The Objective
Santi González

Se veía venir el marrón

«La diferencia en las condenas permite preguntarse si se debe al grado de afinidad manifestado hacia los ahora condenados por el número Uno, el jefe o el Puto Amo»

Opinión
Se veía venir el marrón

Imagen creada con inteligencia artificial.

Se veía venir el marrón, decía una canción de Estopa. Creímos que estaba al caer la semana pasada, pero ha sido al comienzo de esta. Ayer, lunes, se hizo pública la sentencia que el Tribunal Supremo estaba incubando contra quien fue mano derecha del presidente del Gobierno, quien fue mano derecha de la mano derecha del presidente del Gobierno y el hombre que hizo posibles las caídas de los antedichos. Y las condenas han sido las que se les presumían: 24 años de prisión para José Luis Ábalos; 19 para Koldo García Izaguirre y cuatro años y medio para Víctor de Aldama que, tal como él había calculado astutamente, le permitirá eludir el ingreso en prisión gracias a su colaboración con la Justicia.

La diferencia en las condenas permite preguntarse si se debe al grado de afinidad manifestado hacia los ahora condenados por el número Uno, el jefe o el Puto Amo, como dijo en histórica alusión el sucesor de Ábalos al frente del Ministerio de Transportes, expresión que le fue afeada por Borja Sémper al sugerir en su cuenta de X que Sánchez «debería ser el puto siervo al servicio de los españoles». Los dos tienen en común el empleo del calificativo «puto», con un nexo probable en el negocio del que sacaba los posibles su suegro Sabiniano y con los que patrocinaba el matrimonio de su hija. Hablaba del tema un memorable soneto de Quevedo: «Puto es el gusto, y puta la alegría / que el rato putaril nos encarece; / y yo diré que es puto a quien parece / que no sois puta vos, señora mía».

Pedro Sánchez tuvo en alta estima a José Luis Ábalos, llegó a comparar la brillantez de sus intervenciones con las de otros dirigentes, llamándole «compañero de batallas y compañero infatigable». En otra ocasión, Sánchez confesó por mensaje que había «echado de menos trabajar con él» y alabó su criterio, para manifestarle: «Sabes que te quiero como un amigo». Era la misma confesión que le hizo Tony Curtis a Kirk Douglas antes de su duelo en Espartaco, temeroso quizá de que, sin la precisión «amigo», Espartaco pudiera tener la tentación de Marco Licinio Craso, de ponerlo mirando a Otranto en el famoso diálogo de las ostras y los caracoles.

El 25 de enero de 2020, el presidente lo definía así: «El ministro de Fomento tiene todo mi respaldo y mi aprecio, tanto político como personal», afirmación que resulta más bien contradictoria con esta otra: que, aunque mantuvo confianza política en José Luis Ábalos, en lo personal su entonces número tres era «un gran desconocido».

«Una cosa es que tuviera confianza política en él, que la tuve y no lo niego. Y otra, que desde el punto de vista personal era un gran desconocido para mí… porque conocí facetas de su dimensión personal que hasta entonces ignoraba». El asunto no era muy relevante porque, después de afirmar tal cosa, volvió a colocarlo en las listas electorales en un puesto de salida que le garantizaba la inmunidad tras el parapeto del escaño.

También estuvo muy firme en la defensa de Koldo García Izaguirre, el portero y hombre para todo del puticlub Rosalex, de Pamplona, a quien llamó «el último aizkolari socialista», «un titán contra los desahucios», «un ejemplo para la militancia» y «uno de los gigantes de la militancia en estas tierras navarras».

Nos queda el comisionista, un Víctor de Aldama condenado a una pena simbólica que no va a requerir su nuevo paso por el trullo. Recordarán que Pedro Sánchez negó conocer a Aldama: «Con este señor no he cruzado una sola palabra, ni en una reunión ni en una conversación», y ya, en plan chiudere in bellezza, remató con el asunto de la foto de Feijóo con Marcial Dorado treinta años antes: «Uno no elige con quién se hace una foto, pero sí elige con quién se va de vacaciones».

Al parecer, él sí elegía con quién se hacía la foto y quizá elegía también al fotógrafo, que en este caso fue Koldo García, el aizkolari de la militancia. La foto fue tomada el 3 de febrero de 2019 en el Teatro La Latina de Madrid durante la presentación de la candidatura de Pepu Hernández, fallido candidato socialista a la alcaldía de Madrid. Había más fotos, claro, algunas en el sancta sanctorum de acontecimientos socialistas. «Si quiere pruebas, que no se preocupe, que las va a tener», dijo Aldama y parece que sí, que ha aportado pruebas suficientes para ganarse la indulgencia del alto tribunal, aunque quizá fue Sánchez quien convenció al Supremo de su inocencia: si Pedro Sánchez no lo conocía, no puede pertenecer a la trama. Por otra parte, el abogado de Aldama es Choclán, qué quieren que les diga.

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