Gobierno de hampones
«Mascarillas, Plus Ultra, Zapatero, hidrocarburos, financiación del PSOE, cloacas... Las tramas que asedian Moncloa se fusionan a medida que avanza la investigación»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Sospecho que mi madre me va a afear el título de esta columna. Pero a la Real Academia me atengo: el hampa es «un conjunto de maleantes que, unidos en una especie de sociedad, cometen robos y otros delitos y usan un lenguaje particular».
El Tribunal Supremo acaba de condenar a José Luis Ábalos, otrora poderoso secretario de Organización del PSOE y ministro de Transportes, a 24 años de cárcel por pertenencia a una «organización criminal». A su asesor, Koldo García, le han caído 19. Y ojo, esto es solo por la causa de las mascarillas: pelotazos y estafas perpetrados aprovechando el drama de la pandemia. Ello implicó, dice la sentencia, «desmantelar controles institucionales, apropiarse de recursos públicos, manipular decisiones administrativas (…) erosionando los fundamentos del Estado democrático». Y también: «Los actos analizados se ejecutan desde el ejercicio del poder público y del poder político en el más alto rango de los órganos constitucionales, como es el Gobierno».
¿Y quién preside el PSOE y el Gobierno? Pues eso: Pedro Sánchez, también conocido como P. S. o «el One». Ábalos y Koldo fueron sus leales escuderos en los tiempos del asalto a Ferraz y La Moncloa. Lo mismo conducían el Peugeot que le guardaban los avales. El tercero, Santos Cerdán, sucesor de Ábalos al frente del partido, está también acusado de organización criminal, cohecho y tráfico de influencias. Y la lista va a ir ampliándose.
¿Recuerden a Ábalos como telonero de la moción de censura, allá por 2018, apelando en el Congreso a recuperar «la dignidad de nuestra democracia?». Hoy una decena de tramas asedian Moncloa. Tramas que se van fusionando a medida que avanzan las investigaciones: el caso Mascarillas se entrelaza con el caso Plus Ultra, que se entrelaza con el caso Zapatero, que se entrelaza con el caso hidrocarburos que se enlaza con el caso de la financiación irregular del PSOE que se entrelaza con el caso de las cloacas, de Leire Díez y Cerdán, que a su vez se entrelaza con los casos de los parientes presidenciales: su hermano, David Sánchez, y su señora, Begoña Gómez.
Si esto no se ajusta a la definición de hampa, que venga la fiscal Peramato y nos ilumine. Incluso cumplen el requisito de la jerga que señala la RAE: «sobrinas», «chistorras», «lechugas», «soles»… O «el pana Zapatero», «el lacayo» o «10 k». O «transformación social competitiva» y «oficina de artes escénicas».
«Los tentáculos alcanzan a la Fiscalía General del Estado y a la cúpula de la Guardia Civil, que ha boicoteado el trabajo de la UCO»
El concepto de hampa se refuerza con el entramado que organizaron Ferraz y Moncloa para frenar, con operaciones de corte mafioso, las investigaciones de jueces, fiscales, guardias civiles, policías y periodistas. Los tentáculos alcanzaron a la Fiscalía General del Estado (con el condenado García Ortiz tramitando una denuncia absurda contra la juez del caso del hermanísimo) y a la cúpula de la Guardia Civil, que ha boicoteado el trabajo de la UCO. Incluso tienen contactos con cloacas internacionales: aquí hemos publicado sobre la contratación de colombianos patibularios para las tareas de guerra sucia.
La condena de Ábalos y Koldo llega después de que el juez Juan Carlos Peinado haya enviado a Begoña Gómez a juicio oral y le haya retirado el pasaporte. Hay quienes ven en esta última medida la reacción excesiva de un juez que ha tenido que soportar la ofensiva del Gobierno y la prepotencia de la hija de Sabiniano, la misma que convocaba en Moncloa al rector de la Universidad Complutense para que le montara una cátedra. A mí también me cuesta pensar que la señora vaya a huir con peluca y bigote postizo. En todo caso, será la Audiencia Provincial la que se pronuncie sobre la idoneidad de las medidas cautelares. Y habrá que ver si las reservas expresadas por el juez sobre la rectitud de los escoltas le suponen un expediente: después de todo, estamos en el país de Luis Roldán y Carles Puigdemont.
Por eso no entiendo tanto rasgado de vestiduras y tanta hiperventilación con lo del pasaporte. Es bastante más grave que Gómez haya podido aprovecharse de la posición de su marido para medrar, dar sablazos a empresas participadas y malversar fondos públicos. El auto del juez Peinado está muy detallado. Lo más reprochable es que pone las comas al azar.
La jauría se ha desatado, como no podía ser de otra manera. Los más connotados paniaguados gubernamentales repiten argumentario sin molestarse en cambiar la redacción: que si golpismo judicial, que si hay que salir a la calle, que si poner pie en pared. Ya tenemos el leitmotiv de la próxima campaña electoral, resumido por ese acreditado demócrata llamado Arnaldo Otegi: hay una operación para «tumbar al Gobierno». Cargos del partido y ministros se han apresurado a unirse al coro de plañideras. La portavoz Elma Saiz ha puesto a Begoña Gómez como «ejemplo de dignidad y entereza», nada menos. Parecen los siervos de un dictador. No es exageración: un reciente acto del PSOE madrileño estaba presidido por una bandera republicana y un retrato de Sánchez, a modo de Kim Jong-un.
Para eso ha quedado el PSOE con el sanchismo: para dar cerradas ovaciones a José Luis Ábalos y a los condenados por los ERE, para justificar las esmeraldas de Zapatero y para proclamar, sin atisbo de pudor, #YoConBegoña. El hampa progresista.