Flacidez facial tras perder peso: por qué cambia el rostro y qué tratamientos ayudan a recuperar firmeza
Descubre por qué cambia el rostro tras adelgazar y qué tratamientos no invasivos recuperan firmeza y armonía

Descubre por qué cambia el rostro tras adelgazar y qué tratamientos no invasivos recuperan firmeza y armonía | Foto cedida por la Dra. Keila Mitsunaga
Perder peso suele asociarse a una mejora de la salud, el bienestar y la imagen corporal. Pero cuando la pérdida es significativa o rápida, el rostro puede presentar cambios inesperados: pérdida de volumen, surcos más marcados y una sensación de flacidez que, en ocasiones, genera un aspecto más envejecido. La Dra. Keila Mitsunaga, dermatóloga, explica que estos cambios tienen una explicación anatómica clara: al adelgazar no solo disminuyen los depósitos grasos corporales, también se reduce la grasa facial que actúa como soporte natural de la piel.
En consulta, los expertos confirman que no todos los rostros reaccionan igual. Factores como la cantidad de peso perdido, la rapidez del proceso, la edad, la calidad de la piel, la genética o la distribución natural de la grasa facial influyen directamente en el resultado. Con el paso de los años, la piel disminuye la producción de colágeno y elastina, esenciales para la firmeza.
Además, factores como la exposición solar acumulada, el tabaquismo y hábitos de vida inadecuados pueden acelerar el deterioro estructural.
Una pérdida de peso gradual permite una mejor adaptación de los tejidos, mientras que cuando el adelgazamiento es rápido, la piel dispone de menos tiempo para reorganizarse y retraerse. En pérdidas importantes, como las asociadas a análogos del GLP-1 o cirugías bariátricas, no solo se pierde grasa, sino también un porcentaje de masa muscular, lo que puede influir en el aspecto general del rostro.
Las zonas que más delatan la flacidez y cómo prevenir que se acentúe
Las zonas donde con mayor frecuencia se aprecia la pérdida de soporte son las mejillas, el tercio medio facial, el contorno mandibular y la zona submentoniana. También es habitual que los surcos nasogenianos y las líneas de marioneta se vuelvan más visibles.

Según la Dra. Mitsunaga, la pérdida de grasa actúa como un acelerador de estos signos, ya que los cambios aparecen en un periodo relativamente corto, lo que facilita su identificación.
Aunque no siempre es posible evitar la flacidez por completo, existen medidas que ayudan a reducir su impacto. Los especialistas recomiendan una pérdida de peso progresiva, acompañada de una alimentación equilibrada, una correcta hidratación y una ingesta adecuada de proteínas para favorecer el mantenimiento de los tejidos.
La fotoprotección diaria, evitar el tabaco, descansar correctamente y utilizar productos dermocosméticos adecuados también contribuyen a preservar la calidad de la piel durante el proceso.
Tratamientos no invasivos combinados que recuperan firmeza sin cambiar el rostro
Cuando la flacidez ya es visible, cada vez son más los pacientes que acuden a centros de medicina estética buscando soluciones no quirúrgicas. La dermatóloga recomienda tratamientos combinados para abordar el rostro de forma global. Destaca los ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU), como LIFTERA, que actúan en distintas capas de la piel y del sistema de soporte facial, estimulando la formación de nuevo colágeno y favoreciendo un efecto tensor progresivo.
También resalta los bioestimuladores de colágeno, capaces de mejorar la calidad cutánea y aumentar la firmeza mediante la activación de los mecanismos naturales de regeneración de la piel.

Por su parte, el ácido hialurónico reticulado permite restaurar volúmenes estratégicos que se han perdido con el adelgazamiento, mejorando el soporte facial y suavizando determinadas depresiones o surcos.
«Los mejores resultados suelen obtenerse mediante protocolos combinados e individualizados, adaptados a las necesidades específicas de cada paciente. Al final, el objetivo no es cambiar el rostro, sino acompañar sus cambios de forma natural, preservando la armonía facial y respetando la identidad personal», explica la Dra. Mitsunaga.
