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Alicia González, psicóloga: «Priorízate a ti mismo. Va a molestar a tu entorno, pero sostén esa culpa. Pensar en ti no es ser egoísta, sino respetarte»

El bienestar personal no debería construirse a partir de dejarse siempre en segundo plano

Alicia González, psicóloga: «Priorízate a ti mismo. Va a molestar a tu entorno, pero sostén esa culpa. Pensar en ti no es ser egoísta, sino respetarte»

Alicia González | Instagram

Alicia González ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los debates más sensibles en salud mental contemporánea, el derecho a priorizarse sin quedar atrapado en la culpa. En uno de sus vídeos divulgativos en redes sociales, la psicóloga lanza una idea que ha resonado con fuerza, «Priorízate a ti mismo. Va a molestar a tu entorno, pero sostén esa culpa. Pensar en ti no es ser egoísta, sino respetarte».

González parte de una premisa clara, muchas personas han aprendido a ocupar siempre el último lugar en su propia escala de prioridades. En ese contexto, cualquier intento de cambio no es neutro. Cuando alguien empieza a reservar tiempo para sí mismo, a decir que no o a poner límites, el entorno reacciona.

La psicóloga subraya que esa reacción no siempre viene de la mala intención. En muchos casos, el sistema relacional se ha construido sobre la disponibilidad constante de una de las partes. Cambiar esa dinámica introduce una tensión inevitable.

El «truco» es molestar y sostener la culpa

En su reflexión, la clave del proceso se formula de manera directa, «el truco para empezar a priorizarte es molestar y sostener la culpa». No se trata de buscar el conflicto, sino de asumir que el cambio puede incomodar a otros y, sobre todo, a uno mismo.

Esa culpa aparece como una respuesta emocional frecuente cuando se rompen patrones de autosacrificio. Según la interpretación psicológica que se desprende de su mensaje, no siempre es un indicador de que se esté haciendo algo incorrecto, sino de que se está saliendo de un rol aprendido. Uno de los puntos más relevantes del análisis es la idea de la comodidad relacional. Si una persona ha sostenido durante tiempo una actitud de entrega constante, el entorno puede haberse acostumbrado a esa dinámica.

Eso no implica necesariamente una mala voluntad, pero sí una inercia. Y esa inercia hace que, cuando la persona cambia, aparezca resistencia. En algunos casos, esa resistencia se expresa de forma directa, en otros, de manera más sutil, como incomodidad o reproche implícito.

González insiste en que la culpa que aparece cuando uno empieza a priorizarse no debe interpretarse automáticamente como una señal de retroceso. Es, más bien, una reacción emocional asociada al cambio de patrón. Desde la psicología, este fenómeno se vincula con aprendizajes previos en los que el cuidado propio ha sido percibido como algo secundario o incluso negativo. Por eso, al empezar a modificar esa jerarquía interna, surge una sensación de desajuste.

Pensar en uno mismo no es egoísmo

Otro de los puntos centrales de su reflexión es especialmente contundente, si una persona no se saca de ese lugar de autosacrificio, nadie lo hará por ella. La idea no busca culpabilizar, sino subrayar la dimensión activa del cambio. En este marco, priorizarse no depende únicamente del entorno, sino de la capacidad de la persona para sostener nuevas decisiones, incluso cuando generan incomodidad externa o interna.

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Autocuidado

La psicóloga insiste en una distinción fundamental, pensar en uno mismo no equivale a ser egoísta. En su planteamiento, se trata de un acto de respeto personal, una forma de reconocer necesidades físicas, emocionales y psicológicas que no deberían quedar sistemáticamente en segundo plano. Este enfoque conecta con corrientes actuales de la psicología que entienden el autocuidado no como un privilegio, sino como una base para el equilibrio emocional y relacional.

La conclusión que se desprende de su mensaje apunta a un proceso progresivo. Priorizarse implica tolerar la incomodidad inicial, gestionar la culpa y sostener decisiones que reconfiguran relaciones y hábitos. Y es que en un contexto donde la disponibilidad constante se ha normalizado en lo laboral, lo social y lo digital, la reflexión de González introduce una idea incómoda pero necesaria, el bienestar propio no puede depender de la renuncia permanente a uno mismo.

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