Zapatero: la construcción de un referente
«El expresidente de Gobierno se ha convertido en el referente político del sanchismo, no en su referente moral. De esta apenas queda nada en el PSOE»

Imagen creada con inteligencia artificial.
José Luis Rodríguez Zapatero ha pasado al primer plano de la actualidad política tras ser investigado por varios delitos ante la Audiencia Nacional. Se ha dicho y repetido por unos y otros que se trata de un grave escándalo político por ser el afectado un referente moral y político del PSOE.
El término «referente», en una de sus acepciones, equivale a ejemplo, autoridad y símbolo. Referente moral y político del PSOE significa, por tanto, que se trata de alguien que actúa y piensa de acuerdo con los principios, ideas, valores, normas y costumbres de ese partido, todo ello en forma preeminente. En definitiva, que son un modelo de la esencia, del núcleo básico, de todo lo que significa el PSOE.
¿Es todo ello así? ¿Lo ha sido en los últimos años? ¿Desde cuándo? Veamos.
Ciertamente, Zapatero no parecía ser referente de nada cuando terminó su mandato presidencial en 2011. En sus casi ocho años de gobierno amplió determinados derechos (aborto, matrimonio entre personas del mismo sexo, ley de la dependencia), pero también abrió camino a peligrosas políticas que después serían completadas por Pedro Sánchez: el nuevo feminismo, la Ley de Memoria Histórica y concesiones a los partidos nacionalistas en lo que se ha llamado vía hacia la España plurinacional. En este último punto, lo más significativo fue el apoyo al nuevo Estatuto de Cataluña, un precedente claro de lo que años más tarde daría lugar al llamado procés, una situación que aún colea.
Pero el gran fracaso de los Gobiernos de Zapatero fue su política económica: no supo reconocer a tiempo, sino todo lo contrario, la crisis de 2008. Además, tomó medidas demagógicas que costaron mucho dinero al erario público. Sin hacer caso a las advertencias de su ministro de Economía, Pedro Solbes, la deuda pública española pasó del 40,2% en 2008 al 70,5% en 2011. La economía provocó su hundimiento. La herencia que dejó a Rajoy —que obtuvo mayoría absoluta en las elecciones— era ruinosa y el dirigente popular tuvo que hacer complicados equilibrios para que España no fuera intervenida por la UE, como les sucedió a Grecia, Portugal e Irlanda. Visto todo ello desde la perspectiva de hoy, quizás la intervención europea hubiera sido la mejor solución.
«Había quedado ante la historia como un político ingenuo, poco preparado, demagogo y naíf»
Tras este desastre, Zapatero quedó hundido como político solvente y decidió retirarse de la política. En los años siguientes no se le pudo considerar referente de nada. Había quedado ante la historia como un político ingenuo, poco preparado, demagogo y naíf. El PSOE recurrió a Rubalcaba como candidato transitorio de ocasión y Rodríguez Zapatero nunca apoyó a Pedro Sánchez, ni en 2014 ni en 2016. Ni siquiera servía como incómodo jarrón chino, al modo de Felipe González y Alfonso Guerra.
Pero llegó Sánchez al Gobierno en junio de 2018 y las cosas cambiaron: se había aupado a la dirección del PSOE unos años antes sin el apoyo ni de Felipe ni de Alfonso, ni de sus respectivas corrientes de opinión. Necesitaba buscar referentes históricos, enlazar con la tradición socialista. En realidad, solo había encontrado a Borrell, al que envió a Europa muy pronto, y Sánchez se sentía como un intruso sin legitimación histórica.
Es entonces cuando decide echar mano del desprestigiado Rodríguez Zapatero. Los referentes se construyen y el veterano expresidente empieza a convertirse en su referente político: precisamente sus peores políticas le sirven a Sánchez para mantenerse en el Gobierno e intenta recuperar al antiguo presidente para su causa, una causa de poder sin importar mucho las ideas. Pero las ideas se las suministrará Zapatero: nuevo feminismo (esta vez woke, con el entusiasmo de Podemos), la memoria histórica da un paso más y se convierte en memoria democrática, la España plurinacional le sirve para los indultos y la amnistía de los procesados en el golpe de Estado catalán de 2017 y sus peticiones para apoyarlo en 2023.
«El PSOE socialdemócrata de los años ochenta y noventa se va convirtiendo en un PSOE populista al que se le llama progresista para confundir»
A su vez, Zapatero es uno de los fundadores —junto con Lula, Rafael Correa, el peronista Alberto Fernández, Pepe Mujica, Evo Morales y su constitucionalismo plurinacional— del llamado Grupo de Puebla, de signo populista, obsesionado con el lawfare de los jueces (ahí también está Garzón) y contrario a la división de poderes. Poco después se les unirán algunos más, entre ellos Irene Montero, Oriol Junqueras y los hermanos venezolanos Delcy y Jorge Rodríguez. Todo encaja y es aprovechado por Pedro Sánchez para gobernar y Zapatero, su vez, para hacer negocios de consultoría política.
Con todo ello, el PSOE socialdemócrata de los años ochenta y noventa se va convirtiendo paulatinamente en un PSOE populista al que se le llama progresista para confundir y disimular: primero en los ocho años de Zapatero y ya definitivamente, y de forma descarada, en los ocho de Sánchez: si París bien valía una misa para Enrique IV de Francia, los manejos que pueden hacerse desde el Gobierno de España bien valen un cambio de ideas, proyectos y estrategias del PSOE para los dos sujetos de los que tratamos.
Pero que conste: Zapatero se ha convertido en el referente político del sanchismo, no en su referente moral. De esta apenas queda nada en el PSOE.