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Javier Albares (51), neurofisiólogo clínico, sobre el insomnio: «Lo que más afecta es la falta de vitamina D y una alimentación desequilibrada»

En un contexto donde dormir mal se ha normalizado, la mirada del experto desplaza el foco de la noche al día

Javier Albares (51), neurofisiólogo clínico, sobre el insomnio: «Lo que más afecta es la falta de vitamina D y una alimentación desequilibrada»

Javier Albares | Instagram

Dormir mal se ha convertido en uno de los grandes males silenciosos de nuestro tiempo. El estrés constante, las jornadas interminables frente a pantallas y la falta de hábitos saludables han disparado los problemas de sueño en adultos de todas las edades. Para el neurofisiólogo clínico Javier Albares, el insomnio no puede entenderse únicamente como un problema nocturno, sino como el reflejo directo de cómo vivimos durante el día.

Los verdaderos enemigos del sueño

Durante una conversación en Aprendemos Juntos 2030 del BBVA, el especialista explicó que «lo más importante del insomnio, como en casi todas las enfermedades, es tener en cuenta nuestro estilo de vida». Una afirmación que resume la base de su enfoque: el sueño no se arregla solo acostándose antes, sino revisando hábitos cotidianos profundamente normalizados.

1. El sedentarismo

Entre los factores que más deterioran el descanso, Albares sitúa el sedentarismo en primer lugar. La falta de movimiento altera los ritmos biológicos y reduce la calidad del sueño profundo, la fase más reparadora. «El sedentarismo empeora el sueño», señala el neurofisiólogo, que recuerda además que el cuerpo humano está diseñado para mantenerse activo durante el día. La actividad física regular, especialmente si se realiza al aire libre, ayuda a sincronizar el reloj biológico y favorece una producción adecuada de melatonina por la noche.

2. La importancia de la luz natural y la vitamina D

Otro de los puntos que el experto considera fundamentales es la exposición a la luz natural. Según explica, «somos un animal diurno» y necesitamos la luz solar para regular correctamente múltiples funciones fisiológicas. Albares recomienda pasar al menos dos horas al día en el exterior con luz natural. Este hábito influye directamente en la regulación del ritmo circadiano, el sistema interno que marca cuándo debemos estar despiertos y cuándo preparados para dormir.

Luz natural y vitamina D

Además, la exposición solar favorece la síntesis de vitamina D, un nutriente cuya deficiencia se ha relacionado cada vez más con problemas de sueño, fatiga y alteraciones del estado de ánimo. En una sociedad donde gran parte del tiempo se desarrolla en interiores, oficinas o frente a dispositivos electrónicos, el especialista considera que esta desconexión de la luz natural está teniendo consecuencias directas sobre el descanso.

3. Los contactos sociales también influyen en el insomnio

Uno de los aspectos que más sorprendió de su intervención fue la relación que establece entre el sueño y los vínculos sociales. Para Albares, hablar con otras personas, sentirse escuchado y mantener relaciones afectivas sanas también forma parte de la higiene del sueño. «Necesitamos abrazarnos», afirma. El aislamiento, la soledad y la hiperconectividad digital están modificando la forma en que gestionamos las emociones, algo que termina afectando al descanso nocturno.

4. Qué comemos y a qué hora importa más de lo que pensamos

La alimentación es otro de los pilares esenciales para dormir bien. El especialista insiste en que no solo importa la calidad de los alimentos, también el horario en el que se consumen. «Tener una alimentación equilibrada, qué como y a qué hora lo como», resume Albares al hablar de hábitos que pueden marcar la diferencia entre un sueño reparador y noches de despertares continuos.

Las cenas copiosas, el exceso de ultraprocesados, la cafeína a última hora del día o los horarios irregulares alteran el metabolismo y dificultan la conciliación del sueño. Frente a ello, los expertos en medicina del sueño suelen recomendar cenas ligeras, horarios regulares y una alimentación basada en productos frescos y equilibrados.

5. El estrés crónico, el problema que hemos normalizado

Para Albares, existe además un factor especialmente peligroso: haber convertido el estrés permanente en algo cotidiano. «El quinto aspecto es dejar de normalizar el estrés crónico», advierte. Vivir en estado de alerta constante mantiene el cerebro hiperactivado incluso durante la noche, dificultando la desconexión mental necesaria para dormir.

El especialista defiende la importancia de aprender a estar en el presente y evitar que los pensamientos anticipatorios dominen la mente antes de acostarse. «En el insomnio eso es súper útil, porque si no nuestros pensamientos nos arrastran», explica. La atención plena, las rutinas de desconexión y reducir la sobreestimulación digital son algunas de las estrategias que más se utilizan actualmente para combatir este problema.

Dormir bien empieza mucho antes de ir a la cama

El mensaje de Javier Albares rompe con la idea de que el insomnio se resuelve únicamente con pastillas o técnicas para dormir rápido. Su planteamiento apunta a algo más profundo: el descanso depende de cómo vivimos, nos movemos, nos alimentamos y nos relacionamos durante el día. La calidad del sueño, concluye el neurofisiólogo, es en muchos casos el reflejo directo de nuestro equilibrio físico y emocional.

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