Marian Rojas (42), psiquiatra, sobre dormir bien: «El sueño es la principal herramienta para preservar la salud mental, sin sueño no hay salud mental»
El buen descanso no es negociable si se busca equilibrio mental y físico sostenible en el día a día

Marian Rojas | Instagram
La psiquiatra Marian Rojas Estapé lo resume con una frase que se ha convertido en consigna en el ámbito de la salud: «El sueño es la principal herramienta para preservar la salud mental, sin sueño no hay salud mental». A partir de esa idea, cada vez más especialistas coinciden en que dormir bien no es un lujo ni una cuestión secundaria, sino un pilar básico del bienestar físico y emocional.
La evidencia científica respalda esta afirmación. Expertos como Matthew Walker, profesor de Neurociencia en la University of California Berkeley y autor de investigaciones de referencia sobre el descanso, sostienen que el sueño es «el sistema de soporte vital más eficaz del cerebro». La mayor parte de la población adulta necesita entre siete y ocho horas de sueño cada noche, mientras que los adolescentes requieren entre nueve y diez, e incluso algunos hasta once horas, dependiendo de su desarrollo.
Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos
Durante la noche, el cerebro no se apaga. Al contrario, se activa en funciones esenciales. El sueño se organiza en ciclos o bloques que se repiten varias veces y se alargan progresivamente. En una de sus etapas más conocidas, la fase REM, el cerebro procesa experiencias y emociones vividas durante el día. Investigadores como Allan Hobson, vinculado a la Harvard University, han descrito esta fase como clave para la regulación emocional. Es, en palabras de algunos expertos, un «barrido emocional» que permite filtrar lo relevante y amortiguar el impacto de lo negativo. De ahí que la inteligencia emocional del día siguiente esté directamente vinculada a cómo se ha dormido.
Un descanso adecuado se traduce en mayor capacidad de concentración, mejor toma de decisiones y una mayor estabilidad anímica. Por el contrario, la falta de sueño tiene efectos inmediatos y acumulativos. «Una mala noche puede provocar irritabilidad o fatiga, pero cuando el problema se prolonga durante semanas o meses, las consecuencias son más profundas», añade Marian Rojas.
Diversos estudios avalan esta relación. Investigaciones publicadas por la Harvard Medical School señalan que el insomnio crónico está estrechamente ligado al desarrollo de trastornos del estado de ánimo. Por su parte, la National Sleep Foundation ha documentado que dormir menos de lo recomendado de forma continuada incrementa significativamente los niveles de estrés y reduce la capacidad del cerebro para gestionar emociones. También el neurocientífico Russell Foster, de la University of Oxford, ha advertido que la privación de sueño afecta directamente a los ritmos circadianos y, con ello, a la salud mental y física.
Claves para una buena noche de descanso
Pero, ¿qué significa realmente tener una buena noche de sueño? No basta con permanecer en la cama durante un número determinado de horas. El entorno y los hábitos son determinantes, explica Rojas. «Un dormitorio adecuado, oscuro, silencioso y con una temperatura confortable favorece el descanso». Y la exposición a pantallas es otro factor clave. Cuanto más alejado esté el móvil o cualquier dispositivo electrónico antes de dormir, mejor será la calidad del sueño. La luz azul que emiten interfiere en la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño vigilia.
También influyen elementos menos evidentes, como el ruido ambiental o la presencia de estímulos constantes. Incluso pequeñas interrupciones pueden fragmentar los ciclos de sueño y reducir su eficacia. «Por eso, crear una rutina nocturna estable ayuda al cerebro a prepararse para el descanso» afirma Rojas.
Dormir bien es invertir en bienestar
Rojas insiste en que el sueño es una herramienta preventiva. No solo sirve para recuperarse, sino para protegerse. Dormir bien permite afrontar el día con mayor resiliencia, mientras que dormir mal deja al organismo en una situación de vulnerabilidad. En una sociedad marcada por el ritmo acelerado y la hiperconexión, el sueño suele ser una de las primeras víctimas. Sin embargo, los expertos advierten de que recortar horas de descanso tiene un coste elevado.
