The Objective
Pilar Cernuda

La mejor defensa ya no es el ataque

«El último papelón del sanchismo, o el penúltimo, porque desgraciadamente sus inmoralidades no parecen tener fin, ha sido tratar de defender a ZP atacando al juez»

Opinión
La mejor defensa ya no es el ataque

Imagen creada con inteligencia artificial.

En esta peripecia política del sanchismo-zapaterismo que produce indignación y vergüenza, no se ha cumplido el dicho de que la mejor defensa es el ataque. 

Pensaba Sánchez que la mejor forma de salvar a su compañero, amigo, asesor y socio José Luis Rodríguez Zapatero era recordar en el debate parlamentario con Feijóo las fotografías de su pasado. Si creía el jefe de Gobierno que poniendo el acento en «la» foto, que no mencionó —pero todo el mundo sabía de qué hablaba—, iba a causar sonrojo al presidente del PP, es no conocer a Feijóo y no conocer tampoco lo que le importa a la mayoría del sufrido pueblo español, una foto de hace más de 20 años. 

Para fotos, las de personas muy cercanas a Sánchez que hieren la sensibilidad y demuestran su escaso respeto a los españoles, a sí mismos y a sus familias. Han metido la mano en las arcas públicas, han gastado dinero público en prostitutas, han deshonrado los cargos que han ocupado y herido seriamente a un partido cuyo importante pasado Sánchez minusvalora porque no soporta que la mejor historia del PSOE no la haya protagonizado él mismo.

El último papelón del sanchismo, o el penúltimo, porque desgraciadamente sus inmoralidades no parecen tener fin, ha sido tratar de defender a un ZP imputado atacando al juez que se ocupa de su caso. De las fechorías que pueden convertirse en delitos. Dice Sánchez que no hay pruebas de lo que se acusa al expresidente, lo que indica que no se ha leído el auto de imputación o que su gabinete de Moncloa le ha hecho un resumen tan selectivo que ha eliminado lo más relevante.

Sánchez, al menos, podría moverse con un poco de prudencia, visto cómo es el presente de tantos personajes de su entorno más íntimo, político y familiar. Hoy imputados, procesados o en prisión. No tiene buena vista el presidente para elegir a los suyos. Carece de sentido común cuando le llegan noticias alarmantes que obligarían a indagar mínimamente, y mira hacia otro lado para no llevarse disgustos. Lo que es delito cuando se ocupan cargos de responsabilidad. Qué menos que estar vigilante para que no ocurra lo que está ocurriendo hoy en esta España nuestra.

«El presidente sigue con su idea de mantenerse por los siglos de los siglos, caiga quien caiga, digan lo que digan las urnas»

Da tristeza, además de la mencionada vergüenza, seguir medios de comunicación internacionales que se ocupan de los sucesivos casos de corrupción del sanchismo, y que llegan a su máxima expresión cuando afectan nada menos que a un exjefe de Gobierno. Más grave que todas las operaciones económicas de Rodríguez Zapatero bajo investigación —a lo mejor averiguamos qué pasa con la mina de oro—, lo que me parece más reprobable desde el punto de vista personal es que haya enredado a sus hijas en sus operaciones presuntamente delictivas. A los hijos se les coloca detrás de uno para servirles de escudo, para protegerlos; nunca delante para que les partan la cara.

El presidente sigue con su idea de mantenerse por los siglos de los siglos, caiga quien caiga, digan lo que digan las urnas. Pierde votantes a chorros, pero no se inmuta.

En Andalucía eligió a la peor candidata posible, como le advirtieron incluso los cargos socialistas de esa región; que se cargaron de razón cuando se conocieron los resultados, los peores de su historia. Para rematar el bochorno, María Jesús Montero se fue por la puerta de atrás de Ferraz al día siguiente de las elecciones, cuando finalizó la reunión de la Ejecutiva; no quería vérselas con los periodistas. Unos periodistas que, conociendo cómo se las gastaba la vicesecretaria general del partido y exvicepresidenta de Gobierno, tomaron medidas para pillarla si se producía la fuga.

No le fue tan bien al PP como esperaba. Los sondeos daban por hecho la mayoría absoluta, pero desde el primer día Juanma Moreno lanzó señales de alerta: pedía en todos los mítines a sus seguidores que acudieran a votar, porque la mayoría absoluta era difícil de alcanzar, ya que los restos se presentaban puñeteros y en cinco provincias el escaño podría ir a Vox o Adelante Andalucía en lugar del PP. No se equivocaba. Le toca ahora la tarea más difícil: lograr un acuerdo con Vox para apoyar al Gobierno desde fuera.

«El PP no debe copiar el denostado modelo Sánchez: vender el alma a cambio de apoyo»

Labor complicada, porque hay gente de Vox —no toda— que quiere consejerías, y otra que cree mejor no entrar en el Gobierno, sino alcanzar un compromiso de gobernabilidad con el PP asumiendo algunas de sus exigencias más polémicas. A ver cómo acaba la cosa, porque, por una parte, Moreno no es de los que se comprometen con algo que va contra sus principios, y por otra, el PP no debe copiar el denostado modelo Sánchez: vender el alma a cambio de apoyo. Alma que casi siempre está directamente relacionada con sumas de dinero para contentar a las regiones en las que los socios quieren que gobiernen Reyes Magos, con sus arcas cargadas de regalos de alto precio que encantarán a sus votantes.

Problema añadido para el líder andaluz del PP es que tampoco Vox ha cumplido sus expectativas, aspiraba a los 20 escaños y se ha quedado corto. Para presumir de que conserva su poderío a pesar de las cifras, podría sentirse tentado de exigir imposibles.

A Juanma Moreno le espera un calvario.

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