Un interceptor español y un láser israelí, entre las armas más exóticas de última generación
La feria Eurosatory trae novedades interesantes, pero lo más llamativo es lo que no hay: armamento americano

Renault 4TROOP.
La guerra está cambiando a una velocidad como nunca se ha visto. Y esto se refleja en sus herramientas. A nuevas amenazas, nuevas respuestas. Estas son las seis más exóticas, infrecuentes y disruptivas que se han visto en Eurosatory, la mayor y más importante feria de defensa terrestre del planeta.
Este año ha reunido a más de dos mil expositores con un guion escrito en Ucrania. Disparar desde más lejos para no morir, derribar drones baratos sin arruinarse, o mandar una máquina en vez de un soldado. Y la clave de las claves: fabricarlo todo en Europa, para que nadie pueda apagarlo pulsando un botón desde un despacho lejano.
El primero de la lista lleva sello español y embiste contra el problema que quita hoy el sueño a los ejércitos, a todos: uno se queda sin interceptores de un millón de euros mucho antes de que el enemigo se quede sin drones de cincuenta mil. La madrileña Arquimea ha desplegado en el salón de París una respuesta a esa pesadilla, una defensa antiaérea multicapa construida a base de interceptores autónomos.

Y no se trata de un único misil, sino de toda una familia escalonada por velocidad y distancia. El Q-SLAM-40 cubre el perímetro hasta 40 kilómetros; dos hermanos de capacidad intermedia rebasan los 350 km/h y, en la cúspide, el Q-FOX, que supera los 600 km/h apoyándose en el micromisil de la también española Aertec.
La ecuación aplicada sigue una pauta reconocible: detección, identificación, seguimiento y derribo. Todo concentrado en una sola arquitectura y con capacidad para fabricar mil aparatos al mes. Lo que en 2020 era un exotismo presupuestario es hoy una categoría con sus propias subcategorías.
A la guerra se va en coche híbrido
El segundo nace de esa misma obsesión por la cantidad. La rareza es que nace en un lugar insospechado: la cadena de montaje de un fabricante de coches. La marca que durante décadas ha motorizado a media España con su Clio se dispone ahora a fabricar drones suicidas, y no es por capricho. Renault, participada en un 15% por el Estado francés, ya fabricó en serie el carro ligero FT durante la Primera Guerra Mundial. Un siglo después, la marca del rombo vuelve al frente de la mano de Thales.
Ambas firmas francesas han presentado el 4TROOP, un vehículo táctico nacido de una plataforma civil y concebido para gobernar drones aéreos y terrestres. El siguiente paso será producir en serie la munición merodeadora Toutatis, hasta mil unidades al mes a partir de 2027. Es soberanía llevada a la línea de producción. Dicho de otra manera, trasladar la capacidad de la industria automotriz a la bélica para no depender de nadie.

El tercero es una de las estrellas técnicas del salón. KNDS, el gigante franco-alemán padre del Leopard y el Caesar, ha presentado LORAS, un cañón de 155 milímetros con un tubo de 58 calibres, más largo que cualquier pieza en servicio en la OTAN. La promesa es dar alcance a blancos situados a más de 60 kilómetros con munición convencional y hasta 100 con proyectiles especiales. La artillería actual rara vez supera los 40.
Este diseño parte de otra de las lecciones ucranianas. En los duelos de contrabatería, el cañón que dispara más lejos dispara primero y vive más tiempo. LORAS busca comprar alcance de cohete sin pagar precio de misil en cada andanada. Lo más interesante es que, montada sobre una plataforma de cadenas, su torre robotizada no requiere tripulación. La fabricación en serie llegará en 2032.
Más lejos, mejor
El cuarto responde a otra de las grandes preguntas de la guerra moderna: cómo mandar una máquina allí donde antes iba un hombre. La estonia Milrem, referencia mundial en robótica terrestre, ha llevado a París todo un ecosistema de vehículos no tripulados pensado para el flanco oriental de Europa. La idea que lo gobierna es tan fría como razonable: que sean los robots quienes ocupen las posiciones más letales y los soldados queden detrás, para tomar decisiones en lugar de ir a morir.
Su THeMIS de cadenas incorpora ahora una estación antidrón con un cañón de 30 milímetros capaz de barrer aparatos más allá del kilómetro. Otro modelo, el HAVOC 8×8, es capaz de cargar cañones, misiles antiaéreos de corto alcance y equipos de guerra electrónica. En un campo de batalla donde todo lo que se mueve y emite acaba localizado, apartar al ser humano del punto de mira resulta cada día más obligado.
El quinto es con casi toda probabilidad el arma que mejor resume esta guerra. La noruega Nammo ha presentado un sistema modular que casa una ojiva anticarro con un dron táctico. Lo primero es la N7 de 70 milímetros, capaz de perforar más de 450 milímetros de acero. Lo segundo, el MRM2-10AI de la europea Orqa, fabricado sin componentes chinos y blindado frente a las interferencias.
Lo que separa este anuncio del humo es un detalle nada menor: la ojiva, según la propia compañía, ya se ha vendido a Ucrania por cientos de miles de unidades. Tiene todo el derecho a ponerle la siempre valiosa etiqueta de «Probado en combate». Un arma que ya ha conocido al enemigo es la mejor reseña de todas. De ahí que el matrimonio entre dron barato y una demoledora carga hueca se haya convertido en una línea de producto.
El cañón de Luke Skywalker
El sexto es mitad ciencia ficción y mitad hoja de cálculo. La israelí Esh-Tech, una startup que apenas levanta el vuelo, ha llevado a París DroneLight. Es un sistema antidrones que no escupe metralla ni misiles, sino luz. Un láser pulsado que, en lugar de calentar el blanco como los modelos clásicos de haz continuo, le arranca el material de la superficie por ablación. Su técnica es a base de ráfagas brevísimas y de altísima intensidad. Es una ametralladora de energía.
Las cifras seducen: menos de cuatro kilovatios de consumo —bajísimo—, derribo en uno o dos segundos, treinta interceptaciones por minuto y un coste estimado en apenas una cuarta parte del de un láser convencional. Y ahora lo del Excel: cada disparo cuesta poco más que la electricidad que lo alimenta. Contra un enjambre de drones de usar y tirar, eso es sencillamente el AK47 de los cielos.
Ahora bien, las promesas de las startups de armas láser requieren de una verificación independiente, y aquello de derribar veinte drones en las propias pruebas es una frase que ha precedido a no pocas decepciones. La presencia misma de Esh-Tech en París dice mucho del momento: las firmas israelíes de armamento ofensivo han quedado vetadas en esta edición, pero las de sistemas defensivos sí pueden exponer, y un cazadrones pasa por esa rendija.
Made in aquí
Y ahora el gran detalle: ninguna de estas seis armas lleva el sello de Made in USA. Parte se explica por el escenario: Eurosatory es un salón europeo de guerra terrestre, y los gigantes americanos juegan en casa en otras ferias, donde todavía dominan el aire, el mar y el espacio sin apenas discusión. Pero el fondo sobrevive al matiz.
El modelo americano de plataformas exquisitas, carísimas y entregadas con una década de retraso encaja mal hoy. La guerra de hoy se reinventa cada mes y premia la cantidad barata por encima de la perfección absoluta.
Mientras los grandes sacaban brillo a su próximo prodigio con el horizonte clavado en 2035, la revolución se la han llevado quienes tienen el conflicto en la puerta de casa. Recordatorio para todos: los dinosaurios se extinguieron por falta de adaptación, sobrevivieron los pequeños.
