The Objective
Ricardo Dudda

La levedad del expresidente

«Zapatero tiene una capacidad fascinante para decir vacuidades en los momentos más importantes, como frente al magistrado de la Audiencia Nacional que lo juzga» 

Opinión
La levedad del expresidente

Imagen creada con inteligencia artificial.

Esta semana, antes de declarar en la Audiencia Nacional, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero hizo unas declaraciones fascinantes, que merece la pena desgranar, porque resumen el zapaterismo y la política contemporánea. Zapatero dijo, en primer lugar: «Cuando uno se sabe completamente inocente, como es mi caso, y confía plenamente en la Justicia, lo más doloroso es saber que mucha gente puede sentirse defraudada si cree las cosas que se afirman de mí». Si cree las cosas que se afirman de mí. Por eso, ¡no hay que creerlas! Y por eso el presidente pidió, como ha recordado Rafa Latorre, un salto de fe: «Mi mensaje es a todos esos conciudadanos y conciudadanas: les pido confianza. No les decepcionaré. Nos costará más o menos tiempo demostrarlo, pero la verdad se abrirá paso y devolveré la confianza a quien ahora duda. Ya lo verán». 

Normalmente, si un político pide confianza a los ciudadanos, es porque les promete algo que cambiará sus vidas, aunque sea modestamente. Prometo que acabaré con la violencia en las calles, prometo que reduciré la inflación, prometo revalorizar las pensiones (esta es de las pocas promesas que se cumplen en política últimamente). En este caso, Zapatero, que ya no es político en activo, pero sí es un gran activo político, o lo ha sido durante el tardosanchismo, pide confianza a sus fieles por otro motivo: no os preocupéis, que soy rico de manera legal. Los «conciudadanos y conciudadanas» (un reto epistémico este: si soy ciudadano, ¿soy también conciudadano?) al fin, pudieron respirar. 

El expresidente, según el juez Calama, «no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad», a pesar de que presentó ante el tribunal «una autorización universal voluntaria para que pueda constatarse la inexistencia de sociedades, dinero, productos financieros o cualquier activo con titularidad mía directa o indirecta». Parece un gesto de buena fe, pero en el fondo es otro gran gesto zapaterista, porque no cambia nada. En resumen, autoriza a la justicia lo que la justicia ya iba a hacer de todas formas, y lo que la ley contempla. Es como decir que autorizo a la DGT a que me quite los puntos del carnet si conduzco a 200 por hora.

Ante el juez, Zapatero también dijo: «Siempre he tenido el firme convencimiento de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley en un Estado de derecho». Da un poco de vergüenza decirle eso a un juez. Y es algo que, por otra parte, uno no dice si es completamente inocente, aunque es verdad que Zapatero tiene una capacidad fascinante para decir vacuidades incluso en los momentos más importantes, como frente al magistrado de la Audiencia Nacional que lo juzga. 

La cosa va para largo. Mientras, el Gobierno está al límite (da igual cuándo se lea esto). Esta vez parece en serio. El presidente está pensando en convocar elecciones. Desde hace semanas se lo piden algunos de sus socios, como Junts o, más recientemente, el PNV. Pero si el Gobierno coquetea con un adelanto electoral no es por la corrupción. Eso sería darle la razón a sus adversarios, incluso trasladar el mensaje de que realmente estamos ante algo grave. No, el presidente ha dicho que no descarta adelantar las elecciones… si no se aprueban los presupuestos. Lleva tres años prorrogando los de 2023 y el Tribunal Constitucional (órgano judicial de este Gobierno) lleva meses incluso estudiando la manera de declarar constitucional gobernar sin presupuestos, y de pronto el Gobierno dice, en mitad de uno de los escándalos más graves de corrupción de la democracia, que no puede gobernar sin presupuestos. Claro que puede. Pero se le acaban las excusas.

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