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Marco Aurelio, filósofo, ya avisó de que la felicidad no es posible sin moderación: «Mira el final de quienes vivieron para el placer antes de imitar su camino»

Los estoicos desconfiaban de los deseos porque habían observado dónde suele conducir una vida gobernada por ellos

Marco Aurelio, filósofo, ya avisó de que la felicidad no es posible sin moderación: «Mira el final de quienes vivieron para el placer antes de imitar su camino»

Marco Aurelio ya avisó de que había que tener cuidado con dejarse llevar por el deseo | TO / M.P.

Marco Aurelio (121-180 d. C.) no fue únicamente uno de los emperadores más poderosos de Roma, sino también uno de los principales representantes del estoicismo. Gobernó durante casi dos décadas en una época marcada por guerras, epidemias e inestabilidad política, y escribió sus Meditaciones como una especie de diario personal enfocado a mejorar su disciplina moral.

Una vida no puede juzgarse únicamente por la cantidad de satisfacción que contiene, porque el placer acompaña indistintamente tanto a las acciones buenas como a las moralmente condenables

Dos mil años después, sus pensamientos siguen leyéndose porque abordan temas que nos siguen preocupando, como qué significa vivir bien, qué merece realmente ser perseguido en la vida y cómo conservar la integridad tanto en los buenos como en los malos momentos.

Lo que Marco Aurelio comprendió acerca de los hombres que lo tuvieron todo

«¡Cuántos placeres han gozado los malvados, los prostituidos, los parricidas, los tiranos!», escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones; algo que hoy podríamos traducir como: «Mira el final de quienes vivieron para el placer antes de imitar su camino». El estoico, que había conocido primera mano las mayores formas de poder, riqueza y prestigio, llegó a la conclusión de que tener todo no garantiza una buena vida, sobre todo cuando uno se deja llevar por las tentaciones.

Cuando un objeto te atraiga con fuerza, represéntate claramente qué clase de cosa es y ponlo a prueba. Si es algo agradable, guárdate de dejarte arrastrar por ello

A priori, sus palabras podrían interpretarse como una condena moral sobre quienes se entregan a los excesos. Pero Marco Aurelio no estaba censurando el placer ni afirmando que disfrutarlo fuese algo reprochable, sino que estaba cuestionando la creencia de que el placer siempre merezca ser perseguido o anhelado.

Marco Aurelio
La estatua ecuestre del emperador romano Marco Aurelio en la plaza del Capitolio, Roma, Italia. Istock

Su razonamiento parte de que los hombres más crueles de la historia también conocieron el placer. Y si el placer fuese realmente el bien supremo, si fuese aquello que convierte una vida en valiosa, tendríamos que admitir que muchas de esas personas fueron felices y llevaron una existencia plena. Sin embargo, Marco Aurelio no lo creía: afirmaba que una vida no puede juzgarse únicamente por la cantidad de satisfacción que contiene, porque el placer acompaña indistintamente tanto a las acciones buenas como a las moralmente condenables.

El problema de tomar el placer como guía

Solemos pensar que ser felices consiste, en gran medida, en obtener aquello que deseamos y evitar aquello que nos produce dolor. La idea parece razonable, pues, dspués de todo, ¿qué podría haber de malo en perseguir aquello que nos hace sentir bien?

Cuando estamos enfocados en el deseo tendemos a fijarnos únicamente en lo que vamos a ganar y rara vez en aquello que podríamos perder

Los estoicos, sin embargo, iban más allá, pues sostenían que el placer es ambiguo. Puede encontrarse en experiencias elogiables y también en comportamientos vergonzosos; puede acompañar la generosidad, pero también la crueldad; o puede estar presente en una vida gobernada por la prudencia o en una entregada por completo a los impulsos. Por esa razón, Marco Aurelio afirmaba que el placer puede decirnos que algo resulta agradable, pero no puede decirnos si merece ser deseado. Confundir ambas cosas implica, en su opinión, llevar una vida completamente superficial y amoral.

En varios pasajes de las Meditaciones insiste en esta idea: «Cuando un objeto te atraiga con fuerza, represéntate claramente qué clase de cosa es y ponlo a prueba. Si es algo agradable, guárdate de dejarte arrastrar por ello». Con estas palabras, Marco Aurelio sostiene que aquello que nos atrae con intensidad suele nublar nuestro juicio, ya que cuando estamos enfocados en el deseo tendemos a fijarnos únicamente en lo que vamos a ganar y rara vez en aquello que podríamos perder.

Aprender a mirar más allá del instante

Una de las enseñanzas más prácticas del estoicismo consiste en no juzgar las cosas por la impresión inicial que nos causan. Los deseos, de hecho, suelen presentarse mostrando únicamente su cara más atractiva y ocultando sus consecuencias. Por eso Marco Aurelio recomendaba examinar cada impulso hasta el final y no detenerse en la primera sensación que despierta. Lo importante, para el emperador, no era únicamente preguntarse qué placer puede proporcionarnos una determinada acción, sino qué efectos tendrá sobre nuestro carácter, nuestros hábitos y nuestra forma de vivir.

Marco Aurelio recomendaba examinar cada impulso hasta el final y no detenerse en la primera sensación que despierta

Al respecto, aconsejaba descomponer mentalmente las cosas que nos fascinan para contemplarlas tal como son realmente, para así tener una visión más objetiva de aquello que deseamos. Y esto es clave, pues, con frecuencia, no perseguimos las cosas por lo que son, sino por las historias que construimos alrededor de ellas. No anhelamos simplemente riqueza, reconocimiento o placer, sino la vida que asociamos a todo ello. Imaginamos que nos harán más libres, más respetados o más felices. Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar si quienes ya han alcanzado esos objetivos viven realmente de la manera que nosotros esperamos.

La importancia de observar los resultados

Marco Aurelio pasó buena parte de su vida rodeado de personas que tenían todo aquello que la mayoría considera deseable. Por eso su filosofía insiste constantemente en la necesidad de juzgar las cosas por sus consecuencias y no por las expectativas que despiertan.

El estoico pensaba que la realidad suele ser más compleja que nuestras fantasías. De hecho, muchas personas alcanzan aquello que habían deseado durante años y descubren que la satisfacción prometida resulta mucho más débil de lo que esperaban. El deseo se desplaza entonces hacia un nuevo objeto y el proceso vuelve a comenzar. Quizá por eso Marco Aurelio recordaba siempre la fugacidad de todas las cosas: «Piensa a menudo en la rapidez con que todas las cosas son arrastradas y desaparecen». Lo que hoy parece imprescindible, mañana puede resultar indiferente. Comprender esta realidad no conduce al pesimismo, sino a una valoración más serena de aquello que perseguimos.

El deseo interminable

Los estoicos comprendieron algo que la ciencia ha confirmado miles de años después: que el deseo rara vez se satisface de manera definitiva. Cuando obtenemos aquello que anhelábamos, experimentamos una breve sensación de plenitud. Sin embargo, al poco tiempo aparece un nuevo objetivo y el ciclo vuelve a comenzar.

Por eso, Marco Aurelio nos invita a adoptar la posición de un observador. En lugar de dejarnos arrastrar inmediatamente por el deseo, nos pide que lo contemplemos con cierta distancia. Que observemos a quienes han seguido cada uno de esos caminos hasta el final. Que comparemos las promesas con los resultados. Y, en definitiva, que nos preguntemos si aquello que admiramos desde lejos sigue pareciendo admirable cuando lo examinamos de cerca.

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