Sandra Moñino, nutricionista: «La patata cocida es uno de los alimentos que mejor se digieren, pero es mejor comerla fría por varias razones»
Es uno de los carbohidratos más sanos, aunque hay formas de hacerlo todavía más saludable

Patatas cociéndose | Pexels
La patata, a menudo denostada, no es solo un milagro gastronómico, sino también nutricional. Ahora está en nuestro día a día, pero lo cierto es que tras traerla de América no le prestamos demasiada atención. Al punto de que sus primeros usos en el Viejo Mundo fueron, aunque parezca irónico, ornamentales. De hecho, se cultivaba por sus flores y se despreciaba gastronómicamente, hasta que en el siglo XVIII se consolidó como alimento bueno, bonito y barato.
Hoy, sin embargo, dudamos de ella. Como es habitual en los últimos años, hemos entrado en una espiral de demonización de los hidratos de carbono de la que la patata no se libra. Por fortuna, la realidad nutricional de la patata ha sabido sobreponerse a una tendencia que la ha metido injustamente en un saco que no le corresponde.
Sí, evidentemente la patata es un carbohidrato, pero es un alimento más completo y relevante de lo que puede parecer. Algo de lo que ha alertado la nutricionista Sandra Moñino en su cuenta de Instagram, explicando con todo lujo de detalles lo que la patata puede hacer por nosotros. Y no es poco.
Los mitos desmontados de la patata
Lo primero que se debe tener en cuenta a la hora de alabar a la patata es que, al contrario que otros carbohidratos, es prácticamente tolerable por cualquier persona. Al contrario de lo que sucede con los derivados de la harina, la patata rara vez presenta intolerancias o alergias, un punto relevante para las personas celíacas o con intolerancia al gluten.
No obstante, no solo se aplaude esta realidad. La patata es un carbohidrato complejo. Esto, aunque suene extraño, no es malo: supone una energía más estable y evita subidas bruscas de la glucosa en sangre, al contrario que pasa con carbohidratos simples. De hecho, Sandra Moñino considera la patata como «el carbohidrato perfecto para acompañar nuestras comidas».
Las razones nutricionalmente son evidentes: «aporta mucha energía y es un alimento muy saciante». A ello hay que sumar que tiene fibra, pero eso no es todo. La patata por sí sola es baja en calorías. El problema es que tiene facilidad para, por su composición, absorber grasas como en una fritura. Por eso, explica «va a depender de la forma en la que la cocinemos», prefiriendo así que se cocine hervida o al vapor, lo que la convertiría en apta «para una dieta de pérdida de peso».

Evidentemente, el registro cambia si la fríes donde, de hecho, pueden engordar. Por eso recomienda que se hagan de maneras más ligeras, y que se les pierda el miedo. «Incluso se recomienda patata cuando una persona tiene una gastroenteritis o se encuentra mal del estómago», advierte ante el mito de que la patata hincha.
Además, aunque suele pasar desapercibida en otros planos, la patata es una magnífica fuente de potasio. También incluye varias vitaminas del grupo B, por lo que no hablamos solo de energía y saciedad, sino también de otras virtudes relevantes, como advierte la Fundación Española de Nutrición.
Cómo convertir la patata en una mejor aliada
A la patata, como decía la canción, le sobran los motivos… Para gustarnos y para ser útil. Pero puede ser todavía más útil con algo de lo que ya te hemos hablado en THE OBJECTIVE: el almidón resistente. A través de un sencillo proceso de enfriado, parte del almidón presente en la patata aumenta su contenido en fibra. Con eso no solo va a hacer más saciante a la patata, sino también que la convertirá en aliada de nuestra microbiota.

También se ha comprobado que el almidón resistente tiene unos beneficios potenciales similares a la fibra soluble, incidiendo positivamente en el nivel de colesterol, en el índice glicémico y en el funcionamiento del tracto digestivo. Algo que también ha explicado en varias ocasiones la cardióloga Irene Narváez.
Esto se general, explica Moñino, « al generar ácido butírico gracias a las bacterias del colon». Para conseguir este almidón resistente, el procedimiento es muy sencillo. Basta cocinarlas y dejarlas enfriar, consumiéndolas frías o atemperadas. La clave, cuenta, está en tener cuidado con la temperatura: «Se puede volver a calentar, pero sin superar los 150 ºC». Aún así, para maximizar sus beneficios, aconseja tomarla fría como «en ensaladas o añadirle un alimento caliente encima para atemperarla».
