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Miguel de Unamuno, escritor de la Generación del 98, avisó en 1905: «Solo el que intenta lo absurdo es capaz de conseguir lo que parecía imposible»

Quienes persiguen sus ideales, incluso a riesgo de parecer absurdos, son capaces de transformar la realidad

Miguel de Unamuno, escritor de la Generación del 98, avisó en 1905: «Solo el que intenta lo absurdo es capaz de conseguir lo que parecía imposible»

Miguel de Unamuno | Inteligencia artificial

«Solo el que intenta lo absurdo es capaz de conseguir lo que parecía imposible». Con esta reflexión, Miguel de Unamuno, una de las figuras más destacadas de la Generación del 98, dejó en 1905 una de las enseñanzas más vigentes de su pensamiento. La frase, desarrollada en Vida de Don Quijote y Sancho, resume una idea que atraviesa toda su obra: el progreso humano nace de la capacidad de desafiar los límites de lo que parece razonable y de perseverar incluso cuando el fracaso parece inevitable.

Don Quijote como símbolo de la perseverancia

A comienzos del siglo XX, España atravesaba una profunda crisis de identidad tras la pérdida de las últimas colonias. En ese contexto, los autores de la Generación del 98 reflexionaron sobre el futuro del país y sobre el papel del individuo frente a la incertidumbre. Unamuno encontró en la figura de Don Quijote un símbolo perfecto para expresar su visión del ser humano: alguien dispuesto a luchar por un ideal, aunque el mundo entero considere que está equivocado.

Lejos de interpretar al protagonista de Cervantes como un simple personaje cómico o un hombre que ha perdido el juicio, Unamuno lo convierte en un modelo de valentía moral. En Vida de Don Quijote y Sancho, publicada en 1905, reivindica al caballero manchego como un héroe que no se rinde ante la adversidad. Don Quijote cae una y otra vez, es derrotado, incomprendido e incluso ridiculizado por quienes lo rodean. Sin embargo, siempre encuentra la fuerza para levantarse y continuar su camino.

Vida de Don Quijote y Sancho

La importancia de intentar lo que parece imposible

Para Unamuno, esa perseverancia es precisamente lo que convierte a Don Quijote en un personaje extraordinario. Lo importante no es el éxito inmediato ni el reconocimiento social, sino la fidelidad a una convicción profunda. El caballero sigue adelante porque cree en su misión, aunque los resultados no acompañen y aunque sus acciones parezcan absurdas a ojos de los demás.

La célebre frase sobre intentar lo absurdo encierra, por tanto, una crítica a la resignación y al conformismo. Según el pensador vasco, muchas de las grandes conquistas de la humanidad nacieron de ideas que en su momento parecían imposibles. Los avances científicos, los cambios sociales y los logros personales suelen comenzar como proyectos que desafían las expectativas de su tiempo. Quienes se atreven a perseguirlos aceptan el riesgo del error, pero también abren la puerta a nuevas posibilidades.

El fracaso como parte del camino

Esta visión resulta especialmente relevante en una sociedad que a menudo premia la seguridad y castiga el fracaso. Unamuno plantea una perspectiva diferente: equivocarse no debe interpretarse como una derrota definitiva, sino como una parte inevitable del proceso de crecimiento. El verdadero fracaso, sugiere, consiste en renunciar a los propios ideales por miedo a equivocarse o a ser objeto de burla.

En este sentido, la experiencia de Don Quijote adquiere un valor universal. Cada caída, cada error y cada derrota forman parte de un aprendizaje que fortalece la voluntad. Lo que distingue a quienes alcanzan metas extraordinarias no es la ausencia de obstáculos, sino la capacidad de seguir adelante pese a ellos.

Esta visión conecta con las reflexiones del médico y divulgador Mario Alonso Puig sobre el valor del error en el desarrollo personal. Para el experto, equivocarse no es una señal de debilidad, sino una parte inherente del camino hacia el crecimiento. En línea con el pensamiento de William James, sostiene que no es el tropiezo en sí lo que determina nuestro destino, sino la interpretación que hacemos de él. Cada error encierra una oportunidad para aprender, reajustar el rumbo y volver a dirigir la mirada hacia aquello que nos inspira.

Al igual que el Don Quijote de Unamuno, la clave no está en evitar las caídas, sino en encontrar la determinación necesaria para levantarse y continuar avanzando. Porque, al final, no importa cuántas veces se fracase, sino la fuerza con la que se decide seguir adelante.

La invitación a convertirse en «quijotes» es uno de los mensajes centrales de la obra de Unamuno. Ser quijotesco no significa vivir desconectado de la realidad, sino mantener viva la capacidad de soñar y de actuar en función de aquello que se considera justo o valioso. Implica defender las propias convicciones incluso cuando las circunstancias son desfavorables y cuando la opinión mayoritaria parece ir en sentido contrario.

Más de un siglo después de la publicación de Vida de Don Quijote y Sancho, las palabras de Unamuno conservan toda su actualidad. En un mundo marcado por la incertidumbre, la competitividad y el temor al error, su reflexión recuerda que los grandes cambios suelen comenzar con un acto de audacia. Intentar lo que parece imposible puede conducir al fracaso, pero también es la única vía para alcanzar aquello que nunca se lograría permaneciendo dentro de los límites de lo conocido.

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