The Objective
Pilar Cernuda

El referente moral

«Cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que José Luis Rodríguez Zapatero es un personaje poco recomendable, hipócrita en su comportamiento»

Opinión
El referente moral

Imagen creada con inteligencia artificial.

El problema para el sanchismo no es que se les haya venido abajo la figura que, decían, era su referente moral, un símbolo de comportamiento decente. El problema es que cualquier persona con dos dedos de frente, con una mínima capacidad de discernimiento, se da cuenta de que José Luis Rodríguez Zapatero es un personaje poco recomendable, hipócrita en su comportamiento —serán los tribunales quienes sentencien si era y es delictivo— y al que no querrían de cuñado o esposo de una hija.

El sanchismo, con Pedro Sánchez a la cabeza, le sigue considerando un hombre limpio de polvo y paja, víctima de la famosa conspiración en la que participan jueces, fiscales, policías, guardias civiles, miembros de la oposición y periodistas. Una máquina de fango que actúa de forma miserable contra los pobres simpatizantes del sanchismo. A los que me resisto a llamar miembros del PSOE.

Los periodistas de nuestra generación, que conocimos bien el papel que jugó el PSOE en la recuperación de los valores democráticos —con sus errores y también sus casos de corrupción, que los hubo en todas partes, aunque son nimiedades comparadas con lo que hoy estamos viendo—, nos cuesta decir que Pedro Sánchez y quienes le apoyan como si fueran abducidos miembros de una secta, son militantes y votantes del PSOE. Son otra cosa. Absolutamente respetables para unos, y faltos de criterio, sentido de Estado y escasos de afecto a su país, a España, para otros.

Se encuentra Zapatero en situación delicada. Ha buscado como abogado defensor a un experto en procesal; no es difícil suponer que el objetivo de ZP es no verse ante un tribunal y que se archive o se anule la causa abierta contra él. Cuentan los profesionales de la cosa, de la Justicia, que suele ser el comportamiento de quien lo tiene crudo, de ahí que empiecen a verse declaraciones y artículos en el que se destaca que no existen garantías de que la famosa cinta del tal Reyes que implicaría a Zapatero en actuaciones no muy santas podría ser anulada porque no existen garantías de que se hubiera respetado la necesaria custodia.

En otros se pone el acento en que el supuesto delito cometido al no haber informado a Hacienda sobre las famosas joyas podría haber prescrito, mientras algún fiscal de reconocido prestigio explica que el tiempo del presunto delito empieza a contabilizarse cuando Hacienda tiene conocimiento de ello, no cuando se ha cometido.

«Que las joyas estén escondidas en la caja fuerte de su despacho deja a Zapatero bajo las patas de los caballos»

Es Guadalupe Sánchez la que sabe de estos asuntos, los demás tratamos de informarnos de la mejor forma posible, pero lo que nos sale es que Zapatero tiene pinta de que se ha tomado demasiadas maniobras a título de inventario; no ha hecho lo mismo que la mayoría de los altos cargos que han recibido regalos de valor, que es trasladarlos a Patrimonio Nacional, que es lo correcto; o, más correcto todavía, informar a Hacienda para cumplir con las obligaciones fiscales si las hubiera.

Es inconcebible que todo un expresidente de Gobierno haya sido capaz de meterse en tantos charcos. Se imagina uno que cuanto mayores son las responsabilidades de una persona, más ajustado a la ley debe ser su comportamiento. Por no mencionar que más ejemplar debe ser ese comportamiento. Esas joyas, cuyas fotografías han dado la vuelta al mundo, es impensable verlas en una mujer de buen gusto, discreta, elegante, que valen, según una tasación oficial, 1,3 millones de euros, aunque en el mercado se pueden vender por tres veces más. Que estén escondidas en la caja fuerte del despacho de un expresidente de Gobierno que niega todo, pero se niega a explicar su origen, deja a Zapatero bajo las patas de los caballos.

Y a España también, por haberlo tenido como jefe de Gobierno. Y, más inexplicable todavía, el actual presidente sigue apoyando a su compañero de partido, al que considera asesor para asuntos delicados, entre ellos negociar con un personaje como Puigdemont. Que vive del cuento gracias al chantaje permanente al que somete a Pedro Sánchez… y Sánchez cede.

Aunque, hablando de episodios inexplicables, pocos como la noticia de que en el Consejo de Ministros del pasado lunes, no se pronunció una sola palabra sobre Leire Díez, las joyas de Zapatero, el calendario judicial que tanto afecta al Gobierno, al partido del Gobierno y al jefe de Gobierno. ¿De qué hablan entonces en los Consejos de Ministros? ¿Del Mundial que ha empezado tan mal, de la película de un Spielberg que no cierra la cabeza a la posibilidad de que haya gente en otros planetas?

Esta España en la que manda Pedro Sánchez es rara, rara, rara. Y muy, muy, muy preocupante.

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