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Ortega y Gasset ya lo dijo en 1930: «La clave no es hacer lo que uno quiere, sino descubrir qué está llamado a ser y actuar en consecuencia»

'La rebelión de las masas' esconde auténticas joyas filosóficas sobre la verdad de la vida, la libertad y la responsabilidad

Ortega y Gasset ya lo dijo en 1930: «La clave no es hacer lo que uno quiere, sino descubrir qué está llamado a ser y actuar en consecuencia»

Detalle del retrato de José Ortega y Gasset por Otto Wunderlich, 1927 | Instituto del Patrimonio Cultural de España

Pocas obras españolas del siglo XX han tenido tanta influencia como La rebelión de las masas, de José Ortega y Gasset. Publicado en 1930, el libro se convirtió enseguida en una referencia para entender la crisis de Europa y los cambios culturales que marcaron la modernidad.

La vida es lo que podemos ser, y ello implica decidir entre distintas posibilidades. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de los que se compone la vida

Décadas más tarde, en 1976, el discípulo de Ortega, Julián Marías —uno de los escritores más famosos del pasado siglo— escribió, para el ensayo, una fabulosa introducción —que sigue publicándose hoy— en la que revela el trasfondo filosófico que esconde La rebelión de las masas. En su texto, Marías sostiene que la mayoría de las personas que han leído la obra consideran que es un ensayo político y/o sociológico. Pero todos ellos están equivocados. El ensayista y filósofo demuestra, con numerosos ejemplos, que la verdadera esencia del libro de Ortega no es la crítica a la sociedad de masas, sino el certero análisis del filósofo sobre qué significa vivir (de verdad y con todas sus consecuencias) en un mundo cambiante, incierto y repleto de posibilidades.

Ortega y Gasset dejó una pregunta pendiente en ‘La rebelión de las masas’

En las últimas páginas de La rebelión de las masas, Ortega y Gasset plantea una cuestión: «¿Qué insuficiencias radicales padece la cultura europea moderna?». La respuesta, advierte, exigiría desarrollar plenamente una «doctrina sobre la vida humana» que apenas aparece insinuada en la obra.

El que no se siente de verdad perdido, se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad

Esa observación, aparentemente secundaria, es el punto de partida de la introducción de Marías. Al respecto, Ortega reconoce que la cuestión «tiene que permanecer fuera» del libro porque exigiría otra obra entera. Sin embargo, su filosofía está presente, para quien puede y quiere verla, en cada página de su ensayo.

Dimisión de la universidad 1
José Ortega y Gasset

«El mundo es el repertorio de nuestras posibilidades vitales»

Julián Marías muestra cómo Ortega y Gasset ”cuela’ su filosofía con ejemplos cotidianos. Comprar, por ejemplo, implica elegir; y elegir supone encontrarse ante varias posibilidades. A partir de ahí, Ortega profundiza sobre la vida: afirma que vivir no es seguir una trayectoria fija, sino moverse constantemente —elegir— entre numerosas alternativas para acabar convirtiéndonos en quiénes podemos llegar a ser. Por eso, Ortega asegura que el mundo es «el repertorio de nuestras posibilidades vitales».

Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión

«Cuando se habla de nuestra vida, suele olvidarse esto, que me parece esencialísimo: nuestra vida es en todo instante, y antes que nada, conciencia de lo que nos es posible», escribe Ortega y Gasset en su ensayo.

Retrato en el despacho de su casa del filósofo y catedrático de la Universidad de Madrid Julián Marías.

«Si en cada momento no tuviéramos delante más que una sola posibilidad, carecería de sentido llamarla así. Sería más bien pura necesidad. Pero ahí está: este extrañísimo hecho de nuestra vida posee la condición radical de que siempre encuentra ante sí varias salidas, que por ser varias adquieren el carácter de posibilidades entre las que hemos de decidir», añade en La rebelión de las masas.

La vida es un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro

«Tanto vale decir que vivimos como decir que nos encontramos en un ambiente de posibilidades determinadas. A este ámbito suele llamarse ‘las circunstancias‘. Toda vida es hallarse dentro de la ‘circunstancia’ o mundo. Porque éste es el sentido originario de la idea ‘mundo’. Mundo es el repertorio de nuestras posibilidades vitales. No es, pues, algo aparte y ajeno a nuestra vida, sino que es su auténtica periferia. Representa lo que podemos ser; por lo tanto, nuestra potencialidad vital. Ésta tiene que concretarse para realizarse, o, dicho de otra manera, llegamos a ser sólo una parte mínima de lo que podemos ser. De ahí que nos parezca el mundo una cosa tan enorme, y nosotros, dentro de él, una cosa tan menuda. El mundo o nuestra vida posible es siempre más que nuestro destino o vida efectiva».

Las circunstancias y las interminables decisiones

Para Ortega y Gasset, la vida está formada por dos elementos inseparables: aquello que nos es dado y aquello que decidimos hacer con ello. No elegimos la época histórica en la que nacemos ni el mundo que nos espera, pero sí estamos obligados a decidir dentro de ese marco. La libertad, por tanto, no es un privilegio ocasional, sino una condición inevitable de la existencia. Incluso no decidir, recuerda el filósofo, ya es una forma de decisión.

Es falso decir que la vida la ‘deciden las circunstancias’. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter

«La vida, que es, ante todo, lo que podemos ser; vida posible, es también, y por lo mismo, decidir entre las posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. La circunstancia —las posibilidades— es lo que de nuestra vida nos es dado e impuesto. Ello constituye lo que llamamos el mundo. La vida no elige su mundo, sino que vivir es encontrarse (…) en un mundo determinado e incanjeable; éste de ahora. Nuestro mundo (…), en vez de imponernos una trayectoria, nos impone varias, y, consecuentemente, nos fuerza a elegir. ¡Sorprendente condición la de nuestra vida! Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir», escribe en el ensayo.

Y añade: «Es, pues, falso decir que la vida la ‘deciden las circunstancias’. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter. (…) No es que no se deba hacer lo que le dé a uno la gana; es que no se puede hacer sino lo que cada cual tiene que hacer, tiene que ser. Lo único que cabe es negarse a hacer eso que hay que hacer; pero esto no nos deja en franquía para hacer otra cosa que nos dé la gana. (…) El destino —lo que vitalmente se tiene que ser o no se tiene que serno se discute, sino que se acepta o no. Si lo aceptamos, somos auténticos; si no lo aceptamos, somos la negación, la falsificación de nosotros mismos», añade. Todo ello lo podríamos resumir en la cita del titular: «La clave no es hacer lo que uno quiere, sino descubrir qué está llamado a ser y actuar en consecuencia»

La vida como peligro y drama

Desde esta concepción de la vida, Ortega y Gasset afirma que «todo es posible en la historia», ya que la vida humana —individual o colectiva— está condicionada por el riesgo y la incertidumbre: la civilización puede progresar o retroceder porque el hombre siempre permanece abierto a distintas posibilidades. Todo ello acaba determinando nuestra vida, que siempre es, para el filósofo, peligro y «drama».

Vivir es sentirse perdido, y el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme

«Por lo pronto somos aquello que nuestro mundo nos invita a ser, y las facciones fundamentales de nuestra alma son impresas en ella por el perfil del contorno como por un molde. Naturalmente, vivir no es más que tratar con el mundo. El cariz general que él nos presente será el cariz general de nuestra vida», escribe.

«No creo en la absoluta determinación de la historia. Al contrario, pienso que toda vida y, por lo tanto, la histórica, se compone de puros instantes, cada uno de los cuales está relativamente indeterminado respecto al anterior, de suerte que en él la realidad vacila, piétine sur place, y no sabe bien si decidirse por una u otra entre varias posibilidades. Este titubeo metafísico proporciona a todo lo vital esa inconfundible cualidad de vibración y estremecimiento. (…) «Todo, todo es posible en la historia, (…) porque la vida, individual o colectiva, personal o histórica, es la única entidad del universo cuya sustancia es peligro. Se compone de peripecias. Es, rigurosamente hablando, drama», añade.

Sentirse perdido es el punto de partida para encontrarse

Uno de los pasajes más intensos de la filosofía de Ortega y Gasset aparece cuando define la vida como un caos originario. Para el ensayista, el hombre suele refugiarse en falsas seguridades para no enfrentarse a esa realidad. Sin embargo, entre la masa destaca el «hombre de cabeza clara»: aquel que se atreve a mirar de frente el carácter problemático de la existencia. Hacerlo le llevará, irremediablemente, a sentirse perdido. Y esto, paradójicamente, le ayudará a encontrarse. Ortega compara esta situación con la del náufrago: afirma que únicamente quien sabe que está perdido busca algo firme a lo que agarrarse.

Somos aquello que nuestro mundo nos invita a ser, y las facciones fundamentales de nuestra alma son impresas en ella por el perfil del contorno como por un molde. Naturalmente, vivir no es más que tratar con el mundo

«Lo esencialmente confuso, intrincado, es la realidad vital concreta, que es siempre única. (…) Porque la vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico, donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ‘ideas’ no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad», escribe en el ensayo.

Y añade: «El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas ‘ideas’ fantasmagóricas y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ella es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad —a saber, que vivir es sentirse perdido—, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Éstas son las únicas ideas verdaderas: las ideas de los náufragos. Lo demás es retórica, postura, íntima farsa. El que no se siente de verdad perdido, se pierde inexorablemente; es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad».

Más de noventa años después de su publicación, La rebelión de las masas sigue siendo un libro de referencia. Julián Marías entendió, de manera extraordinariamente lúcida, que detrás del análisis político y social de Ortega y Gasset había algo más valioso: una reflexión sobre el sentido de la vida, la libertad y la responsabilidad de vivir de acuerdo con lo que uno realmente es.

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