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Los psicólogos coinciden: alegrarse de las desgracias ajenas es inevitable, totalmente normal y no te convierte en mala persona

La ciencia demuestra por qué sentir cierta satisfacción cuando a los demás les va mal en algo casi irremediable

Los psicólogos coinciden: alegrarse de las desgracias ajenas es inevitable, totalmente normal y no te convierte en mala persona

Alegrarse por el mal ajeno es normal, según la ciencia | Freepik

Si alguna vez te has alegrado de las desgracias ajenas, tranquilo: no eres mala persona. La ciencia y los expertos han demostrado que es totalmente normal. Seguro que te estás acordando de la pequeña sonrisa que te salió, sin querer, cuando ese compañero de trabajo que te caía tan mal fue despedido; o del ex que te hizo daño y le ocurrió eso tan malo; o incluso de aquel famoso que parecía tener una vida perfecta y de repente su carrera se fue a pique por un escándalo.

Durante unos segundos sentiste una pequeña satisfacción, casi incontrolable. Pero justo después llegó la culpa. Sí, no te caían bien o se portaron mal contigo, pero sabes que no es bueno alegrarse del mal ajeno. Pero ¿y si no fuera bueno ni malo, sino sólo irremediable? Veamos qué dicen los expertos.

El cerebro obtiene una recompensa al alegrarse de las desgracias ajenas

Esta emoción tiene incluso nombre propio. Se llama schadenfreude, un término alemán que podría traducirse como «alegría por el daño ajeno» y que describe la satisfacción que experimentamos ante las desgracias de los demás.

Cuanto mayor es la envidia hacia una persona, mayor es también el placer que experimentamos ante su fracaso

La ciencia lleva años estudiando este fenómeno. Una investigación dirigida por el psiquiatra, neurocientífico y profesor japonés Hidehiko Takahashi, y publicada en la revista Science, descubrió que cuando una persona experimenta schadenfreude se activa el estriado ventral, una región cerebral relacionada con la recompensa y la liberación de dopamina. Cuanto mayor era la envidia previa hacia la otra persona, mayor era también el placer experimentado ante su fracaso.

Esta emoción tiene incluso nombre propio. Se llama schadenfreude
Esta emoción tiene incluso nombre propio. Se llama schadenfreude

El trabajo, titulado When Your Gain Is My Pain and Your Pain Is My Gain: Neural Correlates of Envy and Schadenfreude, demostró que ambas emociones están estrechamente relacionadas y forman parte de mecanismos normales del cerebro social.

El placer ante las desgracias ajenas aumenta cuando consideramos que esa persona ha actuado de manera arrogante o injusta

Pero, ojo, no todo tiene que ver con la envidia. Los investigadores holandeses Wilco van Dijk y Jaap Ouwerkerk comprobaron que el placer ante las desgracias ajenas aumenta cuando consideramos que esa persona ha actuado de manera arrogante o injusta. En otras palabras, cuando sentimos que alguien «se merece» lo malo que le ha sucedido, aparece una sensación de equilibrio moral. Es lo que popularmente muchas personas identifican con el karma. «El schadenfreude suele aparecer cuando las personas sienten que se ha restablecido una cierta justicia», explican los autores.

La comparación social: «Mal de muchos, consuelo de tontos»

Sin darnos cuenta, vivimos comparándonos constantemente con los demás. Cuando atravesamos una mala racha o nos sentimos inseguros, comprobar que otros también fracasan puede generar cierta sensación de alivio. No tanto por el dolor ajeno, sino porque nos recuerda que nadie está libre de equivocarse.

La gente puede incluso dejar de empatizar y experimentar placer ante la desgracia de aquellos a quienes envidia

La profesora Mina Cikara, de la Universidad de Harvard y una de las mayores expertas mundiales en emociones sociales, ha demostrado que las personas experimentan con mayor intensidad esta emoción cuando el fracaso afecta a individuos que perciben como rivales o personas de mayor estatus. «La gente puede incluso dejar de empatizar y experimentar placer ante la desgracia de aquellos a quienes envidia», sostiene la investigadora.

Un mecanismo para proteger la autoestima

Los expertos sostienen que esta reacción también funciona como un mecanismo de defensa. Un estudio publicado en el Australian Journal of Psychology concluyó que las personas experimentan una mayor satisfacción ante los fracasos ajenos cuando sienten amenazada su visión de que el mundo es justo.

Para Richard H. Smith, profesor de Psicología de la Universidad de Kentucky y uno de los mayores especialistas mundiales en el estudio del schadenfreude, esta emoción suele estar relacionada con procesos de comparación social, envidia e inseguridad personal más que con una auténtica voluntad de hacer daño. Sus investigaciones muestran que el placer ante los reveses de otras personas aparece con mayor frecuencia cuando percibimos a alguien como superior o cuando su éxito amenaza nuestra autoestima.

La culpa demuestra que seguimos teniendo empatía

La buena noticia es que esa culpa que aparece después tiene una explicación positiva. Al respecto, el psicólogo social Colin Leach sostiene que quienes experimentan schadenfreude suelen ocultar esa satisfacción porque son conscientes de que no está bien disfrutar del sufrimiento de los demás.

Sentir un pequeño alivio o una satisfacción pasajera ante la desgracia ajena no nos convierte en malas personas

Es decir, sentir un pequeño alivio o una satisfacción pasajera no nos convierte en malas personas, ya que una cosa es experimentar esa emoción de manera puntual y otra muy distinta desear el sufrimiento de alguien o tratar de provocarlo.

En el fondo, el schadenfreude habla menos de la persona que sufre la desgracia y más de quien experimenta la emoción, pues revela inseguridades, envidia, comparaciones y/o heridas o traumas emocionales sin resolver. Ojo, comprender esto no implica justificarlo, pero sí nos ayuda a entender que nuestras emociones, incluso la alegría por el mal ajeno, son normales, ya que somos humanos y, en el fondo, vulnerables.

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