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Begoña del Campo, neuropsicóloga: «Si quieres dejar un hábito, debes sustituirlo por alternativas que te hagan más feliz y crear una nueva rutina cerebral»

Cambiar no es borrar, sino construir nuevas rutas que, con el tiempo, logren imponerse sobre las anteriores

Begoña del Campo, neuropsicóloga: «Si quieres dejar un hábito, debes sustituirlo por alternativas que te hagan más feliz y crear una nueva rutina cerebral»

Begoña del Campo | Instagram

La idea de que los hábitos no se eliminan, sino que se sustituyen, ha ganado peso en la divulgación neuropsicológica contemporánea y se alinea con lo que explica la neuropsicóloga Begoña del Campo en una reciente entrevista. Su planteamiento se centra en una premisa sencilla pero con implicaciones profundas, el cerebro no funciona como un sistema de borrado inmediato, sino como una red que reconfigura rutas ya existentes.

El cerebro no borra, sustituye

En su explicación, Del Campo subraya que cuando una persona intenta abandonar una conducta, el error más común es pensar que basta con suprimirla. Sin embargo, desde la perspectiva del funcionamiento cerebral, eso resulta poco realista. Las conductas repetidas durante años consolidan circuitos neuronales que se activan con facilidad, casi de forma automática. La especialista lo resume en una idea clave, el cerebro no olvida de golpe, sino que tiende a sustituir.

Este enfoque coincide con lo que la neurociencia lleva años señalando a través del concepto de neuroplasticidad. Diversas investigaciones han demostrado que el cerebro es capaz de reorganizar sus conexiones en función de la experiencia, pero este proceso requiere repetición, contexto y tiempo. No se trata de un cambio instantáneo, sino de una reeducación progresiva de los patrones de respuesta.

La importancia de las alternativas positivas

Del Campo insiste en otro elemento esencial, la necesidad de ofrecer alternativas más satisfactorias. En su interpretación, no basta con intentar frenar un hábito que resulta perjudicial o poco funcional, sino que es necesario introducir nuevas conductas que generen una recompensa emocional mayor. Esa sustitución facilita que el cerebro desplace progresivamente la antigua ruta hacia otra más adaptativa.

La importancia de tener buenos hábitos

Este planteamiento encaja con teorías ampliamente aceptadas en psicología conductual, como la del circuito de recompensa. Cuando una acción se asocia a placer o alivio, el cerebro tiende a repetirla. Por ello, cambiar un hábito no implica solo fuerza de voluntad, sino rediseñar el sistema de recompensas que lo sostiene.

Otro aspecto destacado en la entrevista es la inercia de los hábitos. Del Campo describe cómo muchas rutinas están tan arraigadas que funcionan como autopistas neuronales consolidadas durante años. Esta imagen es coherente con la evidencia científica que muestra cómo la repetición fortalece las conexiones sinápticas, haciendo que determinadas respuestas se vuelvan más rápidas y automáticas que otras.

El cambio como proceso continuo

La especialista también pone el acento en la dimensión temporal del cambio. Según su enfoque, no existe una transformación puntual que resuelva el problema de forma definitiva. Más bien se trata de un proceso continuo de práctica y consolidación. La repetición de nuevas conductas es lo que permite que el cerebro estabilice rutas alternativas, desplazando gradualmente las anteriores.

En este sentido, Del Campo introduce una idea especialmente relevante, la posibilidad de reprogramación. No en un sentido rígido o tecnológico, sino como metáfora del aprendizaje constante. El ser humano, sostiene, tiene un potencial de cambio que a menudo subestima. La clave está en la constancia y en la creación deliberada de nuevas experiencias que refuercen los cambios deseados. Esta visión conecta con lo que plantea la psicóloga Patricia Ramírez, que insiste en que el cerebro funciona como una especie de autopista ya trazada, donde las conductas habituales se activan casi sin esfuerzo porque requieren menos energía mental.

Desde esa lógica, explica, resulta más fácil quedarse viendo un capítulo más de una serie que decidir ir al gimnasio o realizar una tarea que exige esfuerzo, precisamente porque el cerebro prioriza los caminos más rápidos y conocidos. Salirse de esa autovía implica un coste añadido, ya que obliga a generar nuevas rutas, sostener la atención y vencer la inercia de lo automático. Por lo qu queda claro que el cambio no depende solo de la intención, sino de entender cómo opera esa estructura de hábitos y de entrenar, de forma repetida, alternativas que poco a poco vayan ganando terreno en ese mapa mental ya consolidado.

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