Zapatero: más allá de Plus Ultra
«El auto apunta a una estructura de influencia con derivadas internacionales, y capacidad para operar en sectores estratégicos vinculados a regímenes autoritarios»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Ayer fue un día inédito en la historia de la democracia Española: un expresidente del Gobierno está formalmente imputado. La ley no escrita según la cual a los inquilinos de La Moncloa no se les investiga —ese pacto silencioso entre élites por el que la presidencia funciona en España como una suerte de inmunidad vitalicia— se ha quebrado por fin. Y la ha quebrado un juez, José Luis Calama, con un auto que bien merece el adjetivo de demoledor.
Ochenta y cinco páginas. Indicios sólidos, plurales y concordantes. Conversaciones interceptadas, correos, contratos, transferencias bancarias, informes de la ONIF y de la UDEF. Y una conclusión sin medias tintas: existe «una trama organizada de ejercicio ilícito de influencias, estructuralmente organizada y liderada por José Luis Rodríguez Zapatero».
Sí, el mismo Zapatero que el sanchismo ha dedicado años a rehabilitar política y mediáticamente, presentándolo como un estadista visionario y una referencia moral de la izquierda española. Y, al mismo tiempo, el gran legitimador occidental del chavismo, el interlocutor amable de Maduro y el arquitecto intelectual del proceso de demolición institucional que hoy padecemos, construido a semejanza del bolivariano. El hombre que dijo que abandonaba la política para «contar nubes» resulta que, presuntamente, llevaba años contando algo bastante más prosaico: billetes.
Voy a hacer un esfuerzo de divulgación, porque me importa que mis lectores comprendan realmente la dimensión de los hechos por los que se investiga a Zapatero. Y conviene entender algo desde el principio: el alcance de esta causa trasciende con mucho el de un simple entramado institucional de comisiones y mordidas. Lo que describe el auto judicial apunta a una estructura de influencia con derivadas internacionales, conexiones geopolíticas y capacidad para operar en sectores estratégicos vinculados a regímenes autoritarios. Vamos por partes.
El rescate de Plus Ultra: dos puertas, una ganadora
Marzo de 2020. Plus Ultra —una aerolínea marginal, técnicamente quebrada y con conexiones chavistas— necesitaba 53 millones de euros del bolsillo de los contribuyentes. Y entendió rápidamente algo elemental: para acceder a semejante rescate no bastaba con presentar papeles. Hacían falta influencias. Muchas influencias.
Así que la compañía decidió jugar a dos bandas. Por un lado, la vía Ábalos-Koldo. Por otro, la vía Zapatero. Y no escatimaron esfuerzos. Como resumió gráficamente uno de los implicados en un mensaje incorporado a la causa: «Como dice un amigo, vamos a follar aunque tengamos que pagar un poquitín».
Pues bien: pagaron. Y por las dos ventanillas. Pero la que terminó abriéndose de par en par fue la del expresidente del Gobierno.
Los propios investigados lo celebraban internamente sin demasiados rodeos: «Nuestro pana zapatero detrás»; «lo tiene Grupo Zapatero desde esta mañana». El nivel de seguridad era tal que, cuando el Consejo Gestor del FASEE ni siquiera se había reunido formalmente, Julio Martínez Martínez —el «tocayo» en el argot interno de la trama y hombre de máxima confianza de Zapatero— ya estaba felicitando a los accionistas por la concesión del rescate.
Información privilegiada en estado puro. O, dicho de otra forma, gente celebrando una decisión pública millonaria antes siquiera de que el órgano competente la adoptara oficialmente.
El cobro
Como nadie regala nada, había que pagarle al expresidente. Y aquí entra el entramado: Análisis Relevante, Whathefav (sociedad de las hijas), Inteligencia Prospectiva, Gate Center, Idella, Caletón, Summer Wind, Afitta… Una constelación de sociedades sin actividad real cuya función es emitir facturas ficticias, redactar contratos a medida y triangular pagos. El propio Calama lo describe con la frialdad de un forense: «Facturación ad hoc destinada a dotar de cobertura formal». Resultado: 490.780€ directos a Zapatero desde Análisis Relevante, 352.980€ desde Gate Center, 681.318€ desde Thinking Heads. Y cifras paralelas hacia Whathefav, la sociedad de las hijas de Zapatero que, oficialmente, se presentaba como una agencia creativa y multimedia especializada en eSports y marketing digital.
Y aquí dejamos Plus Ultra, porque el auto de Calama va mucho más allá. Llega a Venezuela y también a china.
La resolución describe un mecanismo diseñado para que nadie compre crudo venezolano sin pasar antes por la red de Zapatero. ¿Cómo funciona, para dummies? El interesado redacta una Letter of Intent —una carta de intenciones— y la envía a una entidad denominada, literalmente, «Oficina del Presidente Zapatero», a nombre del expresidente. Una vez recibido el visto bueno, en Caracas una persona conocida como «La Dama» —que los indicios identifican con la vicepresidenta Delcy Rodríguez— asigna directamente los buques. Detalle revelador: los propios intermediarios reconocen en sus mensajes que ignoran qué tipo de crudo van a vender. ¿Empresarios del sector? No. Vendedores de influencia.
La conexión china
En enero de 2024 aparece una operación que retrata el alcance real de la trama. Domingo Amaro Chacón —administrador de Inteligencia Prospectiva, una de las sociedades-tapadera del entramado— comunica al tocayo que el suizo Philippe Apikian, presidente de Swissoil Trading SA, «y los chinos» están «listos para comprar barcos», y añade que Apikian está «listo para viajar a reunirse con La Dama y el Ministro de Petróleo». Léanlo otra vez: un empresario suizo que vuela a Caracas a sentarse con la vicepresidenta del Gobierno venezolano y el ministro del ramo para cerrar una venta de petroleros con destino a China. Y todo, bajo el paraguas de la oficina de un expresidente español. Triangulación de manual: Venezuela pone el producto, Suiza pone el intermediario comercial y China pone el comprador final. Detalle no menor: los propios investigados reconocen por escrito que la contraparte china «es una empresa que depende del Partido Comunista Chino».
Es decir, no estamos ante un operador petrolero privado en busca de margen, sino ante el brazo comercial de una potencia reaccionaria que disputa el trono geopolítico a nuestros aliados norteamericanos. A esto se suma el método estandarizado de la trama: cualquier comprador interesado en crudo venezolano debe canalizar su gestión enviando una Letter of Intent a la «Oficina del Presidente Zapatero», que actúa como filtro previo. Quien quiera petróleo, paga peaje a Ferraz 35.
Las implicaciones son demoledoras: ayuda a un régimen dictatorial sancionado por Estados Unidos y la Unión Europea a colocar su crudo en el mercado internacional saltándose el bloqueo; sitúa a un ex jefe del Gobierno español como facilitador de una operación que beneficia simultáneamente al chavismo y a Pekín; y proyecta sobre la posición geoestratégica de España una sombra que ya no es metafórica. Mientras Sánchez se hacía la foto en Bruselas defendiendo el «derecho internacional» y es alabado en Pekín por situarse en «el lado correcto de la historia», su tutor político maniobraba de forma muy distinta a lo que predicaban en sus discursos.
Las alianzas «con instituciones del Estado» venezolano
Aquí conviene leer despacio, porque el detalle es nauseabundo. En los mensajes intervenidos, Manuel Aarón Fajardo —«la pieza de ZP en Venezuela», como lo llaman los propios investigados— le explica a la red su nuevo negocio: una «planta empaquetadora» firmada «con una institución del Estado» venezolano que rentará «entre 6 y 10k mensuales» para la boutique financiera. Traducido al cristiano: la red ha conseguido un contrato público en Caracas para empaquetar comida. Y de ahí saca su sueldo mensual.
Esto no es una operación comercial cualquiera. Venezuela lleva más de una década con hambre. Hambre real, de la que se mide en kilos perdidos, en niños desnutridos, en madres que se saltan comidas para que coman sus hijos. El chavismo, que arruinó el país más rico de Sudamérica, convirtió la comida en un instrumento de control político: si votas a Maduro, recibes una caja CLAP con arroz, harina y aceite; si no, te buscas la vida. Las cajas CLAP no son ayuda humanitaria, son chantaje alimentario. Y los contratos para empaquetarlas, distribuirlas y gestionarlas no se ganan compitiendo: se reparten entre amigos del régimen.
«Esta investigación no es estrictamente nacional. El primer ladrillo del muro probatorio lo aportó Washington»
Pues bien, en ese reparto inmundo, donde se comercia con el estómago vacío de un pueblo, estaba metida la red de un expresidente del Gobierno español. Cobrando entre 6.000 y 10.000 euros al mes. Mientras una madre venezolana hacía cola seis horas para llevarse una bolsa de harina, en Madrid un grupo de señores que predican el respeto a los derechos humanos y las bondades del socialismo facturaba por el privilegio de empaquetársela. Eso es lo que hay detrás de la palabra boutique financiera: comerciar con el hambre ajena desde un despacho de Ferraz.
Y conviene recordar un dato que no es menor: esta investigación no es estrictamente nacional. El propio auto reconoce que la pieza arranca con la colaboración directa de Homeland Security Investigations (HSI), la agencia estadounidense dependiente del Departamento de Seguridad Nacional, que puso a disposición de la Brigada Central de Blanqueo y Anticorrupción la extracción del teléfono móvil de uno de los principales investigados, Rodolfo Reyes Rojas. Es decir: el primer ladrillo del muro probatorio lo aportó Washington, no la Policía española. Conviene retenerlo, porque el sanchismo ya se ha lanzado a la descalificación de la investigación dirigida por el juez Calama, replicando las cantinelas manidas del lawfare y la de «el que puede hacer que haga».
Los indicios son sólidos. Muy sólidos. Pero esta pieza ni nace ni muere en Zapatero. Está conectada con otras instrucciones secretas que se cuecen en la Audiencia Nacional —la trama de los hidrocarburos, los rescates de la SEPI, la financiación irregular del PSOE—. Ábalos no cae por corrupto: cae por salirse de la operativa diseñada por ZP, por pretender pilotar el negocio por su cuenta y desautorizar la jerarquía. Los negocios de Zapatero eran los del PSOE. Y los del PSOE son los de Sánchez. Apenas estamos arañando la superficie. Vamos a conocer cosas que nos helarán la sangre.