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Rafael Santandreu (56), psicólogo, sobre la ambición: «Las personas más felices suelen ser las que necesitan muy poco, las que se repiten que solo necesitan agua y comida»

La verdadera fortaleza emocional consiste en mantener la capacidad de seguir adelante incluso cuando hay carencias

Rafael Santandreu (56), psicólogo, sobre la ambición: «Las personas más felices suelen ser las que necesitan muy poco, las que se repiten que solo necesitan agua y comida»

Rafael Santandreu | Instagram

En una sociedad que mide el éxito a golpe de productividad, apariencia y validación constante, el discurso de Rafael Santandreu resulta casi contracultural. Mientras el imaginario colectivo insiste en que hay que aspirar siempre a más, el psicólogo defiende justo lo contrario: aprender a necesitar menos. Para él, ahí reside una de las claves de la estabilidad emocional.

«El gran problema del ser humano es la necesititis», ha explicado en numerosas ocasiones. Un término que utiliza para describir esa tendencia moderna a convencernos de que necesitamos infinidad de cosas para sentirnos válidos o felices. Y es que según Santandreu, esta creencia es «la madre del malestar emocional», porque convierte cualquier carencia, por pequeña que sea, en un motivo de frustración.

La «necesititis», el origen del malestar emocional

La lista de exigencias que muchas personas se imponen es interminable: estar delgados, tener éxito profesional, hablar idiomas, viajar, poseer una vivienda, mantener una relación sentimental estable, ser sociables, interesantes, inteligentes y, además, felices en todo momento. El problema aparece cuando una sola de esas piezas falla. Entonces llega la sensación de fracaso.

Para el psicólogo, esa presión constante no nace de la realidad, sino de un diálogo interno distorsionado. «Nos repetimos que necesitamos demasiadas cosas para estar bien», sostiene. Y precisamente ahí estaría el origen de gran parte de la ansiedad contemporánea.

Frente a esa dinámica, Santandreu propone una idea radicalmente simple: reducir las necesidades psicológicas al mínimo. «Las personas más fuertes y felices suelen ser las que necesitan muy poco», afirma. Personas que, según explica, se recuerdan continuamente que para vivir bien basta con lo esencial. «Solo necesito agua y comida», resume de forma provocadora.

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No necesitar nada

La diferencia entre desear y necesitar

Lejos de ser una invitación a la apatía o a renunciar a cualquier aspiración, su planteamiento busca separar deseo y necesidad. Es decir, entender que algo pueda gustarnos o ilusionarnos sin convertirlo en imprescindible para nuestra autoestima. Por ejemplo,tener pareja puede ser agradable, pero no necesario para sentirse valioso. Ganar más dinero puede facilitar ciertas comodidades, pero no garantiza bienestar emocional. Del mismo modo, recibir atención o reconocimiento social puede resultar satisfactorio, aunque no debería convertirse en una dependencia emocional.

En el fondo, Santandreu cuestiona una idea profundamente arraigada en la cultura occidental: creer que la felicidad siempre se encuentra en el siguiente objetivo, encadenando logro tras logro sin llegar a sentirse plenamente satisfecho. Una lógica alimentada por las redes sociales, la hipercompetitividad laboral y la comparación constante. Nunca parece suficiente. Siempre hay alguien más exitoso, más atractivo o aparentemente más realizado.

Cuando la ambición se convierte en ansiedad

El problema de esa carrera constante es que transforma la ambición en una fuente de angustia. Cuando la identidad depende de alcanzar determinados estándares, cualquier tropiezo se vive como una amenaza personal. Y eso genera una fragilidad emocional enorme.

La propuesta del psicólogo pasa por entrenar una mentalidad más resistente, basada en la aceptación y la autosuficiencia emocional. No se trata de vivir sin metas, sino de evitar que esas metas definan el propio valor. Desde esa perspectiva, una persona puede perder un trabajo, quedarse soltera o no cumplir ciertas expectativas sociales y seguir sintiéndose completa.

Santandreu suele recordar que muchas de las personas emocionalmente más fuertes de la historia vivieron con muy poco. Filósofos estoicos, monjes budistas o pensadores clásicos compartían una misma idea: cuanto menos dependes del exterior para sentirte bien, más libre eres.

La felicidad de necesitar menos

Esa filosofía choca frontalmente con un contexto dominado por el consumo y la exhibición. Hoy parece casi obligatorio construir una vida interesante de cara al escaparate digital. Viajes, experiencias, logros profesionales o relaciones perfectas se convierten en símbolos de éxito que, en muchos casos, generan más presión que satisfacción real.

Por eso, el mensaje del psicólogo conecta especialmente con quienes sienten agotamiento ante la exigencia constante de rendir y demostrar. Su teoría de la «necesititis» funciona como una llamada de atención sobre la cantidad de cargas emocionales innecesarias que acumulamos.

La clave, insiste, está en cambiar el discurso interno. Sustituir el «necesito esto para ser feliz» por un pensamiento mucho más flexible: «Me gustaría tenerlo, pero puedo estar bien incluso sin ello». Ese pequeño matiz marca una enorme diferencia psicológica.

Porque, según defiende Santandreu, la verdadera fortaleza emocional no nace de conseguirlo todo, sino de saber que uno puede seguir adelante aunque muchas cosas falten. Y en tiempos de ansiedad colectiva y expectativas imposibles, quizá esa sea una de las ideas más sensatas y coherentes que pueden escucharse hoy.

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