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Ortega y Gasset, filósofo español: «No puedes cambiar el destino: si lo aceptas, eres auténtico; si no, serás una falsificación de ti mismo»

En 'La rebelión de las masas', el ensayista reflexiona sobre la autenticidad, el destino y la necesidad de tener un propósito

Ortega y Gasset, filósofo español: «No puedes cambiar el destino: si lo aceptas, eres auténtico; si no, serás una falsificación de ti mismo»

Ortega y Gasset reflexionó sobre la autenticidad y el destino en 'La rebelión de las masas'. | TO

¿Qué significa vivir una vida auténtica? ¿Hasta qué punto somos libres para decidir quiénes queremos ser? Para José Ortega y Gasset, una de las figuras más influyentes de la filosofía española del siglo XX, la existencia humana no consiste simplemente en hacer lo que a uno le apetece, sino en tener un propósito.

El autor defendía que es necesario tener una vocación personal, entendida como una especie de llamada que marca el rumbo de cada vida. Es lo que podríamos llamar destino. Ortega y Gasset aborda todo ello, además de la autenticidad, el sentido de la vida, el egoísmo o la necesidad de proyectarse hacia el futuro en La rebelión de las masas (1930), una de sus obras más influyentes y vigentes.

El problema de la autenticidad para Ortega y Gasset

La filosofía de Ortega y Gasset parte de una profunda reflexión moral: cada persona está llamada a convertirse en aquello que verdaderamente debe ser. El gran desafío consiste en aceptar esa vocación o traicionarla. Para el filósofo, todo esto está relacionado con la autenticidad, la cual no equivale a satisfacer deseos superficiales ni a seguir impulsos que vienen y van, sino que nace de una exigencia interior que nos impulsa a sentirnos realizados y que configura nuestro destino.

Cuando alguien renuncia a ese deber, no solo se aleja de sí mismo, sino que acaba degradando su propia existencia. Así lo asegura el filósofo en La rebelión de las masas, en la que desarrolla esta idea de autenticidad como fidelidad al propio destino y advierte de las consecuencias de renunciar a él.

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José Ortega y Gasset alrededor de 1950. | Foto: Scandinavian Airlines

«Quien renuncia a su destino es un suicida superviviente»

«Las verdades teóricas no sólo son discutibles, sino que todo su sentido y fuerza están en ser discutidas; nacen de la discusión, viven en tanto se discuten y están hechas exclusivamente para la discusión. Pero el destinolo que vitalmente se tiene que ser o no se tiene que serno se discute, sino que se acepta o no. Si lo aceptamos, somos auténticos; si no lo aceptamos, somos la negación, la falsificación de nosotros mismos. El destino no consiste en aquello que tenemos ganas de hacer; más bien se reconoce y muestra su claro, riguroso perfil en la conciencia de tener que hacer lo que no tenemos ganas», escribe en el ensayo.

El destino —lo que vitalmente se tiene que ser o no se tiene que ser— no se discute, sino que se acepta o no. Si lo aceptamos, somos auténticos; si no lo aceptamos, somos la negación, la falsificación de nosotros mismos

¿Y qué sucede con quien niega su propia esencia y, por tanto, renuncia su destino? Según Ortega y Gasset, sufrirá «envilecimiento, encanallamiento», que «no es otra cosa que el modo de vida que le queda al que se ha negado a ser el que tiene que ser. Este su auténtico ser no muere por eso sino que se convierte en sombra acusadora, en fantasma, que le hace sentir constantemente la inferioridad de la existencia que lleva respecto a la que tenía que llevar. El envilecido es el suicida superviviente».

La consecuencia, advierte Ortega, es una vida vacía de significado, una existencia «sin peso y sin raíz», como escribió en 1930.

El laberinto del egoísmo

A partir de esta concepción de la autenticidad, Ortega y Gasset desarrolla también una crítica de la sociedad moderna y de las formas de vida excesivamente centradas en el yo. Para el filósofo, cuando una persona convierte su propia vida en el único horizonte posible, termina encerrándose en un círculo sin salida.

El escritor afirmaba que vivir implica dirigirse hacia algo que está más allá de uno mismo, ya que toda existencia necesita una meta, un proyecto o una realidad exterior que otorgue dirección y sentido. Sin esa orientación, corremos el riesgo de quedar atrapados en un permanente ensimismamiento.

Si me resuelvo a andar sólo por dentro de mi vida, egoístamente, no avanzo, no voy a ninguna parte, doy vueltas y revueltas, en un mismo lugar. Esto es el laberinto, un camino que no lleva a nada, que se pierde en sí mismo, de puro no ser más que caminar por dentro de sí

En La rebelión de las masas, Ortega y Gasset reflexiona sobre los peligros de seguir este camino: «El egoísmo es laberíntico. Se comprende. Vivir es ir disparado hacia algo, es caminar hacia una meta. La meta no es mi caminar, no es mi vida; es algo a que pongo ésta y que por lo mismo está fuera de ella, más allá. Si me resuelvo a andar sólo por dentro de mi vida, egoístamente, no avanzo, no voy a ninguna parte, doy vueltas y revueltas, en un mismo lugar. Esto es el laberinto, un camino que no lleva a nada, que se pierde en sí mismo, de puro no ser más que caminar por dentro de sí».

Ortega y Gasset. Contacto

Una existencia orientada al futuro

Toda esta reflexión filosófica culmina en una de las ideas más características del pensamiento de Ortega y Gasset: que la vida humana está esencialmente orientada hacia el futuro. Para él, el ser humano no vive únicamente en el presente ni permanece anclado en el pasado, sino que se proyecta de forma constante hacia aquello que todavía no ha ocurrido.

Cada acción, por pequeña que sea, implica la realización de un futuro posible. Incluso cuando una persona recuerda, lo hace porque persigue algo en el instante siguiente: comprender, disfrutar, aprender o revivir una experiencia. De ahí que el filósofo afirme que toda la vida humana se organiza en función del porvenir.

«Quiérase o no, la vida humana es constante ocupación con algo futuro. Desde el instante actual nos ocupamos del que sobreviene. Por eso vivir es siempre, siempre, sin pausa ni descanso, hacer. ¿Por qué no se ha reparado en que hacer, todo hacer, significa realizar un futuro? Incluso cuando nos entregamos a recordar. Hacemos memoria en este segundo para lograr algo en el inmediato, aunque no sea más que el placer de revivir el pasado. Este modesto placer solitario se nos presentó hace un momento como un futuro deseable; por eso lo hacemos. Conste, pues: nada tiene sentido para el hombre sino en función del porvenir», escribe en la citada obra. «Según esto, el ser humano tiene irremediablemente una constitución futurista; vive ante todo en el futuro y del futuro», añade.

Con estas reflexiones, Ortega y Gasset nos recuerda que la plenitud personal no nace de hacer siempre lo que apetece, sino de asumir la responsabilidad de convertirse en quien uno está llamado a ser. Para el filósofo, la autenticidad exige valentía e implica aceptar un destino personal que no siempre coincide con nuestros deseos. Solo así, sostenía, la vida tiene verdadero sentido.

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