quedar en la calle», recuerda Marta que le dijeron sobre Olivia.

Aquella frase le quitó el sueño. Junto a otras personas, decidió movilizarse para encontrar una solución. Lograron financiar su formación como azafata y aquella primera beca acabó convirtiéndose en un programa estable que ha ayudado a muchos otros jóvenes.

Hoy Olivia tiene una vida independiente, una hija y mantiene una relación estrecha con Marta, que incluso es madrina de la pequeña. Ese tipo de historias son precisamente las que impulsan el trabajo de Soñar Despierto. La fundación moviliza a miles de voluntarios para acompañar a menores tutelados desde la infancia hasta la vida adulta.

Su labor va mucho más allá de organizar actividades de ocio. Hay voluntarios que ayudan con los deberes, acompañan a actividades extraescolares, ejercen de mentores o simplemente se convierten en una figura estable en la vida de un niño que nunca ha tenido una referencia cercana. «Viene mi voluntario a verme a mí», explica Marta, que suelen decir muchos menores. Una frase aparentemente sencilla que resume algo fundamental: sentirse importante para alguien.

La fundación también ha impulsado iniciativas como Un Techo para Soñar, pisos destinados a jóvenes extutelados que necesitan tiempo para terminar sus estudios o incorporarse al mercado laboral. El objetivo es evitar que cumplir 18 años se convierta en una condena.

Entre los casos que relata, destaca el de Manolo, un joven que pasó por estos pisos, realizó prácticas gracias a una colaboración empresarial y hoy cuenta con un empleo estable. Historias que demuestran que las oportunidades reales pueden cambiar radicalmente el futuro.

Uno de los debates más presentes en la actualidad es el de los menores extranjeros no acompañados. Marta reconoce la complejidad del fenómeno, pero rechaza las generalizaciones y los prejuicios. «Me molesta que se utilice a niños como arma política», afirma, insistiendo en que detrás de cada etiqueta hay historias personales muy distintas que merecen ser entendidas antes que juzgadas.

Si pudiera cambiar una sola cosa del sistema, lo tiene claro: facilitar el acogimiento familiar. Está convencida de que muchas familias españolas estarían dispuestas a abrir las puertas de su hogar si conocieran mejor esta realidad y existieran menos barreras burocráticas. La conversación termina con una reflexión que resume perfectamente el espíritu de la fundación. Cuando Gonzalo Bans le pregunta qué significa Soñar Despierto, Marta responde sin dudar: «Creer en un mundo mejor para la infancia».

Y después de escuchar historias como la de Olivia, resulta difícil no creerlo también.

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