Jesús de la Gándara, psiquiatra (70 años): «Las personas que no son felices comparten tres cosas: el sentimiento de impotencia, de inutilidad y de infortunio»
La reflexión del psiquiatra plantea una idea poderosa: la felicidad no depende de las circunstancias externas

Jesús de la Gándara | Inteligencia artificial
Después de décadas escuchando a miles de pacientes en consulta, el psiquiatra Jesús de la Gándara ha llegado a una conclusión que, a su juicio, explica buena parte del sufrimiento humano. En una entrevista concedida a Aprendemos Juntos, la plataforma educativa impulsada por BBVA, el especialista asegura que muchas personas comparten tres sentimientos que les impiden alcanzar el bienestar: la impotencia, la inutilidad y el infortunio. A sus 70 años, De la Gándara explica que esta reflexión no nació de una teoría académica, sino de la observación directa de quienes acudían a él buscando ayuda. «Sentándome delante de miles y miles de personas aprendí que compartían tres cosas», relata.
Los tres sentimientos que alejan a las personas de la felicidad
La primera de ellas es el sentimiento de impotencia. Según el psiquiatra, muchas personas perciben que han perdido la capacidad de influir sobre su propia vida. La enfermedad mental, el estrés o las circunstancias personales pueden generar la sensación de que nada de lo que hagan servirá para cambiar su realidad. Esa percepción acaba alimentando la frustración y la desesperanza.
El segundo elemento es la inutilidad. Se trata de una idea profundamente arraigada en quienes sufren problemas emocionales. «No valgo, no sirvo, me pongo a hacer las cosas y me salen mal», resume De la Gándara. Cuando una persona comienza a cuestionar constantemente su valor y sus capacidades, su autoestima se deteriora y cada fracaso parece confirmar una visión negativa de sí misma.
Por último aparece el sentimiento de infortunio, la creencia de que la vida siempre juega en contra. Quienes lo experimentan suelen pensar que son desgraciados y que las oportunidades favorecen siempre a otros. Esta percepción puede llevar a una actitud pasiva ante los acontecimientos, como si el destino estuviera completamente fuera de control.
La estrategia que diseñó tras escuchar a miles de pacientes
Frente a estos tres obstáculos, el psiquiatra afirma que durante años se preguntó qué podía hacer para ayudar a sus pacientes. La respuesta, según cuenta, fue intentar sustituir cada uno de esos sentimientos por una cualidad positiva. La impotencia debía transformarse en fortaleza. No se refiere únicamente a la resistencia psicológica, sino a la capacidad de afrontar la adversidad y manejar el estrés. La llamada fortaleza mental permite recuperar la sensación de control sobre la propia vida y responder de forma más eficaz a las dificultades cotidianas.
La inutilidad, por su parte, debía convertirse en fecundidad. De la Gándara utiliza este concepto en un sentido amplio, relacionado con la capacidad de aportar algo valioso al mundo. Para él, una vida plena es aquella que deja una huella, por pequeña que sea, y contribuye a mejorar la realidad que nos rodea.
«Dejar en la vida algo más de lo que tú recibiste», resume el psiquiatra. Esta idea conecta con la necesidad humana de sentirse útil y de comprobar que las acciones propias tienen un impacto positivo más allá de uno mismo.
El tercer paso consiste en sustituir el infortunio por la fortuna. Sin embargo, el psiquiatra advierte de que no habla de suerte entendida como azar. A su juicio, existe una diferencia fundamental entre confiar en que las cosas ocurran por casualidad y prepararse para aprovechar las oportunidades cuando aparecen. «Hay dos tipos de fortuna», explica. Por un lado está el azar, sobre el que no tenemos control. Por otro, la fortuna que se construye mediante el trabajo, el estudio y la preparación.
La serendipia: cuando la oportunidad encuentra a quien está preparado
Es precisamente aquí donde introduce el concepto de serendipia, una palabra que define esos hallazgos o éxitos inesperados que parecen fruto de la casualidad. Sin embargo, De la Gándara matiza que la serendipia rara vez favorece a quien no está preparado. Las oportunidades pueden surgir para cualquiera, pero solo quienes han desarrollado conocimientos, habilidades y atención suficiente son capaces de reconocerlas y aprovecharlas. En sus palabras, la «chiripa» únicamente beneficia a quien está listo para recibirla. Si una oportunidad pasa por delante de una persona que no está preparada para verla, probablemente la dejará escapar sin siquiera darse cuenta.
