Eckhart Tolle, escritor, ya lo dijo en 1997: «Si buscas la felicidad no la encontrarás; el hecho de buscar es la antítesis de la propia felicidad»
El autor de ‘El poder del ahora’ siempre ha sido muy crítico con el empeño en este tipo de ideales

Mujer haciendo yoga. | ©Pexels
Perseguir la felicidad es una idea muy bonita, pero a menudo tiene consecuencias desastrosas. Hay cosas en la vida que no se pueden buscar de una manera activa, sobre todo cuando nos ponemos metafísicos. Se puede perseguir prácticamente todo lo material, pero cuando topamos con lo inmaterial, la realidad es bastante más tozuda.
Aun así, como humanos, aficionados a tropezar dos veces con la misma piedra, solemos buscar imposibles allá por donde vamos. La felicidad, sin ser imposible, puede ser uno de esos lugares que nos empeñamos en conquistar, aun sabiendo que perseguirla y encontrarla es, precisamente, contraproducente.
Y eso es lo que cree, entre otros, el autor alemán Eckhart Tolle, uno de los escritores más leídos en el mundo respecto a conceptos metafísicos como la felicidad y que, en obras como El poder del ahora, incide de manera reiterada en ello. Aunque Tolle lleva casi dos décadas sin publicar nada nuevo, sus principales obras no han perdido vigencia. Y eso que ha enfrentado decenas de críticas desde entonces. A menudo,se le ha acusado de hacer una mezcla de pseudociencia, filosofía y teología, aglutinándolo todo bajo un mismo prisma y, con él, lógicamente, facturar con sus libros. Con todo y con eso, hay bastante que extraer de algunos de sus trabajos.
La felicidad no se busca, según Eckhart Toller
Con diferencia, El poder del ahora es el libro más referenciado, vendido y citado cuando se habla de la bibliografía de Eckhart Tolle y el primero que le puso en el mapa, ya en el año 1997, cuando se publicó la primera edición en inglés. Al castellano no se traduciría hasta una década más tarde, pero sigue siendo un libro de cabecera para muchos.
¿Por qué? Pues porque Tolle, en este compendio sobre felicidad y humanidad, insiste en vivir el momento. Evidentemente, no se limita a hablar de un carpe diem en el sentido clásico, pero sí de algo que otros autores previos trabajaron al insistir en que la felicidad no está en lo que recordamos o lo que esperamos, sino en lo que vivimos actualmente. De ahí, literalmente, el título de El poder del ahora.
Claro que no es fácil, como seres humanos, creer que nuestra felicidad, como explica Eckhart Tolle, esté en las cosas cotidianas. El día a día nos suele atropellar e invita a procrastinar nuestro bienestar. No es nuevo. De hecho, buena parte de la filosofía religiosa siempre ha insistido en el más allá como el refugio donde verdaderamente encontramos la paz. Y, al mismo tiempo, como tenemos la costumbre de creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, insistimos de nuevo en que fuimos más felices años atrás.
Cuidado con los imposibles
Tolle lo explicaba en El poder del ahora, asegurando, al referirse a los bienes materiales, que «cuanto más busques la felicidad por este medio, más la eludirás». Añadió, en una de sus ponencias, que «si buscas la felicidad, no la encontrarás, porque buscar es la antítesis de la felicidad». La frase, lejos de ser alegórica, es bastante clara. Empeñarse en algo así no es solo complicado, sino irreal, pero ¿qué hacemos?

También ha insistido activamente en que «la infelicidad no se debe a las circunstancias de tu vida, sino al condicionamiento de tu mente». De nuevo estamos en esa trampa al solitario. Cuando nos empeñamos en algo y no lo conseguimos, aumenta la frustración. Y, a su vez, creer que la vida nos debe algo o que deberíamos obtener algo más o menos de ella acaba jugándonos esa mala pasada. Por eso, Tolle invita a reflexionar sobre ese error y a liberarnos de ciertas expectativas.
La paradoja que Tolle propone es una contradicción de manual, pero es sencillo entenderla. Ofuscarse en intentar conseguir algo no es el camino para lograrlo cuando hablamos de un concepto tan abstracto como la felicidad. Especialmente cuando sabemos que no está en la riqueza ni en la acumulación de bienes. Tampoco en la fama o en otros bienes materiales.
Cuando lo externo y lo pretendido pesa demasiado

Además, por suerte, Tolle nos exime de parte de nuestros sufrimientos. Sostiene firmemente que la mayor parte de nuestro dolor emocional viene propiciado por condicionantes externos como el pasado –sobre todo, la culpa– o por cómo el futuro nos atenaza con la ansiedad del qué pasará. Mientras tanto, cree, dejamos pasar la vida y olvidamos nuestra realidad cotidiana.
¿Significa esto que la felicidad es inalcanzable? No, claro. El autor, tanto en sus charlas como en sus libros, no está renunciando a la felicidad. No nos indica tampoco, como hacían los pensadores pesimistas, que nos debamos resignar a sufrir. No dijo nunca que la vida fuera un valle de lágrimas o que nos debiéramos convertir en estoicos para soportar que este camino no está siempre cargado de dicha. Algo de lo que ya hemos hablado en THE OBJECTIVE.
Buscar la paz
Lo que sí ha explicado es que hay que buscar, sobre todo, la paz. O trabajar por ella. No como un elemento material, sino como la estabilidad que nos puede ofrecer la vida para estar a gusto con nosotros mismos. Solo así, indica, podríamos acabar siendo felices. En cierto modo, comulga con otros filósofos como Bertrand Russell, que consideraba que «la felicidad no es algo que venga preparado», sino que depende de cómo afrontemos esa cotidianidad.
La mentalidad de Tolle tampoco se aleja de otros autores, como Martin Seligman, padre de la psicología positiva: «La felicidad se encuentra cuando utilizamos nuestras fortalezas para alcanzar metas significativas», sostiene el autor estadounidense como referencia para poner el camino por encima del destino. Aquí, como afirma Tolle, no se trata de pensar en la meta, sino de ir disfrutando lo que hacemos durante el recorrido.
