Alerta naranja
«Una crisis sin precedentes amenaza la convivencia. El sanchismo se moviliza contra la supuesta persecución judicial»

Ilustración generada con IA.
Más de media España se encuentra actualmente en alerta naranja por calor. Los pronósticos de la Agencia Estatal de Meteorología permiten casi siempre anticipar los riesgos del clima y dan a las autoridades y a la población la posibilidad de tomar las medidas más convenientes para evitar en gran medida sus peores efectos, en este caso por las elevadas temperaturas.
Lástima que no exista una agencia similar para advertir sobre los peligros del clima político, que sin duda recomendaría en estos días en España repetir la misma alerta naranja que se ha decretado para el calor. La convivencia en nuestro país se encuentra gravemente amenazada. La democracia española está en alerta naranja. El presidente del Gobierno ha llegado a la conclusión de que solo la confrontación y el caos pueden ocultar la desesperada situación en la que se encuentra: personalmente desacreditado, sin mayoría en el Parlamento y rodeado por una decena de casos de corrupción de los que la mayoría empiezan y concluyen en él mismo.
Pedro Sánchez ha emprendido su enésima huida hacia adelante al grito de ‘¡persecución judicial!’. Lo hemos comprobado con crudeza este fin de semana. Ha bastado una polémica decisión sobre medidas cautelares —ojo, ¡medidas cautelares!— de un juez de instrucción para desatar la mayor campaña de difamación de la justicia que se recuerda en España.
La decisión del juez Peinado es, en efecto, controvertida. Sin disponer de conocimientos que me permitan opinar con criterio sobre el asunto, entiendo como persona de a pie que Peinado se ha excedido con su decisión de retirar el pasaporte a Begoña Gómez y que da lugar a que se confunda su comportamiento con una injusta voluntad de ensañamiento. La medida, que debe ser ahora revisada por un tribunal superior, en este caso la Audiencia de Madrid, puede causar una molestia para la imputada y, de alguna forma, perjudica a la imagen del presidente del Gobierno. Pero ahí acaba todo. Nadie va a ir a la cárcel ni se ha pronunciado ninguna sentencia. Ni siquiera es probable que la decisión sea respaldada por la Audiencia.
Sin embargo, ha bastado eso, tal vez un error judicial, para que Moncloa diera instrucciones el sábado de llamar a las armas. En realidad, lo vio casi como una gran oportunidad de desarrollar su estrategia. En poco menos de media hora, todos los ministros del Gobierno de España desfilaron por la red X —esa de la que echan pestes en los discursos oficiales— para denunciar la supuesta persecución judicial. Cada uno que escribía subía el tono del mensaje anterior. Si uno se quejaba de un acoso injustificado contra la familia del presidente del Gobierno, el otro exigía poner freno a un pretendido desafío del poder judicial al poder ejecutivo.
La ofensiva, por supuesto, se extendió a las huestes simpatizantes del Gobierno entre periodistas y opinadores varios. Se pidió con otras palabras una revuelta ciudadana —«es hora de poner los pies en pared»—, se convocó a la población a sumarse a una causa general contra Peinado y otros que osen actuar contra Sánchez. Los más prudentes hablaban de un golpe de Estado en marcha dirigido por los jueces y respaldado de forma activa por numerosos periodistas y en silencio por el PP. Los más radicales entendían que es hora de parar en las calles lo que entienden como una persecución organizada contra su líder. En pocas horas, el asunto tomó tal cariz que el propio Consejo General del Poder Judicial se sintió obligado a reunirse el domingo para estudiar, de forma insólita, la decisión de un juez de instrucción.
Todo esto, repito, por unas medidas cautelares que probablemente serán revocadas por el órgano superior. O quizá era algo más que eso. Quizá era una advertencia de lo que puede ocurrir si Begoña Gómez es finalmente juzgada y declarada culpable, de lo que puede ocurrir si, como parece lógico por el desarrollo de las investigaciones en marcha, el propio Sánchez es finalmente imputado, juzgado y, si ha lugar, condenado por corrupción.
«Los más prudentes hablaban de un golpe de Estado en marcha dirigido por los jueces y respaldado de forma activa por numerosos periodistas y en silencio por el PP»
Aluden algunos a las medidas dictadas por Peinado como la gota que colmó el vaso. Por lo que se ha visto, Peinado ha llevado a cabo una instrucción desordenada que ha merecido varias rectificaciones de la Audiencia. Pero, ¿qué vaso ha llenado? El caso de Begoña está soportado por numerosos indicios razonables que igualmente han sido apoyados por el tribunal que reprobó a Peinado. ¿Qué vaso se ha colmado? ¿El vaso en el que están Ábalos, Koldo, Cerdán, Leyre y Zapatero? ¿Qué vaso se ha colmado?
Aquí el único vaso que puede llenarse pronto es el de la paciencia de los españoles, que han puesto hasta ahora tranquilidad y orden donde el Gobierno intentaba provocar división y enfrentamiento. Ese vaso sí está a punto de colmarse. Por eso nuestra democracia está en alerta naranja. Porque Sánchez se niega a aceptar pacíficamente las consecuencias de sus desaciertos y su presunta indecencia. Cualquier gobernante democrático presentaría la dimisión aunque solo fuera para librar a su país del peligro que hoy le acecha. Lejos de eso, Sánchez insiste en presentarse como su único salvador. Mal asunto este de los salvadores de la patria. La semilla del odio sembrada desde hace tiempo comienza a germinar. Si no cambiamos el rumbo, en breve habrá que elevar el color de la alerta actual.