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La interesante reflexión de Unamuno, filósofo, sobre dedicarte tiempo: «Algunos se equivocan: pensar por puro placer es lo más valioso»

En una sociedad obsesionada con la productividad, él defendió el valor de aquello que parece inútil: pensar libremente

La interesante reflexión de Unamuno, filósofo, sobre dedicarte tiempo: «Algunos se equivocan: pensar por puro placer es lo más valioso»

Miguel de Unamuno defendía la necesidad de pensar libremente | Canva Pro

«No hay nada más práctico que lo que los hombres prácticos llaman inútil: pensar por el puro placer de pensar». Esta frase, constantemente atribuida a Miguel de Unamuno en artículos filosóficos, no es exactamente suya, pero sí encaja con su estilo y con lo que defendió en sus obras más conocidas, como Del sentimiento trágico de la vida (1913), Vida de Don Quijote y Sancho (1905) o La agonía del cristianismo (1925). La cita también tiene cierto paralelismo con su famosa declaración «¡Que inventen ellos!», como vemos a continuación.

Unamuno defendía el arte de pensar por uno mismo

Aunque no escribiera esa famosa frase, Unamuno la defendió en toda su obra, que es, básicamente, una batalla constante contra el utilitarismo superficial y contra la reducción de la vida humana a productividad, técnica y eficiencia.

A comienzos del siglo XX, Europa vivía fascinada por el progreso industrial y científico. La modernidad identificaba el avance humano con las máquinas, la técnica y la producción. Frente a eso, Unamuno reaccionó reivindicando algo que consideraba mucho más importante: la vida interior. Al filósofo no le interesaba el ser humano como cifra estadística ni como pieza económica, sino, tal y como escribió en Del sentimiento trágico de la vida, «el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere».

Miguel de Unamuno dejó grandes lecciones sobre la felicidad y la buena vida
Miguel de Unamuno dejó grandes lecciones sobre la felicidad y la buena vida

Para Unamuno, las grandes preguntas humanas no eran técnicas ni económicas, sino existenciales. Lo esencial era comprender qué significa vivir, sufrir, amar, recordar y morir. Por eso desconfiaba profundamente de las sociedades obsesionadas únicamente con la utilidad, el rendimiento y los beneficios.

«¡Que inventen ellos!»: la frase más malinterpretada de Unamuno

La relación entre Unamuno y la crítica al pragmatismo moderno se entiende mejor en uno de sus textos más polémicos: El pórtico del templo (1906), donde aparece su famosísima expresión: «¡Que inventen ellos!» Durante décadas, esta frase fue interpretada como una defensa del atraso científico español o como una exaltación antiintelectual. Pero en realidad significaba justo lo contrario.

Unamuno estaba reaccionando contra una Europa que medía el valor de las civilizaciones únicamente por su capacidad técnica e industrial. Lo que él cuestionaba era la idea de que fabricar máquinas fuera el único indicador de grandeza cultural. Por eso escribió, de forma provocativa: «Que inventen ellos, y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones».

La frase era irónica y polémica, pero escondía la crítica del pensador hacia una sociedad puede desarrollar enormes avances técnicos y, aun así, empobrecerse intelectual e espiritualmente. Para Unamuno, el gran problema de los europeos «prácticos» era despreciar actividades aparentemente improductivas como la filosofía, la contemplación o la búsqueda del sentido de la vida.

El «hombre práctico» como figura moderna

Cuando Unamuno critica a los «hombres prácticos» no está rechazando el trabajo ni acciones concretas. Lo que no le gusta es la mentalidad incapaz de reconocer valor en aquello que no produce beneficios inmediatos o tangibles.

El «hombre práctico» es el que pregunta constantemente para qué sirve algo, cuánto dinero genera o qué utilidad tiene. Bajo esa premisa, la poesía parece inútil, la filosofía improductiva y la contemplación una pérdida de tiempo. Y precisamente aquí nace la crítica de Unamuno, que afirmaba que aquello que parece inútil puede ser lo más profundamente humano.

Pensar sin finalidad económica inmediata no era, para él, una frivolidad intelectual, sino una necesidad espiritual. Por eso escribió: «El hombre no se resigna a morir del todo». Y también: «Lo que llamamos vano afán de singularizarnos no es sino hambre de eternidad». Estas frases muestran hasta qué punto la filosofía de Unamuno nace de su angustia existencial. Para el filósofo, el pensamiento no surgía simplemente para resolver problemas técnicos, sino porque el ser humano necesita sentido.

La razón y la vida

Unamuno criticaba además la racionalidad excesiva. En Del sentimiento trágico de la vida llega a afirmar: «La razón es enemiga de la vida». El pensador no desprecia la inteligencia; lo que rechazaba era la idea de que la existencia humana pueda explicarse únicamente mediante lógica y cálculo.

La vida humana, para él, estaba hecha también de contradicción, deseo, miedo, esperanza y fe. El ser humano, según Unamuno, no vivía solo de certezas racionales, tal y como expresó: «Solo el que ensaya lo absurdo es capaz de conquistar lo imposible». Aquí aparece nuevamente la defensa de aquello que parece inútil, irracional o improductivo. Las grandes transformaciones humanas suelen comenzar precisamente en ideas que el pragmatismo dominante considera absurdas.

«No hay nada más práctico que lo que los hombres prácticos llaman inútil: pensar por el puro placer de pensar». Lo más sorprendente es que esta falsa cita atribuida a Unamuno parece escrita para el siglo XXI, cuando todo parece necesitar justificarse por su utilidad. Incluso actividades tradicionalmente desinteresadas terminan subordinadas al rendimiento, como leer para mejorar habilidades, descansar para producir más o aprender para competir mejor en el trabajo. En ese contexto, defender el pensamiento gratuito, la contemplación o el placer intelectual es hoy quizá más necesario que nunca.

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